Roald Dahl y Patricia Neal: el amor maldito del mejor escritor para niños y la estrella de Hollywood
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30 años sin el autor de 'matilda'

Roald Dahl y Patricia Neal: el amor maldito del mejor escritor para niños y la estrella de Hollywood

Se cumplen tres décadas de la muerte del genial autor británico. Recordamos su romance con una de las actrices señeras de Hollywood y la lucha de ambos por superar la frágil salud de ella

Foto: Roald Dahl y Patricia Neal, en su boda. (CP)
Roald Dahl y Patricia Neal, en su boda. (CP)

“Ocurre una cosa graciosa con las madres y los padres. Aunque su hijo sea el ser más repugnante que uno pueda imaginarse, creen que es maravilloso”. La frase de ‘Matilda’, obra capital en la literatura infantil del último medio siglo, no podría aplicarse a su autor, Roald Dahl.

Huérfano de padre, Dahl sí sintió que era maravilloso para su madre pese a exponer el desapego infantil en muchas de sus obras. De ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ a ‘Las brujas’ pasando por ‘Boy’, el maravilloso relato de su propia infancia, el autor británico fue dueño y señor de una prosa extraordinaria, trufada de humor negro y una socarronería que trasciende el calificativo de literatura infantil. Murió hace 30 años (el 23 de noviembre de 1990) y su leyenda no ha dejado de crecer en estas décadas.

Retrato de Roald Dahl con Matilda. (Carl Van Vechten)
Retrato de Roald Dahl con Matilda. (Carl Van Vechten)

Roald Dahl empezó a cultivar su genialidad siendo muy joven, cuando ya tenía varias obras a sus espaldas (una de ellas, titulada ‘Los gremlins’, que inspiraría la famosa película de los 80, estaba basada en sus años como piloto en la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial). En sus años mozos también conoció a una actriz de enormes ojos de la que se enamoró: Patricia Neal. Para los neófitos en el cosmos del Hollywood clásico, habría que decir que Neal era aquella mujer madura que pagaba las facturas a George Peppard en ‘Desayuno con diamantes’.

Cuando se casó con Dahl, en 1953, la intérprete ya había protagonizado un enorme éxito, ‘Ultimátum a la tierra’, de Robert Wise, y no necesitaba a ningún escritor de lustre que le dijese lo que tenía que hacer. “Después de seis meses de matrimonio casi rompemos. Yo era una típica esposa estadounidense. Peor aún, era una actriz de Hollywood malcriada. Nunca le serví el desayuno, nunca hice ninguna de las cosas que hace una esposa europea para conservar a su marido”, contaba ella años después. La adaptación de ambos al matrimonio fue instantánea y estaba basada en un amor a prueba de bombas.

Patricia Neal, en 1952. (CP)
Patricia Neal, en 1952. (CP)

Prueba de ello es que resistió a la serie de desgracias que les golpeó duramente entre finales de los 50 y principios de los 60. La primera ocurrió cuando un taxi arrolló el carrito de Theo, uno de sus hijos. El niño sufrió una fractura de cráneo que exigió ocho operaciones. Otra hija, Olivia, contrajo sarampión cuando tenía siete años. Su enfermedad derivó en una complicación grave, encefalitis. Parece casi un milagro que durante aquellos años tan intrincados para ambos, él escribiese algunas de sus mejores obras (‘Charlie y la fábrica de chocolate’ se publicó en 1964) y ella ganase un Oscar (por ‘Hud’, en el mismo año).

Sin embargo, la mala suerte nunca les dejó vivir tranquilos. En 1965, un año después de su Oscar y cuatro del éxito de ‘Desayuno con diamantes’, Neal sufrió tres embolias consecutivas. Se encontraba rodando ‘Siete mujeres’, de John Ford, y estaba embarazada de su hija Lucy. La vida le dio una bofetada con la mano abierta pero afortunadamente, tanto ella como su hija, que nació pocos meses después, sobrevivieron. La actriz volvió a andar gracias a su marido, que ejerció de enfermero y fisioterapeuta cuando tocaba hacerlo. Cada vez que quería tirar la toalla, era Dahl el que estaba ahí para animarla a levantarse de nuevo. Aunque se acabó recuperando, Patricia Neal siempre conservó un extraño rictus en su boca y se quedó ciega de un ojo. Tras varios años de lucha, obtuvo una nueva nominación a los Oscar gracias a su papel en ‘Una historia de tres extraños’, en 1968. La industria del cine la adoraba y ella recibió el respaldo que merecía.

Patricia Neal, con parche en el ojo, rodeada de su marido y Cary Grant tras superar su enfermedad.(CP)
Patricia Neal, con parche en el ojo, rodeada de su marido y Cary Grant tras superar su enfermedad.(CP)

Pero la vida nunca volvió a ser fácil. El matrimonio Dahl-Neal, que había sobrevivido a todo tipo de infortunios, no pudo resistir el desgaste que estos provocaron. Una vez que sus cuatro hijos (un chico y tres chicas) fueron adultos, decidieron poner fin a su matrimonio. Corría el año 1983 y diarios como ‘El País’ lamentaron el fin de un romance marcado por el afán de superación. “Una de las historias de amor más hermosas y reconfortantes de nuestra época ha finalizado ante un tribunal de Londres con una sentencia de pocas líneas”, escribía Soledad Gallego-Díaz.

Rebelde como pocos, Dahl volvió a casarse con una de las mejores amigas de Neal y vivió a lo largo de esa década de los 80 entre la aclamación popular. Fue en esos años cuando ‘Matilda’ se convirtió en un gran éxito “pregonando las virtudes de la rebelión”, según la crítica.

El británico murió hace treinta años sin haber escrito nada inspirado en su propio matrimonio, un romance de más de tres décadas que fue bonito pero también tuvo algo de “tragedia”, según la propia Patricia Neal: “Con frecuencia, mi vida ha sido comparada con una tragedia griega y la actriz que hay en mí no puede negar la comparación”.

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