Una Ibiza fuera de temporada: así se disfruta de la isla con amenaza de tormenta
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Una Ibiza fuera de temporada: así se disfruta de la isla con amenaza de tormenta

Visitar uno de los lugares más famosos del Mediterráneo en octubre es una lotería. Con mal tiempo o no, es posible saborearla con planes alternativos. Aquí, la guía definitiva de sus imprescindibles

placeholder Foto: Azotea del Patchwork, en la playa de Talamanca de Ibiza (Cortesía)
Azotea del Patchwork, en la playa de Talamanca de Ibiza (Cortesía)

Visitar Ibiza en octubre es una ruleta rusa. Si tienes suerte y Zeus está de tu parte, podrás disfrutar de la isla pitiusa sin aglomeraciones ni agobios mientras saboreas un mojito a un precio insultante. Si el tiempo se vuelve en tu contra, por supuesto, todo cambia (excepto el precio del mojito, claro). Tras dos fuertes tormentas en los meses anteriores, una de las cuales trajo consigo un tornado en Sant Antoni, los habitantes de la isla temían los oscuros pronósticos climáticos.

Al tomar una caña en una terraza de un puestecito del mercado de la plaza del Passeig de Vara (por 1,75 euros, algo insólito en Ibiza), una voz advertía por el altavoz a los tenderos de la cercanía de una tormenta que, según todos vaticinaban, sería digna de una tremendista película de catástrofes. “Se esperan lluvias más fuertes de lo normal. Los que tengan materiales sensibles al agua en sus puestos han de venir preparados con plásticos especiales. Parece que vendrá una buena”. Al margen de no entender qué tipo de plástico era uno acompañado del adjetivo 'especial', había llegado el momento de comenzar a asumir que pasar el día siguiente en Formentera no era una posibilidad.

Las aplicaciones del tiempo son menos fiables que un novio que aparece por sorpresa con un ramo de flores. La temida tormenta eléctrica y las lluvias interminables, esas que comenzaron a las cuatro de la mañana, tampoco fueron tan estrepitosas como todos pensaron, pero sí lo suficiente como para que cualquier plan de playa y terracitas al sol fuera desechado. Se acabó el desayunar a la orilla del mar como las mañanas anteriores.

La opción perfecta cuando el sol se esconde la encontramos en Box7 (Paseo de Juan Carlos I, 39), donde es posible disfrutar de un buen café (no es fácil en la isla) y de alternativas idóneas para los que no quieren las clásicas tostadas. Su ensalada de frutas con muesli y yogur merece la pena. En su terraza perfectamente aislada puedes comenzar el día con fuerza mientras las calles se empapan y planeas cómo pasar el día sin bikinis de por medio.

Si te despiertas con hambre, otra opción es el desayuno bufé del Hotel Gran Ibiza (Paseo Juan Carlos I, 17). Su propuesta incluye nueve estaciones (una 'healthy' incluida para los que no quieren descuidar su silueta) y la posibilidad de que te preparen al momento unos churros o unos huevos revueltos deliciosos. Si tienes un presupuesto ajustado (no hemos de olvidar que Ibiza es Ibiza, e incluso en temporada baja, desayunar un café y un sándwich mixto ronda los 15 euros por persona), puedes acercarte al Hotel Ses Figueres (Carrer ses Figueres, 18), a pie de la playa de Talamanca. El mixto cuesta 3,95 euros y el desayuno-bufé, 7,95 euros.

Acércate al centro tras disfrutar del desayuno y descubre las tiendas que esconden mucho más que 'souvenirs'. El mítico Holala! (Plaza del Mercado Viejo 12), con boutiques en Los Ángeles, París, Sitges, Saint-Tropez y Barcelona, tiene un lugar destacado en la isla. Si te has cansado de vestidos blancos de croché, nada como echar un vistazo por sus dos plantas, en las que encontrarás chaquetas 'bomber' de todos los estilos y vestidos 'boho' únicos.

Tesoros (y ropa) 'vintage'

Si lo tuyo no es el 'vintage', pero tampoco tienes ganas de rafias y de los capazos clásicos en época de playa, en la tienda Ángel Álvarez (Carrer de Guillem de Montgrí, 2) encontrarás bolsos de piel que emulan a las grandes firmas. Un calco del Drew de Chloé por 249 euros y una estantería con modelos de todos los colores y tamaños en la estela del Birkin de Hermès son algunos de los atractivos de esta tienda. Pero cuando la cartera está repleta y no hay ganas de segundos platos, sino de primeros, en la boutique NYC (Paseo Vara De Rey, 8) encontrarás diseños de las grandes firmas con los que ahogar las penas de la lluvia.

Para comer, nada como una visita a Can Berri Vell (Plaça Major, Sant Josep de sa Talaia), en Sant Agustí (hay que demostrar que no solo se alquila el coche para visitar calitas, esas prohibidas cuando la lluvia no cesa). Se trata de un templo de la cocina mediterránea creativa situado en una imponente casa familiar ibicenca del siglo XVII. No dejes de probar su arroz meloso de sepia y espardeñas en caldo de cangrejos y alga wakame.

Pocas cosas apetecen más que tomar una copa en una terraza con vistas al mar, pero cuando el tiempo no acompaña, un plan alternativo en el que el calor artificial entra en juego suena apetecible. Una vez hayas hecho la digestión (procura no haber ingerido nada las cuatro horas anteriores), visita Hot Yoga Ibiza (Carrer de Corona, 1). Asegúrate de llegar quince minutos antes de tu clase para estirar de forma correcta y despejar la mente. Según la semana en la que te encuentres, podrás disfrutar de horarios de tarde en los que atreverte con una clase intensa de Hot Yoga a cuarenta grados de temperatura en la que hacer 26 asanas.

Tal vez tras el ejercicio se te haya abierto el apetito, y la idea de pasar el resto de la semana sin bikini (el tiempo anunciaba nubes y lluvia el resto de la estancia) quizás te empuje a tomar un helado tras haber quemado calorías de la mano del yoga más caluroso. Los de Gelato Ibiza (Passeig Vara de Rey, 12) son artesanales y tienen poquísima grasa y azúcar. Dulce de leche casero, sándwich Paleo o cookies de manteca de almendra sin gluten ni azúcares son otras de sus inolvidables propuestas.

Por fin el temporal había amainado y pudimos ir a uno de los restaurantes más recomendables de Ibiza: el Chiringuito de Sa Punta. No esperes leer una carta de la que elegir tu plato preferido ni escuchar 'chill out' en camas balinesas.

En este restaurante, todavía no masificado por los turistas por encontrarse en la parte más oriental de la playa de Talamanca, el camarero canta los pescados del día y cada plato se sirve con una sencilla ensalada y patatas hervidas. En este restaurante con mesitas y sillas austeras a pie de mar situado al pasar el embarcadero, será el sonido de las olas el único que acompañe tus pensamientos. No te vayas sin tomar de postre su café caleta.

Turistas, no 'tronistas'

La primera semana de octubre es la de los cierres, pero los visitantes de la isla ya no son los 'tronistas' que suelen poblar Ibiza desde el mes de mayo. Mujeres con leggings 'tie-dye', señores con barrigas imposibles y sandalias con calcetines (y no porque sigan la corriente 'normcore', precisamente) son algunos de los clásicos llegada esta época. En la plaza principal coexistían jóvenes bebiendo ron con coca-cola a las cinco de la tarde con señores con botellas de agua Smart Water y plátanos, un claro mensaje que indica el ansia por mantener el potasio a flote.

Uno de los momentos clave del 'street style' isleño lo protagonizó un grupo de señoras con bolsos de plástico con el estampado de Gucci e IBIZA bien grande escrito sobre el icónico 'print'. Una de las mujeres paseaba su tatuaje de Mickey Mouse (pero del de la película 'Fantasía', ojito), dañado por años al sol, parapetada por un paraguas imposible.

El cierre de David Guetta en Ibiza está marcado a fuego en el calendario de los más fiesteros. A día de hoy, todavía no entiendo cómo terminamos ahí. En realidad lo recuerdo perfectamente: fue por la premisa de tener lista asegurada, algo que resultó ser mentira al llegar a la puerta, adornada con enormes cactus luminosos. La entrada costó 90 euros y no incluía consumición alguna.

'Robo a mano armada'

Tomar una cerveza, por cierto, cuesta 10 euros. La fiesta 'Fuck me, I'm famous' bien podría haberse llamado 'Robo a mano armada', pero hay que vivir por el titular. La sala principal, de dimensiones titánicas, estaba tan abarrotada de gente que había momentos en los que no eras capaz de decir si estabas en Pachá disfrutando del mejor DJ del mundo o en la discoteca del pueblo con un tema de Guetta sonando en Spotify.

Junto a la pista, un cordel separa la sala VIP del resto de los plebeyos –que pueden gastarse 90 euros simplemente por entrar en una discoteca, cuidado–. Si te apoyas durante un segundo sobre el cordel, un miembro de seguridad se apresurará a regañarte. "A los VIP no les gusta que los miren". “A mí tampoco”, dije antes de abandonar el recinto en el que, por supuesto, nadie se molestó en mirarme.

No soy 'famous', tampoco VIP, pero si la noche ibicenca ha podido 'fuck me' alguna vez, desde luego no lo va a hacer ya con treinta años. Y esa es quizás la clave para disfrutar de Ibiza cuando diluvia. El darte cuenta de que escuchar a Guetta rodeada de gente que paga 20 euros por una copa no es comparable a disfrutar de una dorada a la parrilla a pie de playa por 20 euros. Vejez o madurez, llámenlo como quieran, pero ella ha sido la responsable de ver una Ibiza totalmente diferente.

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