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Otoño viajero

A dos pasos: escapadas de corta distancia y alta intensidad

El plan es escaparse. Huir de lo cotidiano pero no por el camino de la fantasía sino por el de la realidad. Nos vamos. Y no muy lejos sino tan cerca. A dos pasos.

Foto: ©Turismo Valles Pasiegos
©Turismo Valles Pasiegos

El plan es escaparse. Huir de lo cotidiano, pero no por el camino de la fantasía sino por el de la realidad. Es verdad que Don Quijote creyó que los molinos de Consuegra (u otros) eran gigantes y que hay que echarle mucha imaginación para ver a los romanos de la antigua Roma imperial bañándose en las termas del balneario de Alange, pero esta vez vamos a dejar los libros y las ensoñaciones, de momento, en la maleta. Porque nos vamos. Y no muy lejos sino tan cerca. Estos destinos deliciosos están ahí, a dos pasos nada más.

UN BALNEARIO DE ORIGEN ROMANO EN ALANGE (BADAJOZ)

Estamos tan inmersos en los spas y tan rodeados de tratamientos de última generación arropados por las firmas cosméticas más vanguardistas que olvidamos que los balnearios fueron una vez romanos. Como este, el de Alange, en Badajoz (a un paso de Mérida), que ya existía en el siglo III después de Cristo, eso sí, no en los tiempos de César ni en los de Augusto. De la época romana quedan dos termas circulares techadas con cúpulas que, por supuesto, han sido declaradas Monumento Nacional y, más todavía, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y de la árabe, el nombre, Alange, que significa 'agua de Alá'. ¡Cómo no vamos a querer ir! Hoy es toda una estación termal. 

RECUERDA: este balneario sigue utilizando sus aguas mineromedicinales para el tratamiento y prevención de diversas enfermedades, sin olvidar el ocio puro y duro. Hay programas intensivos de uno a cuatro días que incluyen alojamiento en uno de sus hoteles y pensión a elegir.

LOS QUIJOTESCOS MOLINOS DE VIENTO DE CONSUEGRA (TOLEDO)

No sabemos si hechizo, pero el encanto, desde luego, lo tienen. Se yerguen tan desafiantes sobre la loma, tan seguros de sí mismos que casi parecen gigantes. Nunca está de más recordar al ingenioso don Quijote en estos tiempos tan 'cuerdos', que para algo es el hidalgo patrio que nos enseñó lo locos que nos vuelve leer. Pero es que, además, la estampa de los molinos de viento, y más si es al atardecer, cuando el cielo se incendia, es soberbia. La mejor, como siempre, desde una carretera secundaria: la CM400. Estás en plena Mancha con todo su tipismo. Además de acercarte al pueblo, con su presumida Plaza Mayor, puedes subir al Cerro Calderico, coronado por su castillo medieval, aunque solo sea por sus vistas sin precio. Y para alojarte, ¿qué tal una casa manchega del XIX? No perderás el hilo de esta novela de caballeros andantes en el hotel rural La Vida de Antes

RECUERDA: los molinos son doce, tantos como apóstoles, y fueron construidos entre los siglos XVI y XIX, y restaurados a finales del XX. El más famoso es el Molino Rucio, que abrió sus puertas a los visitantes en diciembre del año pasado y conserva la maquinaria del XIX.

VALLES PASIEGOS, EL OTOÑO ERA ESTO

Es una de las estampas más bucólicas y ocres del otoño, el paisaje que se desliza ladera abajo, dibujando senderos verdes y un gran entorno rural. Aquí podrás curarte de tu exceso de ciudad, entre cabañas pasiegas (con tejado de pizarra, mitad casa, mitad cuadra), cuevas prehistóricas y una gastronomía de altura, presidida, en lo dulce, por los famosos sobaos y la también encumbrada quesada. Te parecerá que estás perdido en un rincón remoto y lo estás -son tres valles, los de los ríos Pas, Pisueña y Miera, que se miran a sí mismos, acostumbrados a relacionarse solo entre sí, vía trashumancia, y a menudo aislados por la nieve-, pero apenas te habrás alejado de Santander. ¡Y casi puedes tocar el mar! Esta comarca te enamorará como lo suelen hacer los libros y las casas con mecedora y chimenea. Para los que les gusta situarse en el mapa: estamos al sureste de Cantabria, lindando con Burgos.

 ©Turismo Valles Pasiegos
©Turismo Valles Pasiegos

RECUERDA: las tres villas pasiegas de Vega de Pas (gloria a sus quesucos y su mantequilla casera), San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera son el ejemplo (medieval) de lo que es esta comarca 'gran reserva'. En Puente Viesgo tienes un balneario mayúsculo donde descansar otoñalmente y unas cuevas con pinturas rupestres para visitar.  

CUENCA, NO SOLO CASAS GOLGADAS

Es turismo de interior, casi de la España profunda y muy setero, por cierto. En Cuenca uno tiene la sensación de haber llegado a las fuentes de algún Nilo aún por descubrir, un remanso castellano que resulta la mejor de las terapias. Es rural, sí, pero también tiene su Museo de Arte Abstracto, que legaron Rueda, Torner, Zóbel, Saura (aquí también su Fundación, la Casa Zavala) y otros, embriagados de modernidad en los sesenta. Y es que esta ciudad es abstracta de por sí. Solo hay que verla, resistiéndose a ser como las demás.

¿Cómo puede estar encaramada dónde está y sobre el precipicio?  ¿Y cómo ha podido conservarse así? Con sus Casas Colgadas (también llamadas Voladas o del Rey) con balcones de madera, como la que acoge el museo, un laberinto arquitectónico para un laberinto artístico, y su puente de San Pablo, la pasarela colgante sobre el río Huécar, que uno espera cruzar para alzarse sobre la garganta profunda y llegar hasta el convento de San Pablo, donde se oficia la misa de la vanguardia (Espacio Torner, hoy cerrado, víctima de la crisis), y volver la vista atrás para contemplar la ciudad exhibiéndose desnuda con descaro.

©Turismo Castilla-La Mancha
©Turismo Castilla-La Mancha

RECUERDA: tienes un Museo de las Ciencias de nuevo cuño en la vieja judería, un espacio nombrado Ars Natura (centro de interpretación de las singularidades del entorno ubicado en el Cerro Molina) y muchas casas de colores en los alrededores de la Plaza Mayor. Y está a solo hora y media de Madrid, más o menos. Hay bares y restaurantes a montones. Y un hotel con encanto en pleno casco histórico y sobre la Hoz del Huécar que te gustará: el Convento del Giraldo

UN CASTRO CELTA A ORILLAS DEL MAR PARA VER EL MEJOR ATARDECER

Es el Castro de Baroña, en Porto do Son (La Coruña), en esa tierra última llena de promesas de mar. Este castro costero, uno de los mejor conservados de Galicia, está en un pequeña península que se adentra en el Atlántico y se remonta al cambio de era, del siglo I a.C. al I d.C. Aún puede verse (adivinarse) su sistema defensivo, con una primera línea de foso y muralla para proteger el istmo, y una segunda que rodea las habitaciones, de planta circular u ovalada. Vivían y trabajaban aquí nuestros antepasados. Estarás ante una estructura arquitectónica compleja que salva con pericia y belleza antigua las dificultades del terreno.

 ©Turismo de Galicia
©Turismo de Galicia

RECUERDA: tú también te quedarás de piedra: ante la grandeza de este asentamiento primitivo y ante la belleza del paisaje, más si llegas, entre los pinos, andando (obligatoriamente, solo 500 metros) a la caída del sol. Te preguntarás si hay mejor mirador, con el faro de Ribeira avisando a los barcos a lo lejos. La niebla, aunque lo ciegue, lo hace aún más especial. Y el bar O Castro esperándote.

TOSSA DEL MAR: POR QUÉ HA SIDO REFUGIO DE ARTISTAS E INTELECTUALES

Fue la Turissa romana, la Tursa medieval y es la Tossa moderna, la que robó el juicio (o se lo dio) a artistas e intelectuales que vieron en ella una Arcadia con castillo y junto al mar. En plena Costa Brava (Gerona), donde el paisaje se vuelve accidentado y los acantilados y miradores se resuelven en caprichosas formas, dibujando entrantes y salientes, playas y caletas. Uno quisiera quitarse el sombrero aquí, entre los términos de Lloret de Mar y Sant Feliú de Guixols, en medio de esta naturaleza mediterránea, bautizada como el Macizo de Cadiretes, reserva natural a 519 metros de altitud, el preludio de la amurallada Tossa, tan siglo XIII, abrigando su Villa Vella. Poniendo a salvo sus casas y calles viejas, mientras deja el Barrio de Pescadores de Sa Roqueta extramuros, a la intemperie y al amparo del mar.

 ©Oficina Municipal de Turismo
©Oficina Municipal de Turismo

RECUERDA: las vistas del Cabo de Tossa y del recinto amurallado de la ciudad vieja, más ahora que no hay bañistas sobre la arena de la playa Menuda, son más que un regalo. Y pensar que por aquí estuvo Ava Gardner (para rodar Pandora y el holandés errante en 1950). Si buscas un lugar donde alojarte, tal vez te gusten los apartamentos de la Villa Romana, asomados al mar.

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