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VIAJES

Pistoia, Burdeos y Ohrid, tres ciudades que no te puedes perder este año

A la Toscana que no sale en el mapa (turístico), a la Francia más vinícola, fluvial y muy dieciochesca, y al secreto mejor guardado de los Balcanes, una joya perdida en un lago

Foto: Burdeos es así de espectacular (Foto: © Justin Foulkes / Lonely Planet)
Burdeos es así de espectacular (Foto: © Justin Foulkes / Lonely Planet)

Hemos hecho caso a lo que dice la comunidad viajera de Lonely Planet y también sus autores y editores, a sus 'Best in Travel' para 2017, y nos vamos a algunas de sus ciudades predilectas y nada obvias. Está Burdeos, esa ciudad francesa conocidísima por el vino que vio morir a nuestro Goya en una preprimavera decimonónica y ocupa el primer lugar de dicho ranking. Está Ohrid, que a muchos les sonará a chino pero que es macedonio, luego queda al norte de Grecia y es la quinta de dicho listado. Y está Pistoia, la otra Toscana, la que no es ni Florencia ni Lucca y ni siquiera la inenarrable por bella San Gimigniano, en la sexta posición. Las tres son extraordinarias. Así que se te pondrán los dientes largos y con razón. Nosotros empezamos por ponerte la miel en los labios.

Ohrid, el Jerusalén de los Balcanes

La próxima vez ya no te sonará tan raro, Ohrid, aunque sí igual de exótico, porque eso es marca de la casa. Situémonos. Estamos en los Balcanes, allá donde Europa se pone más misteriosa, al suroeste de la República de Macedonia, ya casi Grecia, y a orillas del lago del mismo nombre, en el camino que une el Adriático con el Egeo y llegaba hasta Bizancio (antigua y romana Via Egnatia). La estampa es proverbial e inolvidable: un lago a 700 metros de altitud, en parte albanés, que es continuamente comparado con el Baikal, está rodeado de montañas y da cobijo a una ciudad de las más antiguas del viejo continente. Por supuesto tanto Ohrid como sus alrededores son patrimonio de la humanidad por la Unesco.

La iglesia de San Juan Kaneo frente al lago Ohrid (Foto: Lonely Planet © Ivan Vukelic / Getty Images)
La iglesia de San Juan Kaneo frente al lago Ohrid (Foto: Lonely Planet © Ivan Vukelic / Getty Images)

Aquí está el más antiguo de los monasterios eslavos, el de San Pantaleón, que custodia una colección de 800 iconos bizantinos, considerada una de las más importantes del mundo. Y aquí también hay más de 300 edificios religiosos, como la catedral de Santa Sofía, el monasterio de San Naum o el que resulta el mejor gancho promocional, y no es de extrañar: la iglesia de San Juan Kaneo. Por algo a Ohrid la llaman la Jerusalén de los Balcanes. No echarás de menos un castillo, porque lo tiene, ni siquiera un teatro romano, que lo hay y con festival veraniego y todo; ni la aconsejable lección de historia, pues fue ocupada por los turcos y otros invasores. Te recordará al lago de Bled en Eslovenia y a Mont Saint-Michel, salvando las distancias. Si a estas alturas te estás preguntando por su color, que sepas que la también llamada Ocrida es muy pero que muy verde.

Así es este bello rincón macedonio, con algo de griego y de albanés (Foto: Ayuntamiento de Ohrid)
Así es este bello rincón macedonio, con algo de griego y de albanés (Foto: Ayuntamiento de Ohrid)

No te pierdas: la cercana ciudad de Struga, asomada igualmente al lago de Ohrid, a un tiro de piedra de Albania, y los vecinos lagos Prespa, cuya belleza virginal te resultará arrebatadora.

Para dormir: el hotel Tino Sveti Stefan (desde 50 euros) o el Park Lakeside (desde 57 euros).

Pistoia, la Toscana fuera de ruta

Lo que decíamos. Ni Florencia, de la que llegó a formar parte, ni Lucca, ni Pisa y ni tan siquiera San Gimigniano, imponente con sus torres, de camino a Siena –qué decir de toda la Toscana–. Este es el momento de Pistoia, que este año es flamante Capital de la Cultura de Italia. Prepárate igualmente para asistir a toda una lección de arte, ya desde la plaza del Duomo, centro histórico, cerrado sabiamente al tráfico, y donde se congregan los más insignes monumentos que dan cuerpo a esta ciudad que también es medieval.

Vista de Pistoia con el baptisterio en primer plano (Foto: Lonely Planet © Filippo Maria Bianchi / Getty Images)
Vista de Pistoia con el baptisterio en primer plano (Foto: Lonely Planet © Filippo Maria Bianchi / Getty Images)

Cuando llegues aquí desde Florencia puede que ya te duelan los ojos de tanto mirar, pero habrás de seguir haciéndolo para admirar la catedral y subir las 200 escaleras del Campanile​, que te brindará la mejor vista sobre Pistoia. En la misma plaza, en el Palazzo dei Vescovi, sede de la oficina de turismo y en sí mismo una obra de arte, con su logia de arcos góticos, te darán todo lujo de detalles, que son cientos. Te hablarán del precioso Battistero di San Giovanni in Corte, de planta octogonal y en el blanco y verde que manda la tradición pisana, o del antiguo Ospedale del Ceppo, en la Piazza Giovanni XXIII, que jugó un papel crucial en una Europa asolada por la peste negra en el siglo XIV. Pistoia es un no parar de ver, descubrir, aprender. Harás bien en dejarte caer por la Piazza della Sala, la del mercado, las tiendas y los restaurantes. Y como telón de fondo, los Apeninos.

No te pierdas: el cercano pueblo de Collodi, donde Pinocho tiene su patria y un parque temático, el Parco di Pinocchio.

Para dormir: el Antico Convento Park Hotel et Bellevue, a solo 3,5 km del centro histórico de Pistoia, en medio del paisaje toscano. Desde 62 euros.

Burdeos: vino, Goya, barco y un espejo

Burdeos es puro esplendor, la ciudad que le planta cara a París con su otro chic, mucho vino y ese espíritu dieciochesco del que hace gala. Tanto corazón histórico también le ha valido ser patrimonio mundial de la Unesco. Se mire por donde se mire, sobre todo si es a través de su espectacular espejo de agua (3.540 metros cuadrados, el más grande del mundo), en la Place de la Bourse, símbolo de la ciudad clásica, se hace querer.

Burdeos atravesada por el Garona (Foto: Bordeaux Tourisme/ ©Thomas Sanson)
Burdeos atravesada por el Garona (Foto: Bordeaux Tourisme/ ©Thomas Sanson)

Llegados a este punto de la vecina Francia se puede pasear en barco hasta el estuario de Gironda (los cruceros suelen incluir cata de vinos), visitar la torre Pey Berland, merodear por el barrio de Saint Pierre, atravesado de pintorescas callejas, recrearse en los nombres de las calles, aún medievales (la Rue des Argentiers, des Bahutiers; de los orfebres, de los comerciantes de baúles), quedarse deslumbrado por la histórica Place du Parlement y confirmarse en la fe del viajero cuando las casas dejan paso al gran río, el Garona, y su puerto. De las murallas queda la Puerta Cailhau, desde donde hay unas vistas soberbias al más querido puente, el de piedra.

Aún quedaría el Gran Teatro, con fama de ser una de las salas de espectáculos más bellas; el Jardín Público, orgullo bordelés y campo en plena urbe, con el imprescindible teatro de marionetas Guignol Guérin y casas señoriales de las que alegran la vista a su alrededor. Son más de 350 edificios en la lista de monumentos históricos. Además, tiene tranvía alimentado con placas solares y… No hemos hablado aún del vino; o sea, de los Saint-Emilion, Sauternes, Margaux o Pessac-Léognan. Ni de la comida: las ostras de la cuenca del Arcachon, la ternera de Bazas, el foie gras de las Landas o las fresas del Périgord. Dicen que Burdeos tiene el mayor número de restaurantes por habitante. Ahí queda eso.

La Cité du Vin (Foto: Bordeaux Tourisme / ©Arnaud Bertrande)
La Cité du Vin (Foto: Bordeaux Tourisme / ©Arnaud Bertrande)

No te pierdas: esta es pero además aquí está La Cité du Vin, una modernísima infraestructura cultural dedicada al bien amado fruto de la vid.

Para dormir: el Yndo, un hotel boutique, donde hay lujo, refinamiento y chic para dar y tomar. Desde 218 euros.

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