De María Callas a Jacqueline Kennedy: divas rebeldes
  1. Estilo

De María Callas a Jacqueline Kennedy: divas rebeldes

Hay mujeres que trascienden a su tiempo y cuyo nombre y estilo siguen manteniendo su esencia e incluso su actualidad y pasan por encima de las

Foto: De María Callas a Jacqueline Kennedy: divas rebeldes
De María Callas a Jacqueline Kennedy: divas rebeldes

Hay mujeres que trascienden a su tiempo y cuyo nombre y estilo siguen manteniendo su esencia e incluso su actualidad y pasan por encima de las modas y de los cambios de mentalidad de sus coetáneos. La periodista Cristina Morató ha reunido a algunas de esas mujeres en el libro Divas rebeldes. En esas páginas tienen cabida las historias de féminas con vidas turbulentas, con ideas nada convencionales para la época que les tocó vivir y que las convirtieron en iconos pese a que muchas de ellas tenían metas distintas a esta suerte de gloria que les acompañaría para la posteridad.

La soprano María Callas es la primera de la que se desgrana una historia agridulce. Con más episodios amargos que con buen sabor, y eso que las arias de las grandes óperas seguirán para los restos ligadas a una voz prodigiosa que acabaría perdiendo entre el dolor de un amor por el armador griego Aristóteles Onassis que nunca llegó a buen puerto. Él acabaría casándose con Jacqueline Kennedy, algo que Callas nunca superaría.

Precisamente Jackie Kennedy es otra de las mujeres que forman parte de ese selecto grupo de divas que pasan por encima de épocas y de estilos de vida. Ella, una niña de clase adinerada convivió con la fama y el dinero, se convirtió en primera dama de Estados Unidos pero también supo de las infidelidades de su marido, entre las que destaca el eterno rumor que le acercaba a Marilyn Monroe.

Aunque la ambición rubia no está incluida en la obra de Morató, fue coetánea de algunas de las protagonistas. Tal es el caso de Audrey Hepburn, de quien también se dice que tuvo una estrecha amistad durante algún tiempo con Kennedy antes de que este decidiera casarse con Jackie. Hepburn, hija de madre holandesa, padre inglés y nacida en Bélgica encontraría el cariño y el amor del que aseguraba haber carecido en su infancia en otro lugar: en sus hijos.

Antes de convertirse en madre, en activista a favor de los derechos humanos y embajadora de Unicef, Hepburn tendría otra vida. Ella, que podía recordar párrafos enteros del famoso diario escrito por Ana Frank aseguraba que la historia de aquella joven –a quien por cierto rechazó encarnar ante el público por traerle demasiados recuerdos angustiosos- había transcurrido paralela a la suya. Ella también vivió la guerra, el dominio nazi y la angustia de no saber donde se encontraban algunos de los suyos durante la ocupación. Sin embargo el final fue bien distinto y ella logró vivir hasta los 64 años, cuando el cáncer se la llevó.

Primeras damas, mujeres ricas y amores prohibidos

Esa terrible enfermedad acabaría con Eva Perón –también con Jackie Kennedy- otra de esas mujeres diferentes, con garra y con ganas de cambiar su destino. La actriz que consiguió casarse con el presidente y ganarse el cariño de los votantes, hizo mucho más: luchar por los derechos de las mujeres y dejar su impronta en todo lo que ella encaminó.

La misma huella dejaría Coco Chanel en sus colecciones, aunque tras la muerte de Joe Capel, quien se dice fue su único y gran amor, nunca volviera a buscar nada fuera de su taller de costura y del imperio de moda que, sin saberlo, estaba creando y que ahora se mantiene gracias a la mano de su sucesor.

Sucesores o antecesores que le ayudaran a seguir su camino con el tesón de Hepburn le faltaron a Barbara Hutton, aquella pobre niña rica que con catorce años ya tenía en su poder veintiséis millones de dólares y la tristeza instalada en el corazón. Según cuentan las crónicas, esa cantidad de dinero paradójicamente la haría desdichada y la alejarían del cariño que anhelaba; ninguno de los hombres que estuvo a su lado se acercó por amor.

También marcaría su destino Wallis Simpson, aunque en su caso fuera un amor no permitido para la época. Aquella mujer norteamericana, culta y divorciada haría temblar los cimientos de la monarquía británica al enamorarse de un miembro de la realeza. Su amante, el rey Eduardo VIII –con el que ella en aquel momento curiosamente no tenía intención de casarse- renunció a sus derechos dinásticos y abdico para estar con ella. Simpson se convertiría en una de las mujeres más odiadas por los británicos y, sin embargo, contó con la adoración más profunda por parte de quien podía haber dominado un imperio que entonces llegaba hasta la India.

Estas siete mujeres, cuyas vidas bien merecen ser contadas, conforman un universo de divas que tuvieron todo, al menos en apariencia, pero que lucharon por lograr sus propias metas alejadas de los lujos y el dinero. Algunas, como Audrey, parece que lo lograron, otras quizá no tuvieron tanta suerte. De cualquier modo, sus historias serán recordadas durante siglos como las de mujeres distintas, con carácter que no quisieron doblegarse a lo que imponían los cánones.