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SALUD Y BELLEZA

El otoño ya está aquí pero nuestra piel no tiene por qué sentirlo

Tan rápido como se pasaron las vacaciones de verano: así ha llegado el otoño, con las primeras lluvias, el viento frío y las primeras hojas caídas.

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El otoño ya está aquí pero nuestra piel no tiene por qué sentirlo
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    Tan rápido como se pasaron las vacaciones de verano: así ha llegado el otoño, con las primeras lluvias, el viento frío y las primeras hojas caídas. No hay que dejarse vencer por el ambiente general: durante la época del año más asociada con el decaimiento es necesario un aporte de energía y cuidar nuestra piel para que cuando llegue el invierno no nos coja con el paso cambiado.

     

    El clima se vuelve más frío y húmedo durante esta época del año, por lo que hay que adecuar los productos cosméticos que utilizamos al ambiente que nos rodea. Además, el verano posiblemente no haya ayudado demasiado a nuestro cutis: con el sol y el salitre del mar la piel se seca en exceso, por lo que resulta necesario volver a tratar con mimo nuestro cutis.

     

    La piel es un órgano grande (de hecho, es el mayor del cuerpo humano) y sobre todo sensible a muchas cosas. Los factores ambientales influyen en su estado, pero no sólo el sol: también el viento, el frío, el humo de los coches, el ambiente seco que dejan los radiadores. Además hay que tener en cuenta los factores que tienen que ver con la alimentación o el consumo de sustancias como el alcohol o el tabaco, que no ayudan precisamente a regenerar la piel, sino que la envejecen prematuramente.

     

    Es conveniente comenzar la estación haciendo una limpieza profunda de cutis y no dejar nunca de lado las cremas nutritivas nocturnas. Eso sí, escoger una que se adapte a nuestro tipo de piel es fundamental para conseguir el efecto deseado. Si a pesar de todo la piel continúa apagada, un serum vigorizante puede ser la solución. La exfoliación resulta fundamental en esta época para eliminar los restos muertos de piel procedentes del bronceado, y los hombres, tan reticentes antes, son los primeros en apuntarse a ella: su piel es más grasa y por tanto necesita limpiar más sus impurezas.

     

    Aunque ya no pasemos tantas horas expuestos a los rayos solares, sigue siendo necesario mantener un aporte abundante y continuo de agua. Ya sabe: dos litros son ocho vasos, uno por cada hora de trabajo. No es tanto y la piel (y el organismo en general) lo agradece. Humidificar convenientemente los ambientes también es necesario, sobre todo en cuanto se encienden las calefacciones.

     

    Permaneciendo atentos a las necesidades de nuestro cutis lo prepararemos sin problemas para el invierno, la época más dura del año para la piel. Si llegamos a él con la puesta a punto hecha, ni el más gélido de los vientos polares podrá con nosotros.

     

     

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