Irina Shayk lleva casi dos décadas siendo uno de los rostros más reconocibles de la moda. Ha desfilado, ha protagonizado campañas internacionales y ha sido parte de un universo que durante años vivió esclavo de unos cánones de belleza restrictivos. Quizá por eso, ahora que es madre, su discurso ha virado hacia algo mucho más íntimo, honesto y humano. La modelo sabe que la presión estética comienza cada vez antes y, lejos de alimentar esa maquinaria, ha decidido criar a su hija con un mantra claro: la verdadera belleza empieza por quererse a una misma.
En una entrevista con 'People', la modelo explica que el aprendizaje que está intentando transmitir a Lea, su hija de ocho años, es simple a la par que transformador. No se trata de rutinas, ni de productos, ni de técnicas que prometen perfección. El truco, asegura, pasa por defender quién eres, sin filtros ni exigencias imposibles.
"Solo tienes que quererte tal y como eres", afirma. Un mensaje que, con todo lo que ella misma ha vivido dentro de la industria, adquiere una dimensión casi militante. Shayk reconoce que crecer rodeada de imágenes perfectas —y después convertirse en una de ellas— no siempre fue fácil.
Irina Shayk, en el Festival de Cannes de 2025. (REUTERS / Sarah Meyssonnier)
Confiesa que no nació con confianza en sí misma, que esa seguridad que hoy proyecta es fruto de un proceso largo, lleno de dudas y aprendizajes. Y justamente por eso insiste en mantener alejados a los pequeñosde lo que ella considera el mayor enemigo: los cánones de belleza que siguen circulando, incluso en plena era de la inclusividad.
"Siento que hay tantos cánones ahí fuera que, por supuesto, intento proteger a mi hija", apunta en la entrevista. Pero también admite que hoy la moda celebra más diversidad que nunca, algo que espera que no sea "una moda pasajera".
Ese enfoque de la belleza como un espacio flexible, imperfecto y profundamente personal es el que quiere inculcar a Lea. Para ella, enseñar a su hija a mirarse con ternura se ha convertido en un objetivo vital.
La modelo en un evento. (REUTERS / Eva Korinkova)
Lo hace con ejemplos sencillos y cotidianos: "Las imperfecciones pueden ser perfectas. Es decir, puedes ver a una de las mujeres más bellas del mundo y tal vez no tenga una nariz, labios u orejas perfectas, pero ahí reside su belleza. Por eso, defiendo la belleza natural, celebro quién eres". Es su truco, pero también una declaración de intenciones como madre.
La maternidad, asegura, la ha colocado en un lugar distinto. "Estoy literalmente en el momento adecuado de mi vida. Soy madre y me siento muy cómoda conmigo misma", reconoce. Una estabilidad que contrasta con la etapa que vivió años atrás, cuando aún se debatía entre la exposición mediática y el deseo de preservar su intimidad.
De hecho, cuando nació su hija en 2017, tanto ella como Bradley Cooper mantuvieron al máximo la discreción, hasta el punto de que el nacimiento solo se conoció dos semanas después, también gracias a información publicada por People. En aquel entonces, Shayk ya había iniciado un viraje hacia una vida más reservada, lejos de las exclusivas y de la sobreexposición que marcó su etapa junto a Cristiano Ronaldo.
Bradley Cooper e Irina Shayk. (REUTERS / Lucas Jackson)
Tras su ruptura con Cooper en 2019, la modelo ha continuado aferrándose a esa filosofía. En 2020, en una entrevista con 'British Vogue', ya admitía que criar sola a Lea mientras mantiene una carrera internacional no es sencillo. "Hay días en los que me despierto y pienso: 'Dios mío, no sé qué hacer, me estoy derrumbando'", confesaba entonces.
Pero también dejaba claro que no quiere renunciar a sí misma. "Me encanta mi trabajo y nací en un hogar dirigido por mujeres. Quiero que mi hija sepa que mamá tiene un trabajo, porque quiero criar a una mujer fuerte y poderosa".
Irina Shayk lleva casi dos décadas siendo uno de los rostros más reconocibles de la moda. Ha desfilado, ha protagonizado campañas internacionales y ha sido parte de un universo que durante años vivió esclavo de unos cánones de belleza restrictivos. Quizá por eso, ahora que es madre, su discurso ha virado hacia algo mucho más íntimo, honesto y humano. La modelo sabe que la presión estética comienza cada vez antes y, lejos de alimentar esa maquinaria, ha decidido criar a su hija con un mantra claro: la verdadera belleza empieza por quererse a una misma.