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Empieza el día de paseo por los jardines Majorelle de Marrakech, el refugio marroquí de Yves Saint Laurent

Asentado a los pies del Atlas, Marrakech es un enclave mágico donde la luz y los colores se tornan casi oníricos cuando despunta la aurora. Descubre allí un jardín maravilloso en el que comenzar tu día con entusiasmo creativo

Foto: Empieza el día de paseo por los jardines Majorelle de Marrakech, el refugio marroquí de Yves Saint Laurent

Asentado a los pies de las magníficas montañas del Atlas, Marrakech es un enclave mágico donde la luz y los colores se tornan casi oníricos cuando despunta la aurora. Descubre allí un jardín maravilloso en el que comenzar tu día con entusiasmo creativo.

• Tu momento despertar de hoy

Te has levantado con una idea romántica rondándote la cabeza y tienes ganas de descubrir rincones mágicos, historias legendarias y lugares escondidos donde encontrar la inspiración que estás buscando. No te preocupes, tenemos el sitio perfecto para ti. Te proponemos una paseo romántico por las veredas del jardín más bello y desconocido del mundo. ¿Quieres conocer las otras formas de empezar el día que te proponemosnbsp;Descúbrelas.

• Vive la experiencia

Puedes plantarte a las puertas de los jardines Majorelle a primerísima hora porque abren a las ocho de la mañana. Para entonces, Marrakech ya ha despertado con el cántico lejano de los muecines que rompen el alba con su salmodia dos horas antes. Lo curioso es que mientras los primeros rayos de sol tiñen la ciudad de rosa, en este vergel que rodea la mansión que se inventó el pintor francés Jacques Majorelle en su exilio artístico en la ciudad, la luz se vuelve de mil colores. Azul sobre todo; un azul que, orgulloso, lleva el nombre del artista. Pero también verde menta y amarillo curry. Palmeras, buganvillas, cactus gigantes, fuentes, estanques con nenúfares y acequias en constante movimiento recorren un jardín que el pintor creó en los años 20 alrededor de una villa art decó que era también su estudio de trabajo.

No es extraño que Yves Saint Laurent se enamorara de este lugar en los años 60, cuando Majorelle había desaparecido sin dejar rastro y este edén abandonado se había vuelto salvaje. “Me sedujo la sensación de oasis en medio del ruido de la ciudad y descubrir los colores de los cuadros de Matisse hechos naturaleza viva”, contaba el maestro. Cuando estaba en Marrakech lo visitaba prácticamente todos los días. Lo compró junto con Pierre Bergé, su socio y compañero, en 1980 para evitar que acabara convertido en un resort hotelero. Rebautizó la casa como Villa Oasis y escapó de París en innumerables ocasiones para refugiarse entre sus árboles de la tensión de su estresante carrera en la moda. Cuando falleció, en 2008, sus cenizas se espacieron sobre su queridísimo jardín.

• Hoy te sientes como… 

Carrie Bradshaw. Aunque en su última aventura supuestamente viaja hasta Abu Dabi para disfrutar de unas vacaciones de lujo pagadas a todo trapo, en realidad la película se rodó en las calles de Marrakech y el desierto del Sáhara porque los Emiratos Árabes Unidos no les concedieron permiso para grabar en el país. Así que el hotelazo de cinco estrellas es en realidad el mítico La Mamounia. Y el mercado en el que Carrie se encuentra por casualidad con un antiguo amor, Aidan, son los aledaños de la plaza Djemma el Fnaa.

• El café del día

Un lungo singular, el Bukeela ka Ethiopia, un café floral y silvestre con notas de almizcle y madera. Con estas coordenadas, está claro que hay que disfrutarlo solo, sin leche y sin azúcar, para inundar los sentidos con sus aromas. Acompáñalo de esas pastas marroquíes que tanto gustan a nuestra DJ residente, María Arias.

• De la playlist de la DJ María Arias eliges…

Diez temas ha seleccionado María para acompañarte durante toda la experiencia de despertar en Marrakech. Pincha y disfruta de canciones como Something Special Original Mix de Miguel Campbell o Too Late Original Mix de Gui Boratto.

• Qué puedes hacer después

Marrakech es una ciudad fascinante llena de sorpresas. Estas son las que no te puedes perder:

- Estás muy cerca de la Medina y de los intrincados zocos, en los que igual encuentras una cerámica roja vidriada de las tribus bereberes que unos kilims de los colores vivos del desierto o faroles y menaras con las que alumbrar prácticamente cualquier cosa. Piérdete por sus calles estrechas trufadas de tiendas y en el corazón de la ciudad acabarás dándote de bruces con una calles oscuras, casi túneles con puertas que conducen a los riads más luminosos, resfrescantes y espectaculares que puedas imaginarte.

- Djemma el Fnaa es la plaza en la que todo puede suceder: puestos callejeros, encantadores de serpientes que se mezclan con danzantes, acróbatas, escritores, maestros dando discursos... Una magnífica locura que la Unesco ha decidido nombrar Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Sube a la azotea de algunos de los cafés que circundan la plaza a visualizar el espectáculo desde las alturas. Y aprovecha para probar la pastela, una pastel de hojaldre, pollo y verduras que tiene la habilidad de saber dulce y salado a la vez.

- Si quieres la experiencia completa, reserva para cenar en Le Fondouk, un antiguo caravasar en el corazón de la Medina que mantiene la estructura de las grandes paradas de caravana y desde cuya terraza se disfruta de la más bella vista del Atlas.

Lo mejor es que, al llegar, los valets vienen a buscarte a la plaza cercana donde te deja el taxi para acompañarte por las estrechas calles alumbrando tu camino con grandes antorchas. Por unos minutos, parece que has retrocedido quinientos años en el tiempo.

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