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La extravagancia arquitectónica de Prada

Moda y arquitectura, vestimenta y arte. No resulta difícil hallar las múltiples conexiones que relacionan estos dos campos: las traducciones entre los dos lenguajes se suceden

Foto: La extravagancia arquitectónica de Prada
La extravagancia arquitectónica de Prada

Moda y arquitectura, vestimenta y arte. No resulta difícil hallar las múltiples conexiones que relacionan estos dos campos: las traducciones entre los dos lenguajes se suceden frenéticamente y tanto artistas como diseñadores buscan con frenesí la tan ansiada ‘piedra Roseta’ que los comunica. Chanel intentó el año pasado con más infortunio que éxito instalar un pabellón artístico diseñado por la arquitecta iraquí Zaha Hadid en diversas ciudades del mundo. Ahora es Prada, actual buque insignia de la elegancia italiana, la que ha escogido a un ‘starchitect’ para poner en marcha su proyecto. El elegido, Rem Koolhaas.

 

El edificio del premio Pritzker 2000 para la firma comandada por Miuccia Prada es como un ‘más difícil todavía’ trasladado al universo de la arquitectura efímera y le da la vuelta a la idea de Chanel como si de un calcetín se tratara. Si la firma francesa proyectó un mismo pabellón de formas sinuosas para presentar su exposición en algunas de las principales capitales mundiales (que acabó suspendiendo por culpa de la crisis económica mundial), en este caso ocurre al contrario: como en una especie de universo ptolemaico el centro será el edificio, que dará vueltas sobre sí mismo.

 

El pasado día 14 de enero comenzaron las obras en Seúl, capital de Corea del Sur, entre una gran expectación. Se espera que para marzo esté terminado y a partir de entonces ofrecerá arte, cine, exposiciones y desfiles de moda, entre abril y agosto de este año. Para el arquitecto el edificio será “un organismo dinámico y vivo, opuesto a los objetos estáticos” porque se “transforma” en estructuras distintas para adaptarse a las actividades que en su interior van a tener lugar.  

Hexágono, cruz, rectángulo y círculo. Estas cuatro formas geométricas conforman la partitura con la que el Prada Transformer pretende marcar el ritmo del diseño en una de las ciudades más vibrantes del Asia septentrional. Una vez al mes los paneles rotarán de modo que la estructura cambien también de posición mientras en el exterior el edificio estará cubierto de una piel o membrana adaptable a cada una de las situaciones. Como dicen en el New York Magazine, “este edificio es como una ameba pero en vez de núcleo, aparato de Golgi y ribosomas lo que tiene en su interior es arte, cine y desfiles de moda”. Ahora sólo falta comprobar si durante su periodo de vida consigue cambiar la evolución de la moda y el diseño.

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