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DE TAL PALO

¿Quiénes son los padres de Greta Thunberg?

La sensación escandinava que acaba de dejar en paños menores dialécticos a todos los mandatarios en la Asamblea General en Nueva York viene de una familia con muchas tablas

Foto: Greta Thunberg con su padre. (Getty)
Greta Thunberg con su padre. (Getty)

Es la pregunta que muchos se hacen. Tanto los detractores como los defensores de Greta Thunberg. La sorpresa al ver la precocidad y la pasión del discurso de esta activista sueca de 16 años apunta directamente a quienes la han educado y las dudas surgen. ¿Le han dejado libertad para que siga sus propios intereses sin ponerle límites? ¿Le han lavado la cabeza a la pobre niña y han creado un producto explosivo de mercado al estilo Disney y acabará teniendo un duro aterrizaje en la adultez? ¿Han creado un genio? ¿Un monstruo?

La sensación escandinava que acaba de dejar en paños menores dialécticos a todos los mandatarios en la Asamblea General en Nueva York viene, no en vano, de una familia con muchas tablas en el escenario. El dramatismo de su discurso, las lágrimas contenidas, la mirada desafiante, la puesta en escena minimalista, las trenzas… parecían orquestadas por alguien tan experto como su padre, Svante Thungerg, actor, productor y mánager, y con un trabajo emocional de la voz tan potente como la de su madre, Malena Ernman, cantante de ópera de perfil intermedio. Y no es que de padres tunos haya salido una hija rockera, sino que la pareja, de 50 y 48 años respectivamente, llevaba ya mucho tiempo comprometida con el medioambiente, pero ha sido su hija la que ha salido más papista que el papa, ha censurado los viajes en avión, ha impuesto el veganismo en el hogar y les ha adelantado por la derecha en su activismo.

Greta Thunberg. (EFE)
Greta Thunberg. (EFE)

La prima donna

Empecemos por la peculiar carrera de la madre, Sara Magdalena Ernman, Malena para los amigos y que nació hace 48 años. Quien quiera seguirla en Instagram se puede sumar a los casi 40.000 seguidores que tiene, la mayoría ya cosechados antes del fenómeno de Greta. Los que quieran amarla pueden admirar su calidad vocal como mezzosoprano y ver que se atrevía con piezas de 'El barbero de Sevilla', de Rossini, y salía más que airosa. Los que quieran ver que, bajo esa carrera de prestigio, solo había una intención inequívoca de saltar a la fama pueden echar leña al fuego viendo cómo intentó hacer un salto a la música popular al representar a Suecia en Eurovisión en 2009 con la bizarra canción 'La Voix' y regodearse en los comentarios del vídeo en YouTube, donde la gente critica las emisiones de CO2 de una actuación llena de neones y saturación lumínica. Era el año en el que España llevaba a Soraya a Moscú y las dos vivieron suertes parecidas: la extriunfita quedó en el puesto 24 con 23 puntos, mientras que a Ernman, que también era compositora de la canción, le fue solo un poco mejor, con 33 puntos y el puesto 21.

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Happy Pride Sthlm! #pride

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Más allá de las filias y fobias de cada uno, es indudable que su formación (que va desde la Real Ópera de Estocolmo al Conservatorio de Orleans, en Francia) la avala. Aunque también es indudable el exhibicionismo del libro que escribió con su marido en 2018 titulado 'Escenas desde el corazón', en el que retrata su vida familiar atravesada por la crisis ecológica global y fue lanzado oportunamente una vez que Greta ya había acaparado titulares al haber convocado con solo 15 años una huelga contra el cambio climático. De hecho, fue en ese libro (en el que la cara de Malena ocupa toda la portada) donde reveló que Greta había sido diagnosticada con el síndrome de Asperger y trastorno obsesivo compulsivo. Además, confesaba que su segunda hija, Beata –que quiere ser cantante como su madre y cuyo Instagram también es un poco inquietante para una niña de 13 años-, padece déficit de atención. Según ella, para dedicarse al cuidado de ambas, el matrimonio había abandonado sus ambiciones artísticas.

Actor secundario, padre protagonista

Pero ¿cómo se habían conocido Malena y Svante? Él, después de una carrera como actor que no acababa de despegar, decidió hacerse mánager de la prometedora cantante. Había participado en un par de obras del Real Teatro Sueco y aparecido en series populares de la televisión nacional en papeles secundarios a finales de los noventa. Se casó con su representada en 2004 y un año después alumbraban a la pequeña Greta, a la que también acabaría representando y a la que a menudo acompaña en ruedas de prensa. ¿Un gran hombre detrás de una pequeña gran mujer? ¿O un hombre sin éxito proyectando sobre su primogénita?

Al contrario que en el caso de su esposa, que reparte mejor entre las dos hijas, la cuenta de Twitter de Svante se dedica, sobre todo, a hacerse eco de la labor de su hija. Y, como Malena, él tampoco escatima a la hora de explicar cómo los problemas de salud mental de su hija Greta construyen el relato de su activismo, siendo este una herramienta fundamental para su salida a flote de depresiones infantiles y sus desórdenes alimenticios, a la vez que parecen asegurar que ellos interrumpieron sus carreras profesionales para no seguir contaminando.

Así, mientras el mundo se rinde al poder viral y ecológico de Greta, un gran interrogante se cierne sobre sus padres. ¿Lo dejaron todo por apoyar a Greta? ¿O es Greta su mejor y más exitosa producción? Algunos medios, como el conservador 'Washington Examiner', no se han andado con medias tintas y, siempre en artículos de opinión, hablaban de “abuso infantil” en una de sus columnas a finales de agosto. Pero no son pocos los intereses que van contra el discurso impecable pero poco rentable para los mercados. ¿Y acaso hay mayor talón de Aquiles en la sociedad contemporánea que el cómo estamos educando a nuestros hijos?

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