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RESTAURANTE

Los grandes chefs, víctimas de la debacle británica

La angustiosa situación económica del Reino Unido no está dejando títere con cabeza y la crisis se siente en todos lados, a la hora de pedir

Foto: Los grandes chefs, víctimas de la debacle británica
Los grandes chefs, víctimas de la debacle británica

La angustiosa situación económica del Reino Unido no está dejando títere con cabeza y la crisis se siente en todos lados, a la hora de pedir la tradicional pinta de draught beer o cuando se va a cenar a alguno de los restaurantes más ‘in’ de la capital británica. A varios de ellos las estrellas Michelín les están sirviendo de poco y se han visto obligados a ofrecer menús a precios casi de saldo, todo un signo de estos tiempos en los que a la libra esterlina le ocurre prácticamente lo mismo.

El vespertino londinense Evening Standard (que acaba de ser comprado por el ex espia del KGB Alexander Lebedev en una operación que ha levantado polémica en el Reino Unido) asegura que restaurantes como L’Atelier, del mundialmente famoso Joël Robuchon y con dos estrellas, o Arbutus, distinguido con una, han tomado medidas de emergencia ante la caída del número de clientes.

“He visto que una serie de restaurantes de tres estrellas Michelín están cada vez más vacíos. La gente quiere hacer una comida simple y rápida. Piden un segundo plato, un postre y luego se van”, asegura Robuchon, que ha utilizado su nombre para abrir otros establecimientos de lujo en mercados asiáticos emergentes. “Es la crisis económica más dura de mi carrera. Los restaurantes van a cerrar si no se adaptan”, remata en declaraciones a la agencia Efe.

 

De hecho, el chef francés ha decidido ofrecer en L’Atelier un menú de dos platos al mediodía por 19 libras (que al cambio actual no suponen mucho más de 20 euros) o uno de tres por 25, mientras que Arbutus, en el Soho, cobra 15,5 libras por tres platos.

 

Mesas libres a cualquier hora

 

Pero hay a quien la crisis ha pillado en medio de un gran proyecto de expansión mundial y ahora no sabe bien qué hacer. Es el caso de Gordon Ramsay, uno de los chefs más mediáticos y ricos –sus ganancias se estiman en unos 15 millones de libras anuales– del Reino Unido. De acuerdo con el diario Daily Mirror, las reservas en sus restaurantes han caído en picado. El periódico recoge las declaraciones de David Ratcliffe, ex manager de Ramsay, para quien “Gordon quiere comerse el mundo con sus restaurantes y abrir más se ha convertido para él en una obsesión. Esta expansión tan rápida ha devaluado la marca”, asegura.

 

El diario llamó por teléfono a varios de los establecimientos de Ramsay en Londres y en todos encontraron una facilidad nunca antes vista para reservar una mesa para el mismo día. “Tenemos sitio a las seis, a las seis y media, a las siete, a las siete y media, a las ocho y a las nueve”, reconocía el manager del restaurante Foxtrot Oscar, en el selecto barrio de Chelsea. En el Boxwood Café de Knightsbridge y en el pub The Devonshire al oeste de Londres, ambos de Ramsay, ocurre algo bastante parecido.

 

Pero no sólo la alta gastronomía está sufriendo por la crisis. Por si todo lo contado hasta ahora fuera poco, resulta que ni siquiera la pinta de cerveza se salva de la quema. La British & Pub Association (BBPA) acaba de informar de una caída del 8,3% de las ventas en el último trimestre de 2008. Al menos se puede decir que los británicos no se han dado a la bebida para olvidar la crisis.

 

El lastre de los impuestos

 

"Cuando se trata de estimular la economía británica [que el pasado viernes entró oficialmente en recesión tras la caída del 1,5% del PIB en el tercer trimestre de 2008], el Gobierno no debería ignorar al sector cervecero y de los pubs", protesta Rob Hayward, director ejecutivo de la BBPA. Hayward y su asociación culpan a la crisis del descenso en las ventas, pero también –y sobre todo– a los impuestos sobre el consumo de bebidas alcohólicas, que han aumentado en un 18% durante el último año.

 

El Gobierno de Gordon Brown trató de compensar la rebaja del IVA en un 2,5% con el aumento de las tasas sobre el alcohol, pero para la patronal de bares la medida no sólo no ha conseguido su objetivo sino que incluso ha dejado de ingresar 181 millones de libras por el descenso de las ventas.

Pese a ser para muchos la bebida nacional, la cerveza muestra en los últimos años un constante descenso entre las preferencias de los británicos, que se decantan cada vez más por beberse un vaso de vino. En la última década, según las cifras oficiales, la industria cervecera están en claro declive: hoy se venden 404 millones de pintas menos al día que a finales de la década 1990.

 

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