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París y Nueva York, la eterna pelea entre las dos capitales del mundo

Durante todo el siglo XX se disputaron el título de ‘capital del mundo’, pero hay muchas cosas que las unen. La historia de amor y rivalidad

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París y Nueva York, la eterna pelea entre las dos capitales del mundo
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    Durante todo el siglo XX se disputaron el título de ‘capital del mundo’, pero hay muchas cosas que las unen. La historia de amor y rivalidad cultural entre París y Nueva York vista a través de aspectos como la arquitectura, el cine, la cocina, la moda o la música centran la exposición que desde hace unos días está abierta al público en el Museo de la Ciudad de Nueva York.

    Hasta el 22 de febrero del próximo año es posible visitar París/Nueva York: Cultura del diseño de moda 1925-1940, que muestra como la Gran Manzana, en las primeras décadas del pasado siglo, fue ganando terreno a la ciudad francesa como capital cultural mundial. Aquí "se observa el equilibrio de poder que supuso Nueva York, al emerger a la sombra de la sofisticada ciudad al otro lado del Atlántico y sus nuevas aportaciones en campos como la cocina, la arquitectura, el diseño interior o la música y otras áreas, que hasta entonces representaban a la belle France", en palabras de los organizadores de la exposición.

    "A medida que París entraba en un estado de transición entre un pasado que se desvanecía y un futuro incierto", Nueva York se convirtió en "una ciudad de progreso, expansión y modernidad", según el historiador Tyler Stovall. A través de la exposición se revela la devoción desde este lado del Atlántico por la Ciudad de la Luz, y todo lo que París representaba en cuanto a estilo, sofisticación y elegancia, así como el gusto parisino por los emblemas de la modernidad que entonces representaba la Gran Manzana con sus símbolos más visibles, como los rascacielos o la música jazz.

     

    El flechazo de dos urbes

    Las dos ciudades estaban comprometidas en un diálogo transatlántico de ideas, estética, tendencias y fuerzas culturales. Para mostrar ese flechazo, los responsables de la muestra han optado por exponer muebles adquiridos en grandes almacenes neoyorquinos de mediados de los años veinte del pasado siglo, que eran imitaciones de los muy caros y sofisticados diseños a la moda en la capital francesa y obra de diseñadores como Émile-Jacques Ruhlmann (1879-1933) y Léon Jaillot (1874-1967).

    Un conjunto de dibujos presentados a un concurso de arquitectura en 1931 para construir la Vía triunfal parisina que hubiera ido desde el Arco del Triunfo al barrio de La Défense, pero que nunca se hizo por la crisis económica de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, muestran que las autoridades de París concibieron ese proyecto al estilo de los rascacielos neoyorquinos.

    Otro icono de la época, esta vez del jazz y la danza, como la estadounidense Joséphine Baker (1906-1975), todo un ejemplo de la música popular neoyorquina, fue imagen de carteles y paneles como el realizado en 1927 por el suizo Jean Dunand (1877-1942) y el francés Jean Lambert-Rucki (1888-1967). El pintor surrealista de origen ruso Pavel Tchelitchew (1898-1957) fue uno de los primeros pintores franceses en emigrar a Nueva York, y sus trabajos quedaron plasmados en revistas como Vogue, además de que una de sus pinturas menos exhibidas, Hide and Seek (1940-1942) forma parte de esta muestra.

    En el ámbito de la moda, se muestran también los diseños de calzado, ropa y joyas de destacados creadores como Valentina Schlee (1899-1988), que bajo la firma Valentina creó en los años treinta y cuarenta un estilo que "liberó a la mujer estadounidense de los dictados de la moda de París". Las ideas para la moda femenina del estadounidense Main Rousseau Bocher, Mainbocher (1891-1976), diseñador del vestido de novia que llevó Wallis Simpson el día de su boda con el duque de Windsor, o de Dorothy Saver (1893-1959), que dirigiera los grandes almacenes de Manhattan Lord and Taylor y promotora de la moda estadounidense, están también presentes en la muestra.

    Menús del restaurante francés de la Exposición universal de Nueva York de 1939-1940 y de Le Pavillion y de los locales que se abrieron en esta ciudad con esa misma tendencia también se exponen, al igual que alguna de las impresionantes joyas creadas por Van Cleef and Arpels.

     

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