La polémica de Brooklyn Beckham con sus padres, Victoria y David, en cifras: comparativa con el príncipe Harry y el reto de construir una marca personal sólida
La polémica de Brooklyn Beckham con sus padres, Victoria y David, en cifras: comparativa con el príncipe Harry y el reto de construir una marca personal sólida
La respuesta en redes sociales evidencia cómo un episodio íntimo puede redefinir la percepción pública de una figura joven aún en construcción
En las grandes sagas familiares, la ruptura empieza con un gran portazo. Y el del clan Beckham, que está haciendo correr ríos de tinta en la prensa internacional, no es para menos. El comunicado del joven ha convertido un conflicto privado en un fenómeno más medible: más ruido, más conversación y más exposición. Pero no solo eso. También más dudas sobre qué hay realmente detrás del apellido. Tan solo hay que recordar el caso del príncipe Harry y lo que derivó de sus acusaciones contra la realeza británica. Y, en ese escenario, la pregunta clave no es cuánto ha crecido Brooklyn en las redes, sino si ese crecimiento responde a una marca personal sólida o una polémica que, una vez pase, puede dejar poco más que un eco.
Pero para entender este caso hay que remontarse al pasado lunes, cuando Brooklyn Beckham irrumpió en las redes sociales con la publicación de un comunicado en contra de su progenitora. El joven asegura que sus padres le "presionaron e intentaron sobornarme para que cediera los derechos de mi nombre", señalado su negativa como el punto de ruptura definitivo. Además, les acusa de haber controlado, durante muchos años, el relato mediático y denuncia "publicaciones performativas, eventos familiares y relaciones inauténticas". Aunque uno de los momentos más llamativos es cuando acusa a Victoria de "secuestrar" su primer baile.
Victoria Beckham y Nicola Peltz en una imagen de archivo. (Gtres)
Los datos de Brooklyn han crecido como la espuma. Antes de emitir el comunicado, contaba con poco más de dieciséis millones de seguidores en Instagram. Pero eso cambió en las horas siguientes a que el escrito corriera como la pólvora. Prueba de ello es que según recoge ‘Socialblade’, una página web que rastrea estadísticas y análisis de redes sociales, su comunidad creció en 168.000. Aunque eso solo ha sido el comienzo. De hecho, desde entonces, ha subido casi un millón: 461.000 el martes, 225.000 el miércoles, 45.000 el jueves y 40.000 el viernes. Ahora, falta por ver si, pasada la polémica, los mantiene. De eso dependerá, en parte, el éxito de su marca personal desligándose de sus progenitores y de su apellido.
Por otro lado, están Victoria Beckham y David Beckham, quienes, pese a que han ganado seguidores, no lo han hecho de la misma forma que su primogénito. En el caso de ella, desde que se lanzó el comunicado, sus seguidores han crecido en 100.000. Una cifra muy inferior a la de Brooklyn. Este es caso similar al del exfutbolista, quien ha visto crecer su comunidad en 50.000. Eso sí, cabe apuntar que ellos ya tienen una comunidad que suplica la de su vástago. Además, estos datos revelan que, por ahora, el escrito del joven no ha repercutido negativamente en la imagen pública del matrimonio, al menos en lo que se refiere a redes sociales, del matrimonio. En otros casos, esas acusaciones derivan en una disminución considerable de su comunidad.
Impacto mediático
El paralelismo con el caso del príncipe Harry resulta casi inevitable. Eso sí, el suyo no se limita al impacto mediático. Más bien, se ha extendido al terreno editorial. Tras su ruptura con la familia real británica, el royal convirtió el conflicto en un producto global con una estrategia perfectamente definida: libro, documentales y entrevistas que dieron forma a un relato propio altamente rentable. Una lógica que empieza a rodear a Brooklyn Beckham, a quienes varias editoriales ya habrían tentado con la posibilidad de escribir sus memorias o relatar sus vivencias personales, conscientes del interés que despierta su apellido y del momento mediático que atraviesa.
Aún así, las diferencias entre ambos casos son notables. El príncipe Harry llegó a ese punto con un discurso previo -independencia, ruptura institucional y nueva vida- que sirvió de columna vertebral a su marca personal. El hijo de Victoria Beckham, en cambio, encara esa posible oportunidad editorial sin una narrativa profesional sólida que vaya más allá del conflicto familiar. Aunque ha intentado varios caminos —trabajó de barista, probó en el fútbol e hizo modelaje y fotografía—, no se ha consagrado en ningún campo. Por ello, que esté valorando este tipo de propuestas indica su voluntad de controlar el relato antes de que otros lo hagan por él. Además, evidencia hasta qué punto su visibilidad depende de la polémica.
Brooklyn y Nicola con Victoria y Cruz Beckham. (Getty)
El problema, como decíamos, es que la atención generada por una ruptura familiar es, por definición, volátil. Durante el tiempo que dure la polémica, que parece que no será corto, las cifras acompañan, pero cuando se enfría, solo sobreviven quienes han sabido convertir ese pico de interés en un proyecto reconocible. En ese sentido, el caso de Brooklyn plantea una incógnita evidente: ¿qué queda cuando el foco deja de estar en el conflicto? A diferencia de otros herederos mediáticos que sí han logrado reconvertir la exposición en una carrera estable, su trayectoria, hasta ahora, se ha caracterizado por una sucesión de intentos sin una dirección clara, lo que aumenta el riesgo de que el interés actual se diluya tan rápido como llegó.
De ahí a que el momento que atraviesa sea decisivo. La polémica le ha dado algo que no se compra ni se fabrica: atención masiva y control del relato. Pero convertir ese capital simbólico en una marca personal sólida exige algo más que visibilidad. Requiere de constancia, discurso propio y una apuesta clara por un camino profesional concreto. Si no lo consigue, el efecto Beckham corre el riesgo de repetirse una vez más: mucho ruido alrededor del apellido y pocas certezas sobre su proyecto. Y en un ecosistema digital cada vez más exigente, eso suele pasar factura antes de lo esperado.
En las grandes sagas familiares, la ruptura empieza con un gran portazo. Y el del clan Beckham, que está haciendo correr ríos de tinta en la prensa internacional, no es para menos. El comunicado del joven ha convertido un conflicto privado en un fenómeno más medible: más ruido, más conversación y más exposición. Pero no solo eso. También más dudas sobre qué hay realmente detrás del apellido. Tan solo hay que recordar el caso del príncipe Harry y lo que derivó de sus acusaciones contra la realeza británica. Y, en ese escenario, la pregunta clave no es cuánto ha crecido Brooklyn en las redes, sino si ese crecimiento responde a una marca personal sólida o una polémica que, una vez pase, puede dejar poco más que un eco.