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DISEÑO

Siete días para conocer los edificios de Madrid con los ojos y la boca abiertos

Arquitectura para todos. Inspirada en itinerarios que muestran la historia, la esencia y la imagen artística de este arte, la Semana de la Arquitectura permite a

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Siete días para conocer los edificios de Madrid con los ojos y la boca abiertos
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    Arquitectura para todos. Inspirada en itinerarios que muestran la historia, la esencia y la imagen artística de este arte, la Semana de la Arquitectura permite a los madrileños desde ya y hasta el próximo domingo de casi 300 actividades (ver documento adjunto en PDF con el programa completo). Miles de personas han comenzado ya a disfrutar de las visitas guiadas a edificios notables de Madrid. Son madrileños, casi todos, y turistas de todas las edades, algunos de ellos estudiantes de arquitectura o arte, pero en general personas simplemente interesadas en conocer los secretos de unos edificios que permanecen cerrados al gran público y que a menudo son desconocidos incluso para quienes pasan junto ellos a diario.

    La Biblioteca Nacional, el Matadero, el Museo del Prado, La Casa Encendida o la Fundación Carlos de Amberes son algunas de las sedes de referencia que junto a una veintena de galerías de arte y un centenar de edificios de especial interés arquitectónico ofrecen una amplia visión de la arquitectura que la enmarca como una de las representaciones más importantes del arte.

    Los curiosos hacen colas que en ocasiones llegan hasta la hora y media para visitar edificios como el que alberga el Ministerio de Agricultura, en Atocha; de una hora para recorrer la Bolsa o el Círculo de Bellas Artes, o de media para la ampliación del Reina Sofía, aunque todo depende de la hora elegida para la visita. A primera hora de la mañana se puede ver el vetusto Casino Militar sin demasiada espera, pero por la tarde se hace largo aguardar a que toque el turno de visitar el Caixa Forum o el Real Observatorio Astronómico.

    Los que ya son asiduos de esta Semana de la Arquitectura, que son muchos de los que ya han visitado el Palacio de Abrantes en la calle Mayor o la ampliación del Banco de España diseñada por Rafael Moneo, lo saben y se programan la semana con la intención de ver el mayor número de inmuebles. Alfonso Lafuente de Mier, que está actualmente con el proyecto fin de carrera de Arquitectura, enseñaba la Bolsa a un grupo de 20 personas que nunca había pisado el salón de cotizaciones ni caminado por el salón de los pasos perdidos ni se había fijado en el enorme tamaño de las columnas de la entrada, copiada de la Bolsa de Viena.

    El teatro de las cotizaciones

    Aunque tiene que explicar que esto es una bóveda esquifada y aquello un capitel corintio, también cuenta curiosidades como que este edificio costó 8,6 millones de pesetas y que ocupa el solar que dejó el Teatro El Dorado, derribado por el Estado para liberar el solar a finales del siglo XIX. Tras pedir a sus hoy pupilos que mantengan "la compostura y el silencio" que exigen los pocos corredores de bolsa que a esas horas se afanan en el seguimiento de las cotizaciones, entra con su grupo al corazón de la Bolsa y sale de nuevo para terminar la visita después de tres cuartos de hora.

    Casi el doble dedica Óscar Rocha, que trabaja para la Fundación del COAM, porque el Círculo de Bellas Artes es más grande y tiene más que mostrar. Al frente de un grupo de 25 personas, ninguno de ellos arquitecto ni estudiante de Arquitectura, recorre de arriba a abajo el edificio diseñado por Antonio Palacios y construido en los años 20 del siglo pasado.

    Como los otros guías, ha hecho un curso de 10 horas en el que ha recibido formación sobre la materia que debe enseñar, obtenida del servicio histórico de la Fundación COAM y de las instituciones titulares de los inmuebles, pero también sobre vocalización, manejo de grupos y problemas disciplinarios. Muestra la terraza del Círculo y deja un rato para fotografiar sus magníficas vistas, incluidas otras obras de Palacios como "la nueva catedral de Alberto Ruiz-Gallardón" en Cibeles, y va bajando hasta el salón donde se celebra el baile de carnaval por las escaleras de mármol pulido, en las que lamenta la desaparición de los antiguos ascensores.

    Como Alfonso, Óscar cuenta anécdotas que hacen más entretenida la visita, como que fue tan caro construirlo que faltó dinero para decorarlo, que la Sala de Columnas está en realidad compuesta por "pilares" de sección cuadrada o que otro de los elementos que han desaparecido es una piscina que se cubría con un suelo móvil sobre el que se practicaba esgrima.

     

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