Akhannouch, el multimillonario que encabezará el Gobierno de Marruecos
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Akhannouch, el multimillonario que encabezará el Gobierno de Marruecos

Pese a que su principal compañía, la red de gasolineras Afriquia, padeció en 2018 un boicoteo masivo de los marroquíes, Mohamed VI mantuvo la apuesta por su amigo empresario

Foto: Aziz Akhannouch, en una imagen retrospectiva. (EFE)
Aziz Akhannouch, en una imagen retrospectiva. (EFE)

En un país como Marruecos, con fuertes desigualdades sociales agravadas por la pandemia, el elegido por el rey Mohamed VI para encabezar el Gobierno es el hombre más rico después, obviamente, del propio monarca.

Aziz Akhannouch, de 60 años, posee una fortuna evaluada en 2019 en unos 1.700 millones de euros, según la revista estadounidense 'Forbes', bastante menos de la mitad que la del soberano marroquí. A través del holding Akwa, del que es el principal accionista, posee unas 60 empresas que abarcan desde la distribución energética hasta la prensa económica o la femenina.

Está además casado con Salwa Idrissi, de 48 años, una adinerada mujer de negocios cuya principal empresa, Aksal Group, se dedica a los productos de lujo. Lanzó también en 2017 su propia marca de cosméticos, Yan & One. Posee las franquicias para Marruecos de varias marcas textiles, algunas españolas como Zara, Pull & Bear y Massimo Dutti. Un conjunto de publicaciones económicas la considera la segunda empresaria más importante de África. El matrimonio tiene tres hijos.

placeholder Con el rey Mohamed VI, en el Palacio Real de Fez este mes de septiembre. (EFE)
Con el rey Mohamed VI, en el Palacio Real de Fez este mes de septiembre. (EFE)

Nacido en la aldea de Tafraoute, en el sur del país, Akhannouch heredó de su padre, Ahmed, que emigró a Casablanca, una empresa, Afriquia, de distribución de bombonas de gas, gasóleo y gasolina, que se convertirá en el eje de sus negocios. La buena marcha de Afriquia fue la que permitió al progenitor enviar a su hijo Aziz a estudiar en la Universidad de Sherbrooke (Canadá). A su regreso a Casablanca empezó a hacerse cargo de los negocios familiares.

Mohamed VI, un gran apoyo

Aquellos que le han tratado le describen como un hombre amable y servicial, nada distante con sus subordinados. Le preocupa mucho su imagen y por haberle criticado no dudó, en 2017, en llevar a tres periodistas a los tribunales y reclamarles cerca de cien mil euros por daños y perjuicios.

Su estrecha relación con la familia real quedó puesta de manifiesto por primera vez en 2005, cuando Akhannouch compró por 93 millones de euros Somepi, una empresa rival de Afriquia, gracias a la financiación de Attijariwafa Bank, una filial de Al Mada, el holding perteneciente al rey Mohamed VI.

placeholder Otra de las imágenes proporcionadas por Palacio de ese encuentro, que tuvo lugar el 10 de septiembre.
Otra de las imágenes proporcionadas por Palacio de ese encuentro, que tuvo lugar el 10 de septiembre.

Akhannouch es miembro del consejo de administración de la Fundación Mohamed VI para la Protección del Medio Ambiente y uno de los administradores de otra fundación real para la reinserción de los presos. Más aún que por el desempeño de estos cargos, su vinculación con el rey quedó puesta de manifiesto en 2013, cuando el monarca y la que era entonces su esposa, la princesa Lalla Salma, acudieron a la casa de los Akhannouch en Casablanca para compartir un 'iftar', la cena con la que los musulmanes rompen el ayuno durante el Ramadán. Fue, que se sepa, la única vez que Mohamed VI acudió a una domicilio particular.

Negocios y política

El desarrollo de los negocios de Akhannouch ha ido en paralelo, a partir de 2003, a su carrera política. Ese año fue elegido presidente de la región del Souss. Cuatro años después entró en el Gobierno como ministro de Agricultura y Pesca, cartera que ha mantenido desde entonces cualquiera que fuera el jefe del Ejecutivo. Su permanencia en ese puesto demuestra que estaba ahí por designación real.

Condecorado en 2016 por el Gobierno de Mariano Rajoy con la Gran Cruz de la Orden Civil del Mérito Agrario y Pesquero, Akhannouch tuvo, sin embargo, un roce con España un año más tarde, después de conocerse las primeras sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que invalidaban parcialmente los acuerdos suscritos entre Marruecos y la Unión Europea porque incluían al Sáhara Occidental.

placeholder En abril de 2018, con el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita. (EFE)
En abril de 2018, con el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita. (EFE)

En una respuesta parlamentaria, Miguel Arias Cañete, que era entonces comisario europeo, recordó que esa antigua colonia española era un territorio jurídicamente separado de Marruecos. Akhannouch salió entonces a la palestra para rebatirle y amenazarle veladamente. “¿Cómo queréis (los europeos) que hagamos el trabajo de bloquear la emigración africana y hasta la marroquí si hoy Europa no quiere trabajar con nosotros?”, declaró, por ejemplo, a la agencia EFE en febrero de 2017. “¿Por qué vamos a seguir haciendo de gendarmes (...)?”, concluyó.

Un partido fulgurante

A su cargo de ministro, Akhannouch añadió, en octubre de 2016, el de líder del Reagrupamiento Nacional de los Independientes (RNI), un partido artificial creado en los años setenta por el entonces todopoderoso ministro del Interior Driss Basri. La celeridad con la que fue propulsado a la cabeza de esta formación solo se explica por el impulso que le debieron dar desde el Palacio Real.

Ese año se habían celebrado en Marruecos las segundas elecciones que ganaron los islamistas moderados del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD). El rey se vio obligado a designar, para formar Gobierno, a Abdelilá Benkiran, el carismático líder de esa formación al que no tiene gran aprecio. Benkiran buscó entonces socios de Gobierno y el RNI parecía un candidato preferente.

placeholder El ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, con Abdelilá Benkiran en 2012 en Rabat. (EFE)
El ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, con Abdelilá Benkiran en 2012 en Rabat. (EFE)

En connivencia con el Palacio Real, Akhannouch puso, sin embargo, una condición para entrar a formar parte de esa coalición gubernamental: que Benkiran no fuera el jefe del Ejecutivo. El monarca designó entonces al 'número dos' de los islamistas, Saaedine el Othmani, un político mucho más dócil y acomodaticio. Hasta las elecciones del 8 de julio, El Othmani ha estado al frente de un Gobierno en el que mandaba menos que la mayoría de sus ministros, empezando por el propio Akhannouch.

Las maniobras del rey de Marruecos

Desde su atalaya del Ministerio de Agricultura fue estos últimos años un auténtico martirio para los islamistas, empezando para el propio El Othmani. No desperdició ocasión para arremeter contra ellos pese a formar parte del mismo Gobierno. Les reprochó comportarse en el Parlamento como un partido de oposición y empeñarse en “destrozar a los ministros del RNI”.

La propulsión de Akhannouch al frente del RNI en 2016 no fue una casualidad. Hasta entonces, el Palacio Real había apostado por otra formación, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado por un amigo del rey, para desbancar a los islamistas del Gobierno. El PAM se convirtió, sin embargo, a ratos en una jaula de grillos y el Palacio buscó una alternativa.

placeholder Imagen de archivo: en sus funciones de Agricultura y Pesca, Aziz Akhannouch, con la embajadora de la UE para Marruecos, Claudia Wiedey, y con el responsable de la Unidad de la Dirección General de Asuntos Marítimos y Pesca de la UE, Christian Rambaud. (EFE)
Imagen de archivo: en sus funciones de Agricultura y Pesca, Aziz Akhannouch, con la embajadora de la UE para Marruecos, Claudia Wiedey, y con el responsable de la Unidad de la Dirección General de Asuntos Marítimos y Pesca de la UE, Christian Rambaud. (EFE)

Gracias al presupuesto que maneja y a una nueva ley electoral que le es favorable, el RNI ganó, con una mayoría relativa, las elecciones del 8 de julio además de las municipales y las regionales. Por eso el rey encargó a Akhannouch, dos días más tarde, que formase Gobierno. La tarea le resultará fácil porque abundan las fuerzas políticas que quieren completar su mayoría parlamentaria. Compaginará el cargo de jefe del Ejecutivo con el de alcalde de la ciudad de Agadir (440.000 habitantes), al que presentó el martes pasado su candidatura. Se desvincula por completo, en cambio, de la gestión de sus empresas.

Los opositores políticos

En su carrera política, Akhannouch ha tenido varios traspiés. En 2017 una investigación parlamentaria sobre la liberación del sector de los hidrocarburos -que tuvo lugar en 2015- puso de relieve los beneficios excesivos logrados por su compañía, Afriquia. En diciembre de 2019, en una reunión con inmigrantes marroquíes en Milán, propugnó la “reeducación de los marroquíes que carecen de educación”. Se refería a los opositores políticos a los que no había que llevar, dijo, ante la Justicia sino reeducarles.

“El mero hecho de que haga un llamamiento a los marroquíes para que actúen en lugar de la Justicia recuerda uno de los aspectos fundamentales del totalitarismo que criminaliza las reacciones populares espontáneas (...)”, escribió entonces Ali Amar, director del diario digital 'Le Desk'. Esta vez Akhannouch no denunció a ningún periodista por difamarle.

placeholder El 9 de septiembre, dando un discurso después de que su partido ganase las elecciones. (EFE)
El 9 de septiembre, dando un discurso después de que su partido ganase las elecciones. (EFE)

Su más grave tropezón, el que estuvo a punto de dar al traste con su carrera política, se produjo en la primavera de 2018. Entonces se desencadenó una misteriosa campaña a través de las redes sociales instando a boicotear tres marcas, una de ellas la red de gasolineras Afriquia. Tuvo un seguimiento masivo. Circulaban entonces las fotos de sus estaciones de servicio vacías mientras que había cola de automovilistas en las de empresas rivales como Total o CMH.

Los llamamientos al boicoteo iban acompañados de mensajes denunciando las desigualdades sociales, los privilegios y el aprovechamiento de la política para enriquecerse. Ponían el caso de Akhannouch entre otros ejemplos. La prensa afín al régimen dio a entender que la campaña estaba siendo inspirada por algún grupo islamista ilegal, como Justicia y Caridad, pero la ONG laica Transparency Maroc fue la primera en resaltar sus virtudes. “Señala a toda la gobernanza de una economía lastrada por (...) la corrupción y la interferencia de la política con el dinero”, recalcó en un comunicado.

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