Rock Hudson: leyenda de Hollywood, valentía frente al sida y un polémico último beso
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35 años de su muerte

Rock Hudson: leyenda de Hollywood, valentía frente al sida y un polémico último beso

En el aniversario de su muerte recordamos su carrera, cómo afrontó su enfermedad y la historia del beso que tuvo que darle, por exigencias del guion, a Linda Evans en 'Dinastía'

Foto: El actor, en una foto publicitaria de los años 50. (CP)
El actor, en una foto publicitaria de los años 50. (CP)

Para muchos, un mártir gay. Para otros tantos, un héroe del colectivo debido a su forzosa salida del armario tras confesar que padecía sida. Nadie pone en duda la aureola de leyenda y de símbolo de Rock Hudson desde el mismo día de su muerte, con 59 años y a causa de una enfermedad entonces mortal y desconocida. Aquello ocurrió un 2 de octubre de 1985, hace ahora 35 años. El actor había sido el típico macho americano en la década de los 50 gracias a epopeyas como 'Gigante', melodramas dirigidos por Douglas Sirk como 'Solo el cielo lo sabe' o comedias románticas junto a Doris Day. En los 80, de repente, pasó a ser la cara visible de una epidemia que aterrorizó al mundo.

El 5 de junio del 85 fue diagnosticado con el virus y apenas un mes después lo confesó públicamente. Valiente y comprometido, destinó 250.000 dólares para la creación de la Fundación Nacional de Investigación contra el Sida. Pero Hudson fue mucho más que esa enfermedad, ya que era un actor dotado para la comedia y el drama al que la crítica no siempre valoró con justicia. Tampoco el público, que no tuvo en cuenta unos orígenes pesadillescos de los que tuvo que huir.

Hudson creció en Winnetka, una localidad diminuta de Illinois, cercana a Chicago, que hoy día es más conocida por albergar el famosísimo hogar de 'Solo en casa' que por ser el lugar en el que el actor vino al mundo. Aquel niño llamado Roy Harold Scherer creció pobre y abandonado por su padre entre sus vecindarios y espesos bosques. La suerte no le acompañó en los primeros años de su vida: su padrastro, un alcohólico de tomo y lomo, no tuvo piedad a la hora de abusar de él, tal y como refleja una reciente biografía llamada como una de sus grandes películas: 'All that heaven allows (Solo el cielo lo sabe)'. Su madre también era para echarle de comer aparte. Dominante y manipuladora, ella fue la causante de un sinfín de inseguridades que le acompañarían el resto de su vida.

Rock Hudson, en 1962. (Cordon Press)
Rock Hudson, en 1962. (Cordon Press)

Tras su paso por los Marines, decidió dedicarse a la interpretación. Al fin y al cabo, ese era el único pasaporte para escapar de la mediocridad de su pueblo y de lo que sentía. Al llegar a la Costa Oeste, dio tumbos de casting en casting hasta que fue captado por Henry Wilson. El orondo agente (al que la serie 'Hollywood' reflejó sin piedad hace apenas unos meses) era todo un experto en captar jóvenes adonis. Se rumorea, además, que también se aprovechaba de ellos entre las sábanas. Así lo dijo, por ejemplo, Tab Hunter, que recordó en un documental cómo Wilson trataba de acariciarle la rodilla de manera lasciva e insistente. Si bien convirtió a Hudson en el principal reclamo de su agencia, lo cierto es que le costó conseguirlo. Antes de exitazos como 'Obsesión' o 'Gigante', el joven Rock, hercúleo, alto, guapo y con una planta espectacular, pasó por mil películas de segunda en la Universal. Nadie parecía tomar en serio ni su gesticulación ni su aspecto de chico del medio Oeste americano.

Hudson, junto a su compañera y amiga Elizabeth Taylor, dejando sus huellas en el cemento del Teatro Chino de Hollywood. (CP)
Hudson, junto a su compañera y amiga Elizabeth Taylor, dejando sus huellas en el cemento del Teatro Chino de Hollywood. (CP)

A medida que el actor se convirtió en una estrella, crecieron las sospechas en torno a su vida sexual. Revistas como 'Confidential' siempre estuvieron dispuestas a pagar (y muy bien) a todo chico que hubiese pasado por la cama del bueno de Rock. Y fue el propio Wilson, harto de sobornar a jóvenes imberbes para que no abriesen la boca y hablasen de más, el que obligó a Rock a casarse con su secretaria, Phyllis Gates. Por decirlo suavemente, la chica fue engañada de la manera más vil. Solo pasado el tiempo llegó a descubrir que su marido era gay. Las visitas a casa o las llamadas misteriosas de chicos guapos eran el pan de cada día en el hogar de los Hudson. Cuando Phyllis los descubría, su marido siempre daba la misma explicación: solo se trataba de 'fans'. En 1959, harta de fingir sin recibir nada a cambio, acabó solicitando el divorcio.

El actor, en una imagen publicitaria de los años 50. (CP)
El actor, en una imagen publicitaria de los años 50. (CP)

Años después de aquel paripé, el sida haría mella en la vida de Rock, destapando la hipocresía de la historia que Hollywood había construido en torno a él para enmascarar la realidad. Cuando la estrella enfermó, recibió el apoyo del entonces presidente Reagan, que ni siquiera había hablado del virus públicamente pese a que el número de afectados aumentaba día tras día. La otra cara, la menos enternecedora de aquellos meses, fue la de su último novio, Marc Christian. El joven recibió una suculenta indemnización tras su muerte porque el actor le ocultó que padecía la enfermedad mientras estuvieron juntos.

Ya enfermo, Hudson tuvo que fletar un avión privado desde París hasta Los Ángeles por miedo a que lo descubriesen. Fue a su llegada a California cuando el médico le recomendó hablar de la enfermedad públicamente. “Lo haré si tu crees que eso ayudará en algo”, le contestó él. "No estoy feliz por tener sida, pero si esto puede ayudar a otros, al menos puedo saber que mi propia desgracia tiene un valor positivo", dijo días después mientras se iba apagando poco a poco. El que había sido uno de los rostros más perfectos de la historia del cine acabó convertido en un hombre que apenas pesaba 50 kilos y tenía aspecto cadavérico. Amigas de siempre como Elizabeth Taylor jamás lo dejaron en la estacada y quisieron hacerle menos duro el infierno. Otras compañeras, como Linda Evans, que lo había besado en una escena de 'Dinastía' antes de que se hiciera pública su enfermedad, comprendieron la enorme generosidad de Hudson pese al terror que le generaba el virus. "Vino el director y nos dijo que quería volver a rodar la escena, pero que necesitaba más pasión. Yo le dije que no podía ponerle pasión porque estaba tirada en el suelo, mi personaje se acababa de caer y el personaje de Rock se acercaba a consolarla. Volvimos a grabarla y él hizo exactamente lo mismo, porque sabía que tenía sida y estaba tratando de protegerme a su modo", recordó Evans años más tarde. Aquel fue, por cierto, el último (y polémico) beso del actor en pantalla. Por entonces, se desconocía si besar a alguien podía ser una forma de contagiarle el temido virus.

Algunos de los testimonios (presentes y pasados) que reunía el libro 'All that heaven allows' reflejan los útimos días del actor. La declaración más conmovedora es la de Doris Day, compañera de profesión y amiga a la que nunca le llegó a decir que estaba enfermo: “Cuando nos despedimos, me dio un abrazo enorme y me sujetó un tiempo. Me eché a llorar. Fue la última vez que le vi”.

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