Comer ante internet, la última locura de las adolescentes coreanas
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Comer ante internet, la última locura de las adolescentes coreanas

El ‘mok-bang’ es la moda de comer delante de una cámara de vídeo y subirlo a Youtube que está pegando fuerte entre las niñas coreanas.

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El ‘mok-bang’ es la moda de comer delante de una cámara de vídeo y subirlo a Youtube que está pegando entre las niñas coreanas. Arrasan emitiendo sus panzadas solitarias en streaming y abren el interrogante de que lo cotidiano pone, como pequeños granhermanosdonde la privacidad era anécdota,y se premia el voyeurismo más estrafalario. Hasta han salido cuencos de arroz para dejar el móvil mientras se graban. Es rizar el rizo del selfie en momentos que hasta ayer eran privados…

No hay que ser demasiado orwelliano ni philipkdickiense ortodoxo para percatarse de que la distopía es ya, aquí y ahora. La sociedad ficcionada de cyborgs solitarios que tienen sexo con máquinas y dejan de comunicarse como humanos está sucediendo ahora mismo, solapando lo que todavía pervive en nosotros de instinto orgánico y costumbre analógica. Mientras nos comunicamos remotamente con desconocidos, bailamos música electrónica y nos tranquilizamos con benzodiacepinas, hemos entregado lo que culturalmente fue un sanctasanctórum, la privacidad, a la comunidad, como una manera nueva y distinta de tejer un nuevo honor humano.

Somos selfies que miramos a la cámara de nuestro móvil para que la comunidad nos reafirme y para que nos envidie, soltamos instantáneas de nuestros viajes, nuestras fotografías de infancia, el interior de nuestras casas, nuestrosanhelos, decisiones, culturas… Lo hasta ayer privado es ahora patrimonio de todos, y parece que, en ese repliegue de la privacidad, en este nuevo dédalo de mostrarnos a nosotros mismos, se encierra una nueva humanidad, la del “yo digital” de un ser cambiante y complejo que debe ser amado y admirado desde otros ángulos.

Pero este ser cambiante que, hasta comparte su propia comida para un menú global instagramero que llene de likes su estómago y su paladar,también encierra monstruos. Así, el exhibicionismo general ha convertido en pornografía la cotidianidad. En Corea del Sur no les ha debido de parecer suficiente con lo de los selfies y los primeros planos de los tallarines que estás a punto de jalarte, y ahora, como en un Gran Hermano con la comunidad, decenas de jóvenes se transmiten a ellas mismas en streaming a la hora de comer. Bajo el término ‘mok-bang’, que literalmente quiere decir “emisión de comida”, una nueva generación de surcoreanas, portátil mediante, arrasa en sus canales personales de YouTube o en televisiones privadas como Afreeca TV dejando que el público las vea comer.

Fideos en sopa sorbidos lenta y plácidamente, buñuelos de arroz deglutidos sin dejar de mirar a cámara, sopas aspiradas con leves timbres de boca… En la soledad de la habitación-cenador, la "artistadel comer", rodeada de comida y comida, despliega una sinfonía de ruidos y exhala placer de hartazgo, arrullada por sus viandas (y, secretamente, también por la satisfacción que encuentra todo artista en el éxito, aunque sea zampando frente a la cámara rollitos para cuatro y sopas de tamaño olímpico). El aplauso virtual llega a través de comentarios en los chats interactivos y losartistas del comer, suponemos, regocijan a su público con nuevos mordiscos, suspiros concupiscentes, ataques de palillos… Como en un peep show multimedia, la orgía del ‘mok-bang’ es el deglutir armonioso, sin prisas, beatificando los kilos de arroz y sopas de pescado que desfilan por las pantallas de la doblemente voraz audiencia.

A diferencia de aquel artista del hambre kafkiano, que moría en su jaula abandonado de todos, las niñas del ‘mok-bang’ son auténticas celebridades. Comen de una manera sostenida cantidades enormes de comida, sin importarle ese manchón de salsa que queda en su mejilla o masticando alegre y soezmente, como si no hubiese decoro en su ejercicio. La jefa del asunto se hace llamar The Diva,y se presenta con el mismo background todos los días a las ocho de la tarde, dispuesta a engullir en solitario para el extraño deleite de una audiencia hambrienta de la intimidad de otros.

Algunas, como Levi, cocinan un caldero oriental en su mismo cuarto, mezclando en una misma mesa los pucheros y el ordenador. Esta extraña tendencia de ver al otro en un acto doméstico, humano, cuasi-privado, es el modo de vida para alguna de estas "artistas del comer", que son pagadas, dicen, con hasta 3.000 dólares por algunos de sus vídeos. A diferencia de las celebridades comiendo, que regresan a su estadio humano en actos domésticos y soeces como el engullir un sándwich, las niñas del ‘mok-bang’ basan su fama en la domesticidad misma.

Nos preguntamos qué será de este fenómeno y de qué manera llegará aquí, si tendremos mobankeras comiendo croquetas (o cocretas) delante de su webcam, y si acaso no derivará en algo más escatológico a medida que la curiosidad insaciable del humano de internet va chocando con todos sus vicios por la galaxia multimedia.

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