¡Oh, Dios mío, vuelve la hombrera!
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¡Oh, Dios mío, vuelve la hombrera!

Quizá pensó que nunca se volvería a repetir. No se preocupe, lo mismo pasó con tantas otras cosas de los 80 y ahí volvimos a caer:

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¡Oh, Dios mío, vuelve la hombrera!

Quizá pensó que nunca se volvería a repetir. No se preocupe, lo mismo pasó con tantas otras cosas de los 80 y ahí volvimos a caer: mallas, pitillos, zapatillas Victoria, colores flúor y camisetas anchas. La hombrera vuelve. O eso parece a la vista de los últimos desfiles de Marc Jacobs en la Semana de la Moda de Nueva York o de los hombros marcados de Amaya Arzuaga o Duyos en Cibeles.

Seguro que todavía recuerda hitos ochenteros como el video musical de Thriller, en el que Michael Jackson lucía unos ostentosos hombros con su inmortal chaqueta roja. O MC Hammer bailando aquello de U Can’t Touch This con su chaqueta trapezoidal. Robert Palmer también lucía las hombreras como nadie en su Simply Irresistible –y sus chicas hacían lo propio con unos vestidos segunda piel, que no los pierdan de vista: también quieren volver-. 

Pero no, la cosa lejos de agotarse siguió. En los noventa siguieron haciéndose querer gracias a esa imagen de ejecutiva que tan bien se lucía en películas al estilo de Armas de mujer: si no llevabas unas buenas hombreras en un traje amplio y con las mangas recogidas no te podías hacer valer.

El que es elemento de protección en deportes muy yankees: el futbol americano o el hockey sobre hielo, desea volver a los armarios. Las hombreras dejan de esconderse en los abrigos y blazers: quieren hacerse notar en muchas prendas. Desde luego es un complemento que sienta estupendamente a las mujeres que buscan realzar una cintura estrecha, ya que dan al cuerpo un aire más equilibrado, pero todo dentro de unos límites, que algunos han decidido saltarse.

Marc Jacobs, el niño bonito de la moda norteamericana, dejó ver en su desfile de Nueva York una marcada apuesta por ella y por los colores flúor. Olvídense de los palabras de honor en troncos escuchimizados, Jacobs apuesta por unos hombros que incluso sobresalen y tienden a ser puntiagudos, muy cerca de las que se gastaba Sean Young con sus trajes en Blade Runner. En Londres Armand Basi, uno de los más aplaudidos, también exhibió trajes con hombros abultados.

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