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en una entrevista de 2019

Olivia de Havilland contra Joan Fontaine: así habló la actriz de su guerra entre hermanas

En una entrevista concedida por su centenario, la estrella habló de cómo iba a celebrar tan señalada fecha y de la histórica enemistad con Joan, un tema que prefirió esquivar durante muchas décadas

Foto: Olivia de Havilland y Joan Fontaine, en los años 40. (Cordon Press)
Olivia de Havilland y Joan Fontaine, en los años 40. (Cordon Press)

Cuando cumplió cien años, la última leyenda del Hollywood dorado decidió hablar del tema tabú por excelencia en su vida. Olivia de Havilland, la cándida Melania de 'Lo que el viento se llevó', falleció este domingo a los 104, dejando huérfanos a los mitómanos de la Era Dorada del cine. Y siempre será tan conocida por sus legendarias interpretaciones o por ser la damisela en peligro de Errol Flynn en mil cintas de aventuras como por la histórica rivalidad que mantuvo con su hermana Joan Fontaine, la protagonista de 'Rebeca'. En una entrevista que concedió en julio de 2016, con motivo de su 100 cumpleaños a Associated Press, la estrella habló de cómo iba a celebrar su centenario y de la histórica enemistad con Joan, un tema que prefirió esquivar durante muchas décadas. Llamando a su hermana "Dragon Lady", Olivia ha reconocido que existía una relación tensa entre ambas que ella prefirió no llamar "disputa":

Olivia de Havilland, en una imagen reciente.
Olivia de Havilland, en una imagen reciente.

"Una disputa implica una conducta hostil entre dos partes. No puedo pensar en un solo caso en el que iniciase un comportamiento hostil, pero puedo pensar en muchas ocasiones en las que mi reacción fue de defensa ante un comportamiento desconsiderado de ella". Su mala relación, que forma parte de la historia del cotilleo hollywoodiense, se remonta a la ceremonia de los Oscar de 1942, cuando las dos competían por el premio a la mejor actriz. Sin embargo, Olivia confesó en la entrevista que el recelo entre ambas surgió cuando eran apenas unas niñas: "Mi comportamiento hacia ella siempre fue cariñoso, a veces distante y en los últimos años la relación se rompió". En el reportaje, a Olivia también le tocó describir la personalidad de Joan. "Era una persona brillante, con múltiples talentos, pero con astigmatismo con respecto a su percepción de la gente y los acontecimientos, lo cual la hizo reaccionar a menudo de manera injusta y prejuiciosa". El periodista que le hizo la entrevista, ávido de respuestas que esclareciesen este eterno cotilleo del viejo Hollywood, también le preguntó qué ocurriría si Fontaine escuchase sus declaraciones. La vieja estrella no titubeó y dijo que se "mantendría en silencio como forma de autoprotección".

Con respecto al privilegio de cumplir nada menos que cien años, la actriz se mostró entonces "honrada". Así es como se sentía al ser llamada la última estrella viva del Hollywood dorado. También tuvo tiempo para narrar anécdotas curiosas e inéditas como aquella del actor Jared Leto, que nadie relacionaría con ella, yendo a visitarla a su casa de París aprovechando que pasaba unos días en la Ciudad de la Luz.

Joan Fontaine, en una imagen de archivo. (Cordon Press)
Joan Fontaine, en una imagen de archivo. (Cordon Press)

Una guerra histórica

Hablar de la competencia entre las dos hermanas y estrellas de Hollywood daría para un análisis sociológico que incluiría cuestiones como por qué los medios han hablado más de ese odio que de sus propias (e interesantes) carreras profesionales. Sin embargo, y como ocurre tantas veces, encontronazos afectivos y carreras profesionales suelen ir de la mano. Las rencillas comenzaron en Tokio, ciudad donde estaban trasladados los padres de origen británico de las dos hermanas. La madre siempre favoreció a Olivia, su ojito derecho. De Havilland tenía claro desde muy pequeña que quería ser actriz. La madre no sólo le dio su apellido, de Havilland, sino que siempre la usó como moneda de cambio cuando se separó de su marido. Joan se quedó en la retaguardia, mucho más cercana al sentir de su padre y sin ningún deseo de brillar en el mundo del show bussiness. Eso cambió cuando Olivia llenó los teatros de Broadway y se convirtió en la partenaire de Errol Flynn en 'El Capitán Blood' y otras tantas películas de aventuras. Si su hermana podía, ¿por qué no ella?

De Havilland, instituida plenamente en la comunidad de Hollywood, era en 1939 la Melania de 'Lo que el viento se llevó' y, ese mismo año, veía cómo su hermana trabajaba mano a mano con George Cukor en 'Mujeres'. ¿Sería posible que la alcanzase en popularidad después de que su contrato con RKO hubiese pasado desapercibido? Por entonces y tras ese contrato fallido, Olivia no tenía nada que temer, ya que a Fontaine ni siquiera le interesaba el papel de su hermana en la historia de Escarlata O’Hara. “Dadle el papel de Melania a la sosa de mi hermana Olivia. Seguro que lo hará bien”, aseguran que dijo. Sin embargo, su perfil en la sombra cambió cuando Hitchcock la eligió para que fuese la protagonista de su primera película americana, 'Rebeca'. De la noche a la mañana, Joan Fontaine se convertía en una estrella y, un año después, ganaba un Oscar por 'Sospecha'. Aquella noche, en los premios de la Academia, asegura que sintió la mirada de odio fulminante de su hermana Olivia, que también estaba nominada y que, pese a llevar una carrera mucho más longeva, no había conseguido ni las migajas de la Academia de Hollywood.

Olivia tendría tiempo de vengarse ya que, años después, cuando ganó un Oscar por 'Vida íntima de Julia Norris', rechazó abruptamente las felicitaciones de Joan. Hubo incluso un fotógrafo que captó el tenso momento en el que despreciaba el intento de acercamiento de las dos hermanas. Para colmo de males, Howard Hughes, el magnate, productor y aviador, acabó saliendo con ambas. Pelearse por el afecto del mismo hombre era la gota que colmaba el vaso. Los años, sin embargo, fueron tamizando el antagonismo entre ambas. Sin embargo, ahí estaba Hollywood para revivirlo. Muchos eran los que pensaban que la cruel historia de '¿Qué fue de Baby Jane?' estaba basada en ellas. Olivia siguió cerca de su madre, tan cerca que, cuando murió sólo envió un escueto telegrama con la noticia de su muerte a la incauta Joan, que se encontraba de gira teatral. “No vino al funeral porque tendría otra cosa mejor que hacer. Yo sí la avisé”, dijo. Era 1975 y esa fue la ruptura final de las dos damas del cine.

La última leyenda

Errol Flynn y Olivia de Havilland en 'Dodge, ciudad sin ley'. (Warner)
Errol Flynn y Olivia de Havilland en 'Dodge, ciudad sin ley'. (Warner)

Resumir la importancia de Olivia de Havilland en la historia del cine es tarea mayúscula pese a que sus títulos no son precisamente abundantes. Nacida en Tokio un 1 de julio de 1916, cuando su familia fue trasladada a Estados Unidos y ella formó parte de la compañía teatral de Max Reindhart, la adaptación cinematográfica de 'El sueño de una noche de verano', la suerte apareció en su vida. Aquella obra le hizo firmar un contrato con Warner. Quiso la diosa Fortuna que ese mismo año, 1935, y casi por descarte, el estudio se arriesgase colocándola a ella y a un también desconocido y atractivo Errol Flynn al frente del reparto de 'Capitán Blood'.

El éxito de aquella película de piratas supuso un todo un filón y, desde entonces y a lo largo de ocho películas, Errol y Olivia serían algo así como los Romeo y Julieta del cine de aventuras, casi siempre a las órdenes del malhumorado Michael Curtiz, director húngaro al que Flynn no soportaba ni siquiera cuando era capaz de parir obras maestras como 'Robín de los bosques'. Olivia, que quería ser una actriz 'seria' y a menudo no soportaba las bromas pesadas del gamberro Flynn detrás de las cámaras, despreciaba lo que ella consideraba entretenimientos ligeros. Solo años después, viendo una de aquellas películas en televisión, comprobó su persistencia y la inmarchitable calidad de las mismas. Tras veinte años sin hablar con Flynn quiso llamarlo por teléfono para contárselo, pero pensó que él se burlaría de ella, creyendo que no era más que una ñoña sentimental. A los pocos días de aquella ocurrencia, Olivia leía en la prensa la noticia de la muerte del actor a causa de un infarto. Aquella anécdota supuso una espinita que siempre se le quedó clavada.

Para entender lo poco satisfecha que Olivia estaba con su carrera en la Warner hay que recordar el empeño que puso, en 1938, para conseguir el papel de Melania en 'Lo que el viento se llevó'. Para Jack Warner, el simple hecho de hacer la prueba de cámara ya suponía una traición hacia su estudio. La actriz tuvo que pedirle a su mujer que intercediese por ella y, finalmente, consiguió estar en la película más cara, más taquillera y más premiada de su época. Su Melania Hamilton era el contrapunto perfecto de la perversa y pragmática Escarlata; un ser bueno y honorable que, gracias a su interpretación, fue mucho más que un personaje horrorosamente azucarado. A todo el mundo (Academia incluida, ya que fue nominada a un Oscar) le gustó su interpretación, menos a su jefe. A su regreso al estudio, Jack Warner la castigó colocándola en 'Las vidas privadas de Elizabeth y Essex', encarnando un personaje segundón muy por debajo de su categoría.

Olivia de Havilland, en una imagen de 1938. (Cordon Press)
Olivia de Havilland, en una imagen de 1938. (Cordon Press)


Santa Olivia

En ese momento comenzó un tira y afloja que tendría su punto culminante en la denuncia que la actriz le interpuso al estudio por las condiciones abusivas de su contrato y el de muchos actores con el estudio de turno. Corría el año 1943 y que ella ganase el pleito contra uno de los grandes gerifaltes de Hollywood sentó precedente. A partir de entonces, pondría nombre a la 'ley de Havilland' y los intérpretes dejarían de sufrir esos leoninos contratos que los ataban a una empresa durante siete años y los obligaban a hacer películas en las que no querían estar. Quizá por eso, aún son muchos los que en Hollywood llaman a la estrella 'santa Olivia, patrona de todos los actores'.

Libre de Warner y sus tejemanejes, De Havilland pudo demostrar su talento más allá del cine expansivo. Llegaron cintas como 'A través del espejo' (Robert Siodmak, 1946), en la que interpretó a dos gemelas, una de las cuales estaba bastante perturbada, 'Vida íntima de Julia Norris' (Mitchel Leisen, 1946), por la que ganó por fin un Oscar, o 'Nido de víboras' (Anatole Litvak, 1948), Esa amplitud de miras la llevó al que quizá sea su personaje más icónico: el de la pacata solterona de 'La heredera' (William Wyler, 1949). Ya anciana, última representante de ese mamotreto cinematográfico llamado 'Lo que el viento se llevó' y venerada por aquellos que piensan que el artificioso Hollywood en el que triunfó nunca más se volverá a repetir, Olivia de Havilland levantó admiración por donde quiera que iba. Una admiración que seguirá despertando cada vez que se evoque un cine en el que la propia vida parecía mucho más sencilla.

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