Balneario de Archena: un manantial de historia… y una historia de amor
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un oasis en murcia

Balneario de Archena: un manantial de historia… y una historia de amor

Las aguas medicinales de este enclave murciano llevan mejorando la salud de los habitantes de la península desde tiempos inmemoriales

Foto: Balneario de Archena
Balneario de Archena

Una pequeña 'aldea' dentro de un pueblo. La aldea no tiene ayuntamiento, pero sí ermita, donde por cierto se celebran bodas. No tiene habitantes de derecho, pero sí de hecho. Y el traje regional es sin duda el albornoz, tanto en verano como en invierno. El pueblo se llama Archena y la aldea es su balneario, un complejo termal ciclópeo, de cerca de 200.000 metros cuadrados, ubicado en el valle de Ricote (Murcia).

Las aguas del río Segura sirvieron para rebautizar a esta zona también como Valle Morisco, porque quedó prendado de la cultura musulmana tras la invasión de la península. Antes pasaron por allí los romanos. Hay pruebas: un yacimiento arqueológico descubierto en 2005 durante un proyecto de ampliación. Así que bajo los suelos del balneario de Archena corre, por tanto, un manantial de agua, pero también de historia.

Los romanos, que para estas cosas tenían buen ojo, descubrieron las propiedades curativas del citado manantial en el siglo II a.C. De ahí a la actualidad. El agua nunca dejó de manar y los moradores de estas tierras, independientemente del periodo, siempre hicieron acopio de sus beneficios.

Pero los muros de este lugar esconden también una bella historia, la de Nicasio Pérez Galdó y su esposa. Él hizo posible la fotografía actual del recinto. Y lo hizo por amor. Su mujer estaba gravemente enferma y él compró las instalaciones a mediados del siglo XX con la intención de aliviar sus males. Pero al tiempo fue creando esa aldea sin ayuntamiento ni habitantes de derecho, pero con ermita y mucho encanto, en la que se ha terminado convirtiendo el balneario de Archena.

La habitación que tienes que reservar

Viajar al balneario de Archena es toda una experiencia sensorial, por eso es recomendable reservar una estancia lo más larga posible, porque uno se va adecuando al ambiente con el paso de los días; tanto que al final cuesta partir. El recinto cuenta con tres hoteles (León, Levante y Termas), que se adecúan a todos los bolsillos. El mejor es sin duda el tercero. Cuenta con amplias suites de techos y ventanales inmensos, muy propicios para aprovechar la luz desde por la mañana.

Nada como levantar las persianas de madera a primera hora para recibir una bocanada de aire fresco y unas vistas privilegiadas del valle. El hotel es tan natural como el entorno. Madera, yeso y mármol se combinan con vocación neonazarí para crear unos volúmenes innegablemente moriscos. Las cúpulas del vestíbulo, inspiradas en la Alhambra, son particularmente bellas. Y en la planta baja, donde se sitúan las termas, se hace un pequeño homenaje arquitectónico al patio de los Leones.

El tratamiento estrella

En el balneario de Archena, además de disfrutar de las instalaciones de un spa, tienes a tu alcance un catálogo de tratamientos muy amplio. Masajes, belleza facial y corporal o servicios de fisioterapia con los que puedes crear un programa diario para tu estancia.

Recomendadísimo el masaje de piedras volcánicas, pero sin duda el más especial es el autóctono y genuino masaje Archena. Se realiza bajo duchas mineromedicinales y el vehículo de masaje es el lodo. Media hora aproximada de relajación en favor de la circulación y para hacer frente a las contracturas. Si visitas el balneario, no te puedes ir sin probarlo.

No te pierdas...

Al margen del masaje Archena y de otros tratamientos medicoestéticos del catálogo, no debes dejar la oportunidad de realizar el circuito termal alternativo que propone el balneario. Mucho más exclusivo que su zona spa, este circuito te permite disfrutar en la intimidad de piscinas y saunas bañadas por el agua del manantial, que viene cargada de minerales tras 15.000 años en el interior de la tierra. De ahí sus propiedades curativas.

Por último, un pequeño capricho: desayunar en albornoz en la terraza del Casino oyendo el canto de los pájaros. Y es en ese preciso momento cuando no quieres dejar de ser ciudadano de esta pequeña aldea situada dentro de un pueblo. Sin ayuntamiento, pero con mucho encanto.

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