75 años de '¡Qué bello es vivir!': el origen (y el lugar) de la película navideña más querida
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aniversario de un clásico

75 años de '¡Qué bello es vivir!': el origen (y el lugar) de la película navideña más querida

La cinta de Frank Capra cumple tres cuartos de siglo y su popularidad sigue en pie. Seneca Falls es la pequeña localidad en la que se inspiró Bedford Falls, la ciudad de la película

Foto: James Stewart y Donna Reed, en una secuencia de '¡Qué bello es vivir!'. (CP)
James Stewart y Donna Reed, en una secuencia de '¡Qué bello es vivir!'. (CP)

La historia de un hombre bueno a la fuerza al que un ángel salva de suicidarse, mostrándole qué habría sido del mundo si él no hubiese nacido, era, para Frank Capra, la mejor película que había rodado. Es más, para el director era la mejor de la historia del cine. Así lo llegó a decir, sin titubeos y sin falsa modestia. 75 años después de su estreno, un mes de diciembre de 1946, no son pocos los que le siguen dando la razón al italoamericano.

A ‘¡Qué bello es vivir!’ se la celebra año tras año, pero sus tres cuartos de siglo han dado lugar a un mayor volumen de libros (en España, la editorial Nortorious publica uno con el análisis de Carlos Díaz Maroto, Jesús Antonio López, Juan Andrés Pedrero Santos y Adrián Sánchez) y a festejos de lo más variados. Al fin y al cabo, ‘¡Qué bello es vivir!’ goza de esa alquimia mágica del viejo Hollywood en la que lo popular también era sinónimo, salvo excepciones, de valor artístico.

Foto: James Stewart y Donna Reed, en '¡Qué bello es vivir!'. (CP)

La fama de este cuento navideño es responsabilidad de un señor anónimo al que se le olvidó renovar el copyright en la década de los 70. La película de Capra pasó entonces a ser de dominio público. Los programadores decidieron que, ya que era gratis emitirla en televisión, estaría bien emitirla en fechas navideñas. Y así fue cómo una cinta que en 1946 había pasado desapercibida, aun siendo el proyecto más personal de su director, se convirtió en un clásico de la Navidad. O, mejor dicho, en LA PELÍCULA de la Navidad, por encima de ‘Solo en casa’, ‘Gremlins’, ‘Love actually’ y otra pléyade de grandes títulos.

placeholder Portada del libro sobre el 75 aniversario. (Notorious Ediciones)
Portada del libro sobre el 75 aniversario. (Notorious Ediciones)

La película no lo tuvo fácil a su llegada a los cines. Las fábulas de Capra, que hicieron que Juan Antonio Bardem lo llamase 'abuelita Capra', parecían no tener sentido en un mundo golpeado tras un holocausto, varios totalitarismos y una guerra (la Segunda Mundial) terrible. Basada en el relato corto 'The greatest gift', '¡Qué bello es vivir!' era la primera película de la productora que Capra había fundado junto a sus amigos George Stevens y William Wyler. Los tres querían ser los dueños y señores de sus carreras; ansiaban librarse del yugo del magnate de turno que, puro en mano, les decía cómo tenían que hacer sus películas.

Mucho cambió la cosa desde que Capra quiso llevarla al cine hasta que se plasmó en imágenes. Primero sonó como protagonista Cary Grant, pero al final el estudio se acabó decantando por un James Stewart que no estaba muy convencido de volver a la actuación tras ser piloto en la Segunda Guerra Mundial. Fue Lionel Barrymore, el malvado señor Potter en la película, el que lo convenció para encarnar al bonachón de George Bailey, el hombre con cuya bondad se medirían durante décadas los norteamericanos. Preparando la producción, Stewart se preguntó en voz alta si actuar seguía valiendo la pena tras ser testigo de tanto horror. Barrymore lo miró a los ojos y le dijo: "¿No es mejor entretener a la gente que arrojarles bombas?".

placeholder James Stewart, en el inmenso decorado de '¡Qué bello es vivir!'. (CP/Gaston Longet)
James Stewart, en el inmenso decorado de '¡Qué bello es vivir!'. (CP/Gaston Longet)

Aunque casi toda la película se rodó en un estudio de RKO llamado Encino Ranch, que hoy no es más que una urbanización en la que no queda ni un mísero nombre de calle que recuerde que allí se rodó el cuento navideño, Capra se inspiró en un lugar real. La base de su obra maestra estuvo en una pequeña ciudad norteamericana en la que cada año se celebra, incluso, un festival dedicado a ‘¡Qué bello es vivir!’. Ya saben, si hay que honrar a sus leyendas, los norteamericanos son los más expertos en hacerlo. La ciudad en cuestión es Seneca Falls, un lugar anclado en el tiempo y situado en el estado de Nueva York; un pueblo que parece detenido en la Norteamérica mágica y costumbrista de las pinturas de Norman Rockwell. Aunque nunca se confirmó, Capra hizo un viaje por la pequeña localidad justo antes de empezar a rodar su obra magna. A mediados de los 40, Seneca Falls era una ciudad con las mismas farolas de globo que se ven en la película, el mismo puente en el que George casi se suicida y la misma mediana en una parte de su calle principal. Su arquitectura típicamente norteamericana también parece plagiada a la perfección en los espléndidos (y gigantescos) decorados de la cinta. Jack Ockey, director artístico del film, reutilizó, por ejemplo, la magnífica mansión de los Ambersons en ‘El cuarto mandamiento’ de Orson Welles, también rodada en Encino Ranch.

placeholder Seneca Falls, durante la celebración del festival dedicado a la película. (CP)
Seneca Falls, durante la celebración del festival dedicado a la película. (CP)

Rodada en el caluroso verano del 46, '¡Qué bello es vivir!' fue una suma de novedades en varios aspectos. Los magos de los efectos especiales, por ejemplo, idearon una fórmula a base de espuma para fingir nieve en el plató mientras que detrás de sus puertas la gente se derretía con las altas temperaturas. Navidades en julio, que diría Preston Sturges.

Haciendo honor a uno de sus grandes axiomas, 'One man, one film', Capra dotó a cada uno de los personajes, hasta el más secundario, de alma propia. Entre los actores que interpretaban a dichos personajes estaban grandes nombres de la industria: Donna Reed (Mary), Henry Travers (el ángel Clarence), Ward Bond (actor habitual en el cine de John Ford y taxista en la película), Beulah Bondi (la madre de George), Thomas Mitchell (el tío Billy), Gloria Grahame (la vivaracha Violet),o el propio Lionel Barrymore (el señor Potter) eran intérpretes solventes, estrellas a pequeña escala.

Con buenas críticas a sus espaldas, ‘¡Qué bello es vivir!’ acaparó cinco nominaciones al Oscar poco después de su estreno navideño. No ganó ni uno solo de ellos. Aquel año, los académicos se decantaron por 'Los mejores años de nuestra vida' y su sombrío retrato de los soldados que volvían a su día a día tras experimentar en sus carnes la Segunda Guerra Mundial. La taquilla tampoco fue excesivamente boyante y Liberty Films, el sueño independiente de Capra, se acabó desvaneciendo como otros tantos grandes edificios de Hollywood. El tiempo, y algún ángel bueno, quisieron que Capra, James Stewart y Donna Reed, a la que en algún momento se le achacó injustamente el fracaso de público, viviesen lo suficiente como para ver la película convertida en un emblema tan navideño como el turrón. Como era de esperar, Paramount se las ingenió para recuperar los derechos alegando que el escrito original sí tenía copyright, pero eso no impidió que '¡Qué bello es vivir!' siga siendo parte indisociable de la programación navideña y del streaming en el siglo XXI. Al fin y al cabo, y tras una pandemia y desastres varios, todos seguimos dispuestos a creer que cuando suenan unas campanillas le dan las alas a un ángel.

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