Buster Keaton: el verano en el que el genio del cine se fue 'de cañas' por la Malagueta
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Buster Keaton: el verano en el que el genio del cine se fue 'de cañas' por la Malagueta

El protagonista y director de 'El maquinista de la General' se paseó por España con su esposa y su cuñada en 1930. Su parada en Málaga fue una de las que generaron más anécdotas

Foto: El cómico, en 'El navegante'. (CP)
El cómico, en 'El navegante'. (CP)

En la España de los años 20, la palabra Pamplinas remitía directamente a él. Así es como nuestros conciudadanos conocían por entonces a Buster Keaton, el maquinista de la General, el navegante, el ‘cara de palo’ que reinó en la era del cine mudo.

Nuestro país apreciaba, como tantos otros, la genialidad de un cómico que era mucho más que eso: al igual que Chaplin, escribió y dirigió sus películas y se puede considerar un ‘auteur’ con todas las de la ley. Su estilo tragicómico, su humor seco y poético, entonces poco apreciado, ha acabado imponiéndolo como una figura capital del cine. Allá por 1930, el artista recaló en España con una obsesión muy concreta: conocer a las grandes figuras de la generación del 27.

placeholder Buster Keaton, en una imagen de archivo. (CP)
Buster Keaton, en una imagen de archivo. (CP)

“En agosto de 1930 y procedentes de la frontera francesa, Buster Keaton, su esposa, Natalia Talmadge, y su cuñada, Norma Talmadge, llegaron a San Sebastián para efectuar un viaje turístico por España, que les llevaría hasta Madrid, Sevilla y Málaga”, contaba Román Gubern en uno de sus libros. Efectivamente, el artista, una figura de sobra conocida por el españolito medio de entonces, visitó varias provincias españolas y, como las polillas, fue buscando la luz hasta recalar en la Costa del Sol. Para los ciudadanos de una era previa al turismo masificado, fue como si el mismísimo Dios hubiese saltado desde la pantalla, a lo ‘Rosa púrpura de El Cairo’, y se estuviese paseando entre ellos.

Como muchas otras estrellas de su época, aquel año Keaton seguía con preocupación el imparable avance del cine sonoro. El éxito de ‘El cantor de jazz’, la primera película sonora, en 1927, no solo amenazaba su estatus, sino también su forma de ganarse la vida. Mientras que otros coetáneos como Chaplin se negaron a adaptarse y triunfaron, Keaton vio como su popularidad caía en picado ante aquel nuevo ‘invento’ de las ‘películas habladas’.

'Diario de Málaga' y 'Vida Gráfica' recogieron la visita de este genio del absurdo. Los periodistas se dedicaron a contar el periplo malagueño con pelos y señales: una visita a los toros, un paseo aquí y allá, y un encuentro con varios poetas malagueños, José María Hinojosa, Prados y Altolaguirre. Tal y como contaba Francisco Gutiérrez en un artículo de ‘Diario Sur’, el vínculo entre Hinojosa y Keaton fue Edgar Neville. El director español, amigo de medio Hollywood, estaba casado con una malagueña e hizo lo posible para que Keaton y el poeta tuviesen un encuentro. El director de ‘El maquinista de la General’ era un apasionado de los escritores del 27.

En su artículo de 2019, Gutiérrez también recuperó algunos de los escritos de la época que dan testimonio de una visita que hoy podemos considerar histórica. Esos artículos dan fe, por ejemplo, de que Keaton no estuvo solo en Málaga. Le acompañó otro ilustre español de Hollywood, Gilbert Roland, un galán entre galanes cuyo nombre se ha perdido en los abismos del olvido.

placeholder Gilbert Roland, en una imagen de los años 50. (CP)
Gilbert Roland, en una imagen de los años 50. (CP)

“Ayer, procedentes de Jerez, llegaron en automóvil los conocidísimos actores cinematográficos Buster Keaton, más popularizado por 'Pamplinas', y Luis Alonso, que usa en el cine el sobrenombre de Gilbert Roland. Venían acompañados de las también actrices del teatro mudo (hoy 'tarta mudo') Natalia y Norma Talmadge. Los cuatro peliculeros se hospedaron en el Caleta Palace, y por la tarde asistieron Pamplinas y Luis Alonso a la corrida de toros. El día y parte de la noche la completaron, recorriendo algunos lugares típicos de la capital, y esta mañana, a las 9,30, salieron en automóvil para Granada”, aseguraba el ‘Diario de Málaga’.

placeholder Buster Keaton en 'El maquinista de la General'.
Buster Keaton en 'El maquinista de la General'.

A lo largo de la visita hubo más anécdotas que se fueron sabiendo años después. En sus memorias, el pintor Manuel Carmona aseguraba que él y su hermano lavaron el coche del cómico con sus propias manos. Más americano que el chicle, Keaton les pagó, sobra decirlo, en dólares. En 1930 aquellos billetes eran como el premio de otra galaxia muy lejana.

Lo que sí olvidan algunas crónicas de aquel viaje es la mala situación de Keaton por entonces. La Metro Goldwyn Mayer había comprado su unidad de producción dos años antes, en 1928. El genio se había convertido en una vieja gloria prematura que acabó de hundirse cuando se implantó el cine sonoro. Varias biografías recogen cómo, a lo largo de la década de los 30, cayó en el alcoholismo y trabajó de tapadillo como un guionista más. Nadie parecía reconocer ya en él al gran artista que una vez fue.

placeholder 'El moderno Sherlock Holmes' (Buster Keaton, 1924).
'El moderno Sherlock Holmes' (Buster Keaton, 1924).

En uno de sus programas de cine, José Luis Garci lamentaba que Charles Chaplin, coetáneo a la vez que competencia de Keaton en los 20, no le ofreciese un papel más destacado (y un lugar más preeminente en los títulos de crédito) cuando lo recuperó para su ‘Candilejas’ de 1952.

Afortunadamente, Keaton vivió lo suficiente como para ver que su obra y su figura se revalorizaban. En los años 60, la Academia de Hollywood le concedió un Oscar honorífico y varios festivales de cine le rindieron homenaje. Se hacía justicia, por fin, a aquel Pamplinas al que los malagueños pidieron autógrafos un cálido verano de 1930.

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