Mel Gibson cumple 70 años: de icono de Hollywood con su papel mejor pagado a estrella maldita con polémicas y divorcios millonarios por los que cayó
Actor, director y padre de nueve hijos, el cumpleaños de Mel Gibson llega marcado por su reciente ruptura, un pasado lleno de excesos y una carrera brillante atravesada por escándalos racistas y machistas
Mel Gibson, en la premier de 'Dos padres por desigual' en Londres. (Reuters)
Mel Gibson sopla mañana 3 de enero 70 velas. Setenta años para uno de los nombres más reconocibles, incómodos y contradictorios de Hollywood. Actor, director, productor, icono del cine de acción de los 80 y 90, cineasta obsesionado con la fe, el sacrificio y la violencia redentora, pero también protagonista de algunas de las polémicas más tóxicas que ha vivido la industria en las últimas décadas. Llegar a los 70, en su caso, no es solo una cifra: es el retrato de una vida excesiva, atravesada por el talento, el éxito descomunal y la autodestrucción.
El cumpleaños llega, además, en un momento personal delicado. Gibson ha vuelto a ocupar titulares por su ruptura con Rosalind Ross, guionista y exatleta, 34 años menor que él, con la que ha compartido nueve años de relación y un hijo en común, Lars, nacido en 2017. La separación se ha hecho pública a través de un comunicado conjunto remitido a la revista 'People', en el que ambos subrayan su compromiso como padres pese al final de la relación.
Una despedida sobria, casi elegante, coherente con el perfil bajo que mantuvieron durante años. De hecho, llevaban tiempo separados cuando la noticia salió a la luz, precisamente para proteger a su hijo.
Mel Gibson y Rosalind Ross, en los Oscars. (REUTERS / Mike Blake)
La relación entre Gibson y Ross comenzó en 2014, tras conocerse en una cena con amigos en común. Desde el principio despertó comentarios por la diferencia de edad, pero supieron blindar su intimidad con una discreción poco habitual en el actor. Apenas apariciones públicas, ninguna guerra mediática y una convivencia que, al menos hacia fuera, parecía serena.
Incluso ya separados, siguieron compartiendo momentos familiares juntos. El pasado verano acudieron a un concierto conmemorativo del 30º aniversario de 'Braveheart', la película que cambió para siempre la carrera de Gibson. También afrontaron unidos la pérdida de su casa en Malibú durante los incendios forestales que arrasaron California, un episodio en el que el actor puso el foco —una vez más— en lo esencial: "Mi familia está a salvo, y eso es lo único que importa".
Una familia con 9 hijos de 3 matrimonios y uno de los divorcios más caros de Hollywood
La familia es, de hecho, uno de los ejes que mejor explica a Mel Gibson. Sexto de once hermanos, incluido su gemelo Donal, nació en Nueva York en 1956 en el seno de un clan de raíces irlandesas profundamente católicos. A los 12 años se mudó con los suyos a Australia, país que marcaría su acento, su carácter y su carrera.
De ahí surgiría el joven salvaje que conquistó el cine con 'Mad Max', pero también el hombre que siempre se ha movido entre la disciplina férrea y el caos emocional.
Mel Gibson y Rosalind Ross. (Gtres)
Padre de nueve hijos con tres mujeres distintas, su vida privada ha sido cualquier cosa menos estable. Estuvo casado casi tres décadas con Robyn Moore, madre de siete de sus hijos, en un matrimonio que terminó en uno de los divorcios más caros de la historia de Hollywood.
Después llegó la relación con la pianista rusa Oksana Grigorieva, que acabó en los tribunales entre acusaciones de malos tratos y audios que dañaron de forma irreversible su imagen pública. Con Rosalind Ross parecía haber encontrado un cierto equilibrio, hoy ya roto, aunque sin estridencias.
Carrera polifacética y su papel mejor pagado
Ese vaivén emocional convive con una carrera cinematográfica tan sólida como inclasificable. Como actor, Gibson encarnó durante años el arquetipo del macho alfa: Max Rockatansky en 'Mad Max' o Martin Riggs en 'Arma letal'. Ambos héroes al límite, violentos y vulnerables a partes iguales.
Mel Gibson, en el rodaje de 'Braveheart'. (Gtres)
Cobró sueldos millonarios, empezando por más de un millón en la primera de 'Mad Max'. Entre sus papeles mejor pagados se encuentran los 25 millones de dólares por títulos como 'El patriota' o 'Señales', según IMDB. Así se convirtió en uno de los rostros más rentables de Hollywood.
Como director, sin embargo, emergió otro Gibson. Un hombre más introspectivo, espiritual, obsesionado con el sufrimiento humano y la redención. 'Braveheart' le dio dos Oscar clave. 'La pasión de Cristo' lo consagró como cineasta radical, capaz de financiar de su bolsillo una película hablada en arameo que se convirtió en fenómeno global. 'Apocalypto' y 'Hacksaw Ridge' confirmaron su pulso narrativo y su fascinación por la violencia como lenguaje moral.
Polémicas: de audios contra su mujer hasta insultos sexistas y racistas a la policía
Definir quién es Mel Gibson sigue siendo una tarea imposible. El filántropo que dona millones, el creyente que asiste a misa diaria en su capilla privada, el cineasta que reflexiona sobre la fe y el perdón convive con el hombre sancionado por alcoholismo, detenido por conducir ebrio, autor de comentarios racistas, misóginos y antisemitas que todavía hoy pesan sobre su legado.
Si algo ha marcado su percepción pública más allá de su talento es su carácter explosivo y sus escándalos. Entre los episodios más recordados está el que involucró a la pianista rusa Oksana Grigorieva, con quien tuvo a su octava hija.
Mel Gibson, en el rodaje de Apocalypto. (Gtres)
En 2010, se filtró un mensaje de voz que dejó al mundo boquiabierto: "Si te violase una manada de negros, te lo merecerías. Voy a ir allí, y voy a prender fuego a la casa, pero primero me la vas a chupar". Gibson, tras un forcejeo en el que Grigorieva sostenía a la bebé, la amenazaba con una violencia verbal escalofriante, incluyendo esos insultos raciales y sexuales.
Las palabras fueron tan extremas que incluso él mismo intentó justificarlas alegando que estaban "fuera de contexto", un argumento que pocos aceptaron. Sus disculpas siempre llegaron tarde, mal o envueltas en justificaciones torpes. Él mismo se ha descrito como "un trabajo en progreso", una frase que resume tanto su conciencia de culpa como su incapacidad para escapar de sí mismo.
Pero los audios con Grigorieva no fueron su único enfrentamiento mediático. En varias ocasiones, se vio envuelto en conflictos con la policía durante arrestos por conducir ebrio. Uno de los más recordados ocurrió en 2006 en Malibú, cuando, al ser detenido, arremetió contra la oficial a cargo con amenazas y comentarios intimidatorios: "¿Qué miras, tetitas dulces?". En otro episodio, el actor llegó a lanzar improperios antisemitas que aún hoy siguen siendo citados como ejemplo de su comportamiento errático y ofensivo.
Mel Gibson y Danny Glover, en 'Arma Letal 2'. (Gtres)
A estos episodios se suman polémicas más recientes en entrevistas y apariciones públicas, donde ha oscilado entre defender teorías controvertidas sobre salud y ciencia, como pseudomedicamentos para tratar el cáncer o el rechazo al cambio climático, y criticar instituciones religiosas, como cuando calificó al papa Francisco de "apóstata" en un podcast estadounidense.
A los 70 años, Gibson no se ha retirado ni parece dispuesto a hacerlo. Vive largas temporadas en Italia, donde prepara la continuación de 'La pasión de Cristo', centrada en la Resurrección, un proyecto envuelto en secretismo, filtraciones y una épica casi mesiánica que encaja a la perfección con su figura.
Su barba blanca, su aire de profeta cansado y su empeño en seguir rodando grandes relatos le sitúan en un lugar extraño dentro de la industria. Es demasiado polémico para algunos, demasiado influyente para desaparecer. El eterno debatede si se debeseparar al artista de su obra.
Mel Gibson llega a los 70 como ha vivido siempre: desbordado, contradictorio e incómodo. Admirado y rechazado a partes iguales. Un artista en guerra consigo mismo, capaz de lo mejor y de lo peor, que sigue generando debate, incomodidad y titulares. Quizá ahí resida su verdadero legado, en no haber sabido —o querido— ser otra cosa que Mel Gibson.
Mel Gibson sopla mañana 3 de enero 70 velas. Setenta años para uno de los nombres más reconocibles, incómodos y contradictorios de Hollywood. Actor, director, productor, icono del cine de acción de los 80 y 90, cineasta obsesionado con la fe, el sacrificio y la violencia redentora, pero también protagonista de algunas de las polémicas más tóxicas que ha vivido la industria en las últimas décadas. Llegar a los 70, en su caso, no es solo una cifra: es el retrato de una vida excesiva, atravesada por el talento, el éxito descomunal y la autodestrucción.