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Sin miedo a volar: todo lo que necesitas saber antes de montarte en un avión

Si eres de los que empieza con sudor frío la noche anterior a embarcar en un 737, no vamos a intentar convencerte. Sabemos lo que significa entrar en pánico.

Foto: © Los amantes pasajeros
© Los amantes pasajeros

Si eres de los que empieza con sudor frío la noche anterior a embarcar en un 737, no vamos a intentar convencerte de nada. Sabemos lo que significa entrar en pánico cuando el avión despega y las alas se ladean tanto que da la impresión de que van a tocar el suelo o cuando las turbulencias se convierten en una montaña rusa que no parece tener fin. Si te sirve de consuelo, la tasa de bajas que se producen al año en las fatalidades aéreas son ridículas en comparación con la cantidad de gente que fallece en las carreteras de todo el mundo. Hablamos de 449 muertes en accidentes aéreos en 2013 y en todo el planeta frente a los 1.420.000 de las producidas en las carreteras, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Aun así, es cierto que montarse en un avión tiene ciertas consecuencias que es mejor conocer. Desentrañamos todo lo realmente importante, eso de lo que tienes que estar enterado para sobrevivir a tu viaje, sea de la duración que sea.

POR QUÉ TIENES TANTA SED A 33.000 PIES

En nuestro hábitat natural (la ciudad o nuestra propia casa), la humedad relativa del ambiente que nos rodea jamás baja del 35%. De hecho, lo normal es que se sitúe en el 50% o que alcance el 70 o el 80% en lugares de playa o urbes cruzadas por un río de buenas dimensiones. Pues dentro de la cabina de pasajeros del avión la humedad se reduce a un mínimo 5%. Para que te hagas una idea, hasta el desierto más inhóspito del planeta llega al 10% de humedad relativa. Esa es la causa que provoca esa sed sorpresa cuando estás de viaje y también que desees con todas tus fuerzas que las azafatas vayan más rápido con el carrito de las bebidas. Para paliar la deshidratación general de tu organismo, lo que deberías hacer es tomar al menos 250 ml más de líquido del que beberías normalmente por cada hora de viaje.

 

Y POR QUÉ NO DEBES ABANDONARTE AL ALCOHOL

Los anglosajones tienen una palabra para describir ese momento ‘me he pasado con las minitallas de J&B que me ha dado la azafata’: air rage. Y se refieren a los ataques de agresividad que sufren algunos pasajeros sin motivo (bueno, sí, están esas copas de más y cierto mal beber) cuando el avión ya está en ruta y sin incidentes. La explicación está en que a esa altitud (unos 11 kilómetros por encima del nivel del mar) se tiene un nivel mucho más bajo de oxígeno en sangre, lo que provoca que el alcohol se suba a la cabeza a velocidad de vértigo. Eso significa que te emborrachas mucho antes y con menos copas. Resumiendo: un solo whisky puede hacer el efecto de tres, y de golpe. El resto lo añade tu histeria personal. Y sucede hasta en las mejores familias: le ha pasado a Melendi, pero también a la sobrina de Ralph Lauren, quien, por cierto, se ha enfrentado a una posible pena de cárcel. Mejor pensárselo dos veces antes de atacar el minibar.

POR ESO MISMO NECESITAS UNA CREMA HIDRATANTE...

El rostro se pone tirante en cuanto llevas 45 minutos de vuelo porque la ausencia de agua en el ambiente, los químicos higienizantes que se usan para reciclar el aire y la presurización artificial de la cabina prácticamente absorben la hidratación de tu piel. Las cremas son imprescindibles, mejor cuanto más emolientes porque además te protegerán del efecto cortante del chorro de aire acondicionado.

...Y BÁLSAMO DE LABIOS

Con más razón todavía porque la piel de esa zona es, en realidad, una semimucosa sin glándulas sudoríparas que regulen su temperatura y sin capa córnea que la proteja de las agresiones externas. Y necesita del contacto constante de la saliva para mantenerse en equilibrio. Pero cuando el avión te seca la boca, lo siguiente que se arruga son los labios. Aplícate el bálsamo cada media hora y procura no pasarte demasiado la lengua por ellos porque lo único que vas a conseguir es empeorar la situación.

 

ENCIMA, PIERDES EL GUSTO

Según aumenta la altitud, el cambio de presión en la cabina del avión produce un curioso efecto en tus papilas gustativas: pierden hasta un tercio de su capacidad para distinguir los sabores. Y esa puede ser una de las razones por las que la comida de las compañías aéreas tiene tan mala fama… No, ni siquiera nosotros nos lo creemos. A efectos prácticos, lo que tienes que saber es que los helados mantienen todo su sabor y que hay un antídoto para esa situación: el tomate es uno de los pocos alimentos que consiguen que recuperes la plenas facultades de tu sentido del gusto, según un estudio que ha realizado Lufthansa. 

TIENES MÁS POSIBILIDADES DE PONERTE ENFERMO

Pero eso solo sucede en los viajes largos. La culpa la tiene, una vez más, el sistema de aire acondicionado y reciclado en el que te ves inmerso durante varias horas. La sequedad del ambiente acaba evaporando la humedad de las mucosas nasales, que, cuando están húmedas, atrapan los gérmenes y son tu primera línea de defensa contra los virus. La estrategia adecuada consiste en mejorar el sistema inmunitario con una alimentación adecuada antes de entrar en el avión. Tampoco viene mal meter en el neceser un spray nasal de los que mejoran las defensas y utilizarlo cada seis horas de viaje. Incluye también unos geles antisépticos y antibacterianos y lávate las manos con ellos cada vez que toques algo del avión. Suena exagerado, pero compartes un espacio muy pequeño con otros 300 pasajeros y cada uno de ellos aporta sus gérmenes personales a ese caldo de cultivo.

Y PIERDES AUDICIÓN

Sobre todo, si no te quitas en todo el vuelo los auriculares de las películas o del iPod. Cuando lo hagas, seguro que notas una sensación de borrón auditivo. Se produce por un mecanismo denominado 'cambio temporal en el umbral auditivo' que altera la sensibilidad de tus oídos para proteger los nervios. Se pasa más o menos a los quince minutos del aterrizaje, pero si quieres evitarlo, siéntate en la parte delantera, donde el ruido del motor es menos intenso.

EL SÍNDROME DE LA CLASE TURISTA TAMBIÉN TE PUEDE DAR EN PRIMERA

Cierto es que viajar en un asiento de dimensiones reducidas donde doblar las piernas es misión imposible y cambiar de postura un anhelo difícil de cumplir no es la situación ideal para llegar a buen puerto en condiciones saludables. Pero si te tiras cuatro horas seguidas viendo películas en tu cómodo asiento de bussiness y no mueves ni pie ni pata, también entras en la lotería de la trombosis. Lo advierte la Organización Mundial de la Salud, porque permanecer inmóvil durante ese periodo de tiempo en una altitud como la que alcanzan los aviones ralentiza el flujo sanguíneo y la sangre se coagula con más facilidad, lo que puede dar lugar a que se produzcan trombos. Y si eres mujer y tomas la píldora anticonceptiva con estrógenos, ten en cuenta que estos pueden producir un ligero aumento en la coagulación de la sangre. Eso no sucede con los anticonceptivos basados en progesterona.

PERO CUANDO DESEMBARCAS, ESTÁS EN EL PARAÍSO

¿O no?

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