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Cuatro lugares donde preferirías estar ahora mismo

La Atlántida sumergida, un sueño loco oriental, el mejor vino o un retiro a cuerpo de rey. Estos 4 hoteles te ayudarán a superar el "síndrome del oficinista'.

Foto: Cuatro lugares donde preferirías estar ahora mismo

El Hotel Perivolas será tu Atlántida Sumergida. El Mamá Shelter tu locura oriental. Casa Josephine, el mejor vino. Y el Château de Saint Paterne, no el descanso del guerrero, sino el de un príncipe. En estos hoteles, en tus sueños o en tu realidad, podrás superar el 'síndrome del oficinista'. Cambiar pantallas por cielo azul.

Deja el traje de Mr. (o Mrs.) Scrooge y ponte el gabán del Corto Maltés. Nos vamos de hotel. Te sentirás en la mítica Atlántica sumergida en el Perivolas. Porque aquí, en Oia, sobre la isla griega de Santorini, hay una puesta de sol que hasta los perros corren a ver. Mira qué abrazo se dan Europa y Asia en el viejo Estambul. Está a la vista en el novísimo hotel Mama Shelter, una locura con terraza salida de la chistera de Philippe Starck. Y Baco, ya quisiera haberse perdido en La Rioja, o en Casa Josephine. Te embriagará. En el Château de Saint Paterne, entre la Región del Loira y Normandía, vivirás a cuerpo de rey, de condesa o de marqués.

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1. MAMÁ SHELTER (ESTAMBUL, EN TURQUÍA)

Deja tus maletas aquí, entre Asia y Europa. En este hotel que te invita nada menos que a reír, o “a redactar tus últimos informes, pero solo si hace falta” (cita irónica y textual).

Por qué preferirás estar aquí. Porque tiene un pie puesto en el viejo y vivido corazón de Estambul y otro en la modernidad más arrebatadora y juguetona del mago francés del diseño, Philippe Starck.

Qué vas a encontrar. El cielo estrellado de la antigua Bizancio y la nueva Estambul como un sombrero de copa sobre tu cabeza. Toda la ciudad a tus pies y lista para conquistar. Desde el balcón privilegiado de una habitación con cineclub, pantalla LED, wifi, frigorífico y escritorio. Por si llegan las Musas con sus prisas y te tienes que poner a escribir. Preparado todo por ‘Mamá’.

No te pierdas. El histórico barrio de Beyoğlu, del siglo XIX, donde se alza el hotel. Había caído en el olvido y hoy vive una gloriosa resurrección. Con galerías de arte, teatros, bares, cafés y restaurantes. No te ates al mástil ni te tapes los oídos: todos los cantos de sirena de Estambul son para ti. Te gritan desde el mar Bósforo, el Gran Bazar, el Bazar de las Especias, Santa Sofía o la Mezquita Azul.

2. CASA JOSEPHINE (LA RIOJA, EN ESPAÑA)

Esta casa es como el buen vino. No merece sobriedad (la de no empinar el codo y beber). Te puedes dejar llevar de sobra por tus ojos y tu nariz de sumiller. Querrás catarla.

Por qué preferirás estar aquí. Porque no es un hotel sino un estilo de vida. Y Sorzano, el pueblo riojano que lo acoge, “un pueblo de verdad”, dicen sus dueños. Con 200 habitantes, decenas de caminos para tus pies, huertas donde nada se llama 'orgánico' porque ya todo lo es, un bar que es 'el bar', un restaurante (idem), una panadería, una tienda de comestibles, y un productor artesanal de aceite y otro de embutidos. Respira y suspira. Por fin, podrás utilizar la estrategia del caracol. En tu marcador: 0 prisas.

Qué vas a encontrar. Un hotel que es una casa familiar del siglo XIX cuidada hasta decir ya y donde se ha instalado cierto espíritu feliz. Piezas de anticuarios, rastros y ‘brocantes’ puestas aquí y allá; colores de un nuevo parchís y muchas flores, no todas, en jarrón. No extraña que, de paso, la casa sea estudio de arquitectura y decoración, escuela y hasta tienda en la red (un plato francés años 20, un 'quilt' de patchwork, 2 sillas de forja). Afrancesado pero en La Rioja, 'Josephine' tiene su bodega y su 'nariz’ independiente como la de Gógol (la sumiller Lidia García Merino).

No te pierdas. El vino de la casa y de la zona. Y más allá del líquido (y báquico) elemento, los pueblos de El Ciego y Laguardia, en la Rioja Alavesa, y Haro y la comarca de Sonsierra, en la Rioja Alta.

3. HOTEL PERIVOLAS (OIA-SANTORINI, EN GRECIA)

Como una isla dentro de la isla. Un pequeño paraíso blanco rodeado de azul con una piscina que se pierde en el mar. Y en la ladera que esculpió el volcán.

Por qué preferirás estar aquí. Porque es ‘cicládico’ (el sueño de las islas Cícladas), marinero y enhebrado en blanco y azul. Porque es Egeo cien por cien, y porque se deja caer en una loca aventura de vuelo sin motor hacia el mar. Porque es tierra (está excavado en la roca en el acantilado que hizo el volcán) y agua (su piscina es, ¡fuera matemáticas!, infinita). ¿Te imaginas como puede ser la puesta de sol?

Qué vas a encontrar. La casa familiar en la que echó el ancla el capitán de la marina griega nacido en Odessa (Ucrania) Manos Psychas en 1950. Un trozo de acantilado con cuevas, un refugio idílico, un canto a la artesanía local y al estilo de vida de las Cícladas. 17 suites de techos abovedados y claraboyas, sofás a ras del suelo y muros blancos. Solo los textiles ponen otro color (morado o rosa). No hay televisión ni DVD; reina la desconexión.

No te pierdas. La puesta de sol de la misma ciudad de Oia, un espectáculo que ni los perros se quieren perder. Lo verás como una película, entre otros peregrinos, desde la mejor de las butacas y sin taquilla. Pisa el suelo volcánico de Santorini y pierde tus ojos en su mar. Tal vez tú encuentres (o sueñes) la Atlántida Sumergida, la ciudad ideal según Platón. Más madera: la isla tiene forma de luna.

4. CHÂTEAU DE SAINT PATERNE (ALENÇON, EN FRANCIA)

Un castillo de época en medio de un jardín-bosque de árboles seculares con piscina y unos anfitriones de novela (Charles-Henry y Ségolène de Valbray, los herederos de la 'maison'). Disfrutarás del encanto de un ‘chàteau’ privado en un hotel de lujo y público.

Por qué preferirás estar aquí. Es un 'château' genuinamente francés. Te sentirás como un rey o el más privilegiado de los súbditos. La decoración y el trato son realmente aristocráticos, y el precio, popular (desde 145 euros).

Qué vas a encontrar. Habitaciones como la de Henry IV o la de Madame, que te llevarán hasta las páginas de una novela romántica o un libro de historia. Camas con dosel y mobiliario de época. Y a Monsieur De Valbray, el anfitrión (autor de varios libros de cocina), que te servirá el cóctel en la sala de estar y la cena en el salón.

No te pierdas. La región del Loira, con todos sus castillos, y Normandía, cuna del impresionismo (en Giverny vivió Monet), con sus granjas de patos productores de 'foie' y sus ostras a precio popular, y además, en el 70º aniversario del Desembarco. En el medio, está el château. Aprovecha para visitar el mágico pero real Monte Saint-Michael, asomado al Atlántico, en la isla que hace y deshace la marea. Pellízcate, no estás soñando.

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