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cumple 92 años

Patricia, la hija única que sabía demasiado de su padre, Alfred Hitchcock

La única hija del matrimonio formado por el mago del suspense y su esposa Alma siempre se negó a hablar mal de su padre pese a que muchos periodistas intentaron que lo hiciera

Foto: Hitchcock y su hija Pat, en 1962. (Cordon Press)
Hitchcock y su hija Pat, en 1962. (Cordon Press)

Se llama Patricia, pero desde niña ha sido Pat para todo aquel que la ha conocido. Así la llamaban sus propios padres, Alfred Hitchcock y Alma Reville. Pat, que cumple 92 años este martes, es la única hija de un genio; uno de los últimos eslabones de una pareja de mentes privilegiadas (sí, Alma también la tenía, como demuestran las colaboraciones con su marido y su propia reputación como montadora en el cine británico).

La hija del 'mago del suspense' vive hoy tranquila, en una casa cercana a la californiana localidad de Santa Bárbara. Hace tiempo que escasean las llamadas para hablar de su padre. Y no, no es por el desinterés generalizado hacia un cine clásico que hoy sabemos irrepetible. De hecho, el nombre de Alfred Hitchcock goza de más retrospectivas, exposiciones e interés que cualquier otro director de la era dorada de Hollywood. Quizá es por la avanzada edad de Pat, que sigue viviendo en la misma casa que ella y su marido, Joseph, compraron al tenista Rod Laver, y ha apostado por una tranquilidad que nadie se atreve a interrumpir.

Alfred Hitchcock y Alma Reville, en una imagen de archivo. (Cordon Press)
Alfred Hitchcock y Alma Reville, en una imagen de archivo. (Cordon Press)

Patricia Hitchcock siempre fue una joven feliz, una presencia algo anodina a la que su padre colocó en algunas de sus películas. Su interpretación más recordada es la de aquella joven secretaria que trabaja codo con codo con Janet Leigh al inicio de 'Psicosis', pero para entonces (1960) ya había hecho acto de presencia en otras cintas de Alfred. En alguna de ellas, de hecho, incluso llegó a comprobar el sadismo por el que muchos recuerdan a su señor padre. Aunque a ella, por cierto, le parecía muy divertido, según contó a 'The Guardian' en 1999.

Contaba Pat que, siendo una jovencita, fue invitada al rodaje de la escena del parque de atracciones en 'Extraños en un tren'. Sabedor del vértigo que sufría su hija, el bueno de don Alfredo le apostó 100 dólares a que no sería capaz de subirse a una de aquellas atracciones. Ella, joven y bravucona, lo hizo. Hitchcock subió con su grúa y su cámara y apagó las luces del carrusel, dejándola allí durante una hora. "El único sadismo de aquello fue que nunca cobré los 100 dólares", dijo ella en una entrevista. Cuando hizo aquella declaración, su padre ya llevaba años muerto y tenía reputación de maltratador por casos como el de Tippi Hedren, que aseguró haberse sentido acosada durante el rodaje de 'Los pájaros'. Pat, que por un lado siempre reinvidicó la labor profesional de su madre, nunca quiso tirar piedras contra su progenitor y obvió comentar esa mala fama. En todas sus intervenciones públicas era una pregunta a eludir.

Patricia, con su padre durante el rodaje de 'Extraños en un tren'. (Cordon Press)
Patricia, con su padre durante el rodaje de 'Extraños en un tren'. (Cordon Press)

La sencilla vida de Pat no serviría, probablemente, para el guion de uno de los imborrables 'thrillers' que dirigió su padre. Siendo muy pequeña fue enviada a un internado y a los 18 años salió de allí para irse a vivir a Hollywood junto a sus padres. En aquella época (mediados de los 40) intentó ser actriz e incluso participó en dos obras de Broadway. Pero los deseos de ser actriz finalizaron enseguida. En 1951, el año de 'Extraños en un tren', conoció a su esposo, Joseph, un ferviente católico, y se casó con él. Cuando le preguntaban a Hitchcock por la fugaz carrera de su hija como actriz, siempre dejaba bien claro su poca fe en ella. "Alma y yo nos sentimos aliviados, en cierto modo, cuando nuestra hija decidió que ser madre de niños con dedos pegajosos requería toda su atención creativa", expresó una vez con su habitual sorna.

En efecto, Pat y Joseph tuvieron tres hijas que les acabaron dando ocho nietos. Y Hitchcock trató de ayudar a la joven económicamente 'enchufando' al yerno en una cadena de radio, pero este se acabó hartando y se metió de lleno en un negocio de transportes y camiones. Aunque de algunas biografías familiares se podría deducir cierta desafección paterna, Pat nunca dijo nada al respecto. De hecho, visitó a Hitchcock cada uno de los días que estuvo ingresado y enfermo en el hospital, poco antes de su muerte en 1980. Dos años más tarde murió Alma Reville y Pat se encontró, de repente, con que era la heredera de un inmenso patrimonio acumulado durante décadas de dedicación al cine.

Lejos del rencor de una hija que podría reprochar a sus padres años de internado o poca ayuda profesional cuando quiso ser actriz, Pat siempre ha hablado maravillas de ellos. Durante los 90 y hasta que enviudó de Joseph (en 1994) era habitual verla participando en los documentales que acompañaban las ediciones de las películas de Hitchcock en DVD. Con el tiempo, también ha aprendido a callarse. En cierto momento supo que cualquier cosa que dijese podría ser un titular. En la mencionada entrevista a 'The Guardian' el periodista se quejaba del poco juego que le había dado Pat cuando la había grabado en su casa de Santa Bárbara. Y así, callada, es como ha permanecido durante años esta católica irredenta que, con el paso de los años, solo será una nota a pie de página por ser hija de un genio. Porque, como ella misma se preguntaba en esa entrevista, "¿acaso puede sentirse una hija ensombrecida por un padre?". En su caso, siempre nos quedará la sombra de una duda.

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