Así fueron los últimos días de Giorgio Armani, trabajando hasta el final. Luego, el colapso
Llevaba meses con problemas de salud pero nada que hiciera presagiar lo peor. Falleció a primera hora de la tarde en su apartamento de Milán, rodeado por sus seres queridos
La luz de Giorgio Armani se apagó el jueves 4 de septiembre a primera hora de la tarde, tenía 91 años. Estaba rodeado por quienes más lo querían: Leo Dell’Orco, su pareja de los últimos años, y su familia, en su apartamento de la vía Borgonuovo, en el centro de Milán. Hasta hace pocos días, todos creían que lo superaría. Incluso llegó a revisar los looks para el desfile del aniversario: 50 espléndidos años de moda que se iban a celebrar con una gran fiesta.
La cita estaba prevista para el 28 de septiembre en el patio de honor del Palazzo Brera, justo detrás de su casa. Hace apenas una semana trascendió la noticia de que el diseñador italiano había comprado La Capannina di Franceschi, el club más legendario de Forte dei Marmi, símbolo absoluto de la 'dolce vita'. Esta adquisición fue leída no como una inversión, sino como un acto de amor: fue allí donde conoció a Sergio Galeotti, el amor de su vida, su compañero sentimental y también su socio, con quien levantaría el imperio Armani. Fue quizá una manera de cerrar el círculo: "un gesto afectivo, un regreso a los orígenes”, en sus propias palabras.
Según ha publicado el 'Corriere della Sera', hace algunas semanas, poco antes de cumplir los 91, el diseñador había tenido que ser hospitalizado por una infección pulmonar. Después se vio obligado a pasar la convalecencia en casa, lo que le impidió asistir —algo muy inusual— al desfile de su colección de junio. El año pasado ya había tenido un problema de salud, pero aún así quiso estar presente y solo tres días después de recibir el alta, saludó a sus invitados tras los desfiles. Este junio, sin embargo, no se vio con fuerzas. “Pero estoy bien”, decía. Le siguieron semanas tranquilas: su cumpleaños, con miles de felicitaciones desde el mundo de la moda y más allá; la compra de la Capannina; y, sobre todo, su trabajo.
El verano transcurrió sereno para Armani, con su familia. Cada día, preocupado por el trabajo y los amigos, insistía en que fueran a su lugar de veraneo en Pantelleria y le contaran todo lo que sucedía allí. Solo unos días antes, sufrió un ligero empeoramiento por un malestar estomacal repentino. Pero nada que presagiara lo peor. Volvió a comer, a llamar por teléfono para mantenerse al tanto de todo.
Este jueves, poco después de las tres de la tarde, se confirmó su fallecimiento. Resuenan esas últimas palabras, publicadas en redes sociales: “La huella que espero dejar es la del compromiso, el respeto y la atención hacia las personas y su realidad. Desde ahí empieza todo”. Las ciudades que lo vieron nacer y crecer —Milán, que lo acogió, y Piacenza, donde nació— decretaron duelo oficial para el lunes 8 de septiembre, día del funeral, que será privado.
La luz de Giorgio Armani se apagó el jueves 4 de septiembre a primera hora de la tarde, tenía 91 años. Estaba rodeado por quienes más lo querían: Leo Dell’Orco, su pareja de los últimos años, y su familia, en su apartamento de la vía Borgonuovo, en el centro de Milán. Hasta hace pocos días, todos creían que lo superaría. Incluso llegó a revisar los looks para el desfile del aniversario: 50 espléndidos años de moda que se iban a celebrar con una gran fiesta.