Gracias a una entrevista concedida por el diseñador a 'Harper's Bazaar', pudimos saber que la casa se distribuye en tres niveles comunicados por una escalera de metal negro, escalera diseñada en su propio estudio de arquitectura. El recorrido entre las diferentes plantas está marcado por una cuidada composición cromática donde reinan los grises, los blancos, los beiges y el omnipresente lacado negro.
Giorgio Armani, en una foto de archivo. (EFE)
En el último piso, Armani ubicó lo que él mismo llamaba "mi refugio dentro de mi refugio", es decir, su despacho personal. Un despacho repleto de grandes y variadas plantas con una gran estatua de un gorila que custodiaba su despacho. Un lugar que era el santuario emocional del diseñador y que se convirtió en el lugar predilecto de Giorgio Armani dentro de su mansión milanesa.
Para dar forma a esta lujosa vivienda, Armani contó con el reconocido Peter Marino, arquitecto de interiores conocido por reinterpretar el lujo en las grandes casas de moda. De esta colaboración surgió una biblioteca de estanterías negras donde los libros se agrupan por categorías: desde moda hasta arte oriental, pasando por teatro o historia.
Su casa era el refugio donde el diseñador disfrutaba de privacidad alejado de los focos. (REUTERS / Sarah Meyssonnier)
La gran mayoría de muebles de la casa pertenecen a las colecciones de su propia firma. No obstante, el toque humano de la mansión lo aportaban objetos adquiridos durante sus viajes o regalados por personas cercanas: desde budas tailandeses a un bonsái metálico pasando un camaleón ornamental.
Más que una casa, esta residencia representaba la búsqueda constante de una vida en equilibrio lejos de los focos y el ruido mediático. La vivienda del diseñador italiano era una prolongación de su visión estética y filosófica de la vida, un entorno donde el diseñador se conviertía en anfitrión de sí mismo, disfrutando del éxito en su versión más íntima.