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Nos colamos en Wimbledon por un día: los secretos del torneo más glamouroso del tenis, desde dentro
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¿HAY ALGO MÁS BRITISH?

Nos colamos en Wimbledon por un día: los secretos del torneo más glamouroso del tenis, desde dentro

Visitamos la catedral del tenis en Londres para descubrir, entre otras cosas, el túnel que lleva a los miembros de la familia real desde el párking a The Royal Box, la exclusiva grada con 80 asientos solo para VIPS

Foto: Kate Middleton en Wimbledon. (Getty/Clive Brunskill)
Kate Middleton en Wimbledon. (Getty/Clive Brunskill)

A Wimbledon entran 40.000 personas al día en unas instalaciones donde se pasea apretujado en hora punta, un recinto al que la reina Camila -y decenas de famosos- accede sin que nadie se dé cuenta.

El miércoles, de pronto, algunos periodistas señalaron a la esposa del rey Carlos III: estaba en The Royal Box y se convirtió en protagonista del día -con permiso de los tenistas-. Pero ¿cómo rayos entra una reina en Wimbledon sin ser vista?

placeholder El actor Hugh Grant charla con la reina Camila, el miércoles en Wimbledon. (EFE)
El actor Hugh Grant charla con la reina Camila, el miércoles en Wimbledon. (EFE)

“Hay un túnel que empieza en el párking del torneo, cruza la calle y deja a los invitados vip y a los royals directamente en el acceso a The Royal Box”. La explicación la da una de las más veteranas miembros del equipo de comunicación del torneo, una señora amable y solícita. De educación muy británica, conoce y ayuda a muchos de los periodistas que año a año, desde hace muchos, se dejan caer por la catedral del tenis.

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No es el único secreto o truco que desvela esta fuente, que ayuda esta vez a Vanitatis a conocer el torneo desde dentro. Los periodistas acreditados reciben cada día en su mail un resumen de los famosos con quienes se podrían haber cruzado esa jornada. No son sólo los que han pisado The Royal Box, no. Hace un par de años Shakira y Brad Pitt, entre otros, estuvieron en las gradas como invitados internacionales y entonces se sentaron entre periodistas.

placeholder Paseo en Wimbledon. (Vanitatis)
Paseo en Wimbledon. (Vanitatis)

“Todo depende de quién te invita”, informa Jane K., “si es una marca o un patrocinador, vas a los asientos que tienen destinados para ellos, otra cosa es The Royal Box, allí sólo tienes acceso con invitación del torneo. Hay días, como el sábado central, en el que se invita a deportistas de elite de todo el mundo, otro día son estrellas de la Fórmula 1… También se sabe a qué actores o personalidades les gusta el tenis y se intenta hacerles llegar una invitación. Y luego están los que llaman a su representante para pedir que se les invite; si la organización lo considera oportuno, se les envía la invitación, claro”.

No es fácil entrar

No es fácil acceder a Wimbledon. Las invitaciones vuelan, como vemos, y hasta las estrellas de Hollywood tienen que pedir favores. Una entrada cuesta a partir de los 450 euros y no siempre se pueden comprar; hay un sorteo y según que día, el precio se dispara. Los fanáticos pueden ir a The Queue (la fila, literalmente), una cola de gente que desde primera hora de la mañana (y hasta de madrugada) se aposta en la puerta para poder tener una entrada.

placeholder Pistas en Wimbledon. (Vanitatis)
Pistas en Wimbledon. (Vanitatis)

Si lo consiguen, el precio es entonces una ‘ganga’: la entrada más barata cuesta 75 libras, unos 80 euros. Eso sí, no hay acceso a la pista central, que es donde juegan las grandes estrellas, como Carlos Alcaraz.

Calor asfixiante

Estamos a jueves y Londres amanece con calor madrileño, la excusa perfecta para desempolvar los vestidos de flores y sombreros de paja que se aburren en los armarios londinenses, tan acostumbrados a la lluvia.

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El camino hasta el All England Club es verde y morado, como los colores del torneo, y las flores acompañan al visitante en todo momento, ya sea en las casas de alrededor, en macetas dispuestas por doquier o en los vestidos de las visitantes, que aprovechan el calor para lucir las prendas más veraniegas de sus armarios.

placeholder La estación de metro de Southfields,  decorada para la ocasión. (Vanitatis)
La estación de metro de Southfields, decorada para la ocasión. (Vanitatis)

Lo decíamos, son 40.000 personas al día y eso se nota en las instalaciones, llenas a petar desde primera hora. Así que las colas se convierten en una tradición, como lo son el cóctel de Pimm’s con pepino, que todos llevan copa (reciclada) en mano, y las famosísimas fresas con nata de Wimbledon, casi un plato nacional británico.

placeholder Las clásicas fresas con nata de Wimbledon. (Reuters/Toby Melville)
Las clásicas fresas con nata de Wimbledon. (Reuters/Toby Melville)

Hay colas para todo y no importan ni el calor ni la cantidad de gente, en Wimbledon parece que todos caminan sobre una nube. Con esa elegante negligencia de la alta sociedad, como describió Juan Marsé en ‘Últimas tardes con Teresa’, así pasea la mayoría de asistentes al torneo de tenis más famoso y elitista del mundo,

Marcas por doquier

Pocas veces verá alguien tantos bolsos de marca de alta gama como en este recinto. Louisvuittones (auténticos) tirados en el suelo mientras sus propietarias disfrutan de un helado o un cóctel, chaneles abiertos colgando de hombros despreocupados, celines, christiandiores… Digan un nombre, el que se les ocurra, seguro que hemos visto más de uno. Y puede que conjuntado con un vestidazo (de flores, of course).

placeholder Colas en el puesto de fresas con nata. (Vanitatis)
Colas en el puesto de fresas con nata. (Vanitatis)

Y si por las zonas de la plebe el ‘old money’ se pasea sin complejos, no quieran imaginarse en The Royal Box. Aunque para eso no pueden contar ni siquiera con quien esto escribe: tendremos que recurrir de nuevo a la veterana del torneo, que sabe más que nadie. En el cielo dentro del cielo, el paraíso exclusivo reservado a royals y élite internacional, hay 80 asientos. Y reglas estrictas: la vestimenta tiene que ser ‘smart’, es decir, traje para los hombres y ‘afternoon dress’ para ellas, y no se puede usar sombrero -taparía las vistas de la persona sentada detrás-.

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Los asientos (tapizados) cuentan con menú, y el de esta semana incluía cola de langosta escalfada de Cornualles y cordero especiado procedente de un rebaño de ovejas Herdwick cuya propietaria había sido Beatrix Potter, la creadora de Peter Rabbit.

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Las bolsas de las tiendas de souvenirs de Wimbledon están por doquier. (Reuters/Toby Melville)

¿Puede haber algo más inglés? Acaso ver a Sara Ferguson en The Royal Box tras 20 años de su última visita, o que la reina Camila vaya dos días después y Hugh Grant, sentado detrás, se quede dormido en pleno partido.

A Wimbledon entran 40.000 personas al día en unas instalaciones donde se pasea apretujado en hora punta, un recinto al que la reina Camila -y decenas de famosos- accede sin que nadie se dé cuenta.

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