Barenboim vuelve a una bulliciosa Plaza Mayor de Madrid
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Barenboim vuelve a una bulliciosa Plaza Mayor de Madrid

La Plaza Mayor de Madrid volvió a vivir su propio sueño de una noche de verano: recuperó su capacidad para convertirse en sala de conciertos improvisada

Foto: Barenboim vuelve a una bulliciosa Plaza Mayor de Madrid
Barenboim vuelve a una bulliciosa Plaza Mayor de Madrid

La Plaza Mayor de Madrid volvió a vivir su propio sueño de una noche de verano: recuperó su capacidad para convertirse en sala de conciertos improvisada para recibir a Daniel Barenboim y su West-Eastern Divan.

 

El director argentino-israelí regresaba por séptimo año consecutivo a la capital española, y lo hacía feliz de recuperar su espacio habitual. Sobre todo después de que el año pasado el gran clímax del Festival de los Veranos de la Villa se trasladase al restringido escenario de Puerta del Ángel, que consiguió que muchos entusiastas del director argentino no tuvieran otro remedio que seguir el concierto a través de unas pantallas instaladas para la ocasión.

 

Acompañado de la orquesta que fundó en 1999 junto al sociólogo palestino Edward Said para trasladar al mundo un mensaje de "concordia y entendimiento", vino decidido a meterse al público en el bolsillo con dos bellísimas sinfonías de Beethoven: la Sexta, conocida como la Pastoral, y la Séptima.

 

En la rueda de prensa previa al concierto, Barenboim, Príncipe de Asturias de la Concordia junto a Said, volvía a lanzar un mensaje de entendimiento entre los pueblos palestino e israelí, asegurando que la igualdad es el único medio para conseguir solucionar el conflicto. El artista, que se encuentra de gira por España, confesó además estar encantado. Me gusta mucho el cariño que muestra el público de aquí”.

 

Devotos entre ruidos de platos

 

Las sensaciones se mezclaban en un lugar abierto a todos los curiosos -unos 6.000- que quisieron acercarse y ahí radicó el problema. En los silencios, en las elocuentes disminuciones de volumen de las piezas de Beethoven, los ruidos de pequeñas conversaciones y del trajín de los locales de restauración recuperaban el protagonismo, mientras los más devotos iluchaban por que se mantuviera un silencio sepulcral.

 

Fue, no obstante, una noche en la que los campestres seis movimientos de la Pastoral trajeron hasta tan magno lugar el sonido de la naturaleza: del amanecer, de una primavera rebosante de alegría, de pequeño pájaros cantando.

 

Tras un pequeñísimo ajuste de los instrumentos, la West-Eastern Divan acometió la Séptima Sinfonía, una obra de concepción muy diferente en la que un Beethoven consciente de su progresiva pérdida de audición, mostraba muchos matices. Especialmente en su segundo movimiento, una pieza solemne y vibrante en la que dos melodías transcurren en paralelo reflejando sentimientos encontrados. Los mismos que quizá suscitaron una nueva cita con la música clásica que costó al Ayuntamiento más 315.000 euros. ¿El capricho melómano anual de Gallardón? ¿Una gran cita con una música habitualmente relegada a espacios más elitistas? Cada cual que juzgue por sí mismo.