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escapada real

Viaja a Marruecos aprovechando que van los Reyes y alójate en un palacio (low cost)

Haz como don Felipe y doña Letizia. Planea tu propia visita oficial al país vecino, pero no te quedes solo en Rabat. Fez, Marrakech y Essaouira te esperan. Sus riads son auténticos oasis

Foto: Así es Villa des Orangers, puro lujo marroquí en Marrakech y con naranjos. (Cortesía)
Así es Villa des Orangers, puro lujo marroquí en Marrakech y con naranjos. (Cortesía)

Aprovechamos que los Reyes, los nuestros, van a Marruecos, para ir nosotros también. Y no solo a Rabat, como Sus Majestades, sino a Marrakech, Essaouira y Fez. Este lujo no es asiático, sino marroquí, del tipo de 'Las mil y una noches', Sherezade y un sultán. Aprovéchate, que no todos los días se duerme en un palacio así, tan suntuoso, ni se paga por estos lujos estos precios. Estos refugios solariegos que adornan Marruecos son riads de cuento, así sin más, y ya sabemos cuál. La danza del vientre tendrás que bailarla aquí. Por Yves Saint Laurent. Quizá el jardín de Epicuro era esto. Tu experiencia, desde luego, será 'real'.

Abracadabra, en Marrakech

En el Marrakech de YSL, el del diseño y el exótico glamour, junto a la plaza de los 1001 cuentos de Jemaa-el-Fna, se encuentra el riad con nombre de contraseña para entrar a una cueva mágica (hay vida más allá del password), Abracadabra (riadabracadabra.com), al sueño hecho realidad con materiales puramente marroquíes (el tadelakt, el zellij de Fez o el bejmat) de dos españoles, Inés y Bruno, hace diez años ya. Un riad como los que abundan por aquí, con azotea abierta al cielo, con hamacas y sillones desde donde contemplar el Atlas, la Koutoubia, los tejados, alminares y las maravillosas puestas de sol, y tomar té marroquí (¡en Marruecos!) o un cóctel, piscina y un patio con fuente central. Ocho habitaciones en total, con velas, ventanas con rejillas mozárabes, tejidos y alfombras bererebes y todo lo que -lo confesamos- nos encanta.

El riad Abracadabra es así de bonito. (Cortesía)
El riad Abracadabra es así de bonito. (Cortesía)

Precio: desde 135 euros. Se puede reservar entero por 1.250 euros para 16 personas.

No te pierdas: las especialidades marroquíes de su restaurante. Hablamos de la harira (sopa tradicional), las briouates (empanadillas), los tayines y el cuscús, todo elaborado con productos comprados en el mercado local en el día. Comida que, por cierto, te pueden servir en la terraza o en cualquiera de sus estancias. Y que puedes aprender a hacer de manos de su cocinera, que imparte cursos.

Ksar Char-Bagh, en Marrakech

Es solo oír su nombre y ya parece que nos hemos metido en alguno de los cuentos tradicionales del Oriente Medio. Y no digamos ya si cruzamos su umbral y nos vemos de pronto en semejante vergel, de olivos, higueras y plantas aromáticas. Un palacio morisco en toda regla, al estilo del siglo XIV, sumergido en el amadísimo palmeral de Marrakech y bañado por el rumor del agua que riega los jardines y que llega, atención, hasta el harén. Un momento. Queremos decir hasta sus 14 harims (suites, ya no solo para mujeres), con terraza o jardín privado donde todo absolutamente todo está confabulado para que el huésped sea completamente feliz. Mucha culpa tienen el hammam de mármol rojo, el bar biblioteca, el fumadero a la antigua (y ya también nueva) usanza y las delicias (del propio huerto) del chef. Este riad magnífico lo encontramos en Marrakech, a diez minutos de la medina.

Ksar Char-Bagh, una Alhambra en la Ciudad Roja. (Cortesía)
Ksar Char-Bagh, una Alhambra en la Ciudad Roja. (Cortesía)

Precio: desde 390 euros la Ksar Suite. Es el menos low cost de los seis riads, aún así se pueden encontrar ofertas. Si el harim en cuestión tiene hammam, el precio sube a 510. Pero es un sueño (marroquí).

No te pierdas: una excursión por el valle de Ourika en las montañas del Alto Atlas. Verás las casas de los bereberes, visitarás una cooperativa de aceite de argán, te refrescarás en una cascada y podrás hacer compritas en un zoco de carretera. Te la organizan en el propio hotel (desde 150 euros para dos).

Heure Bleu, en Essaouira

Lo que viene a continuación es lujo en azul en la inigualable villa de Essaouira que a su poderoso encanto marroquí suma el de estar amurallada y junto al mar, lo que la hace aún mas irresistible. Y además es, como nuestra Tarifa, salvando las no tantas distancias, una meca del surf. En el Heure Bleu, para colmo, se mezcla lo africano con lo europeo y lo oriental, lo cual salta a la vista en las 33 (número mágico, ya puestos) habitaciones y suites, todas alrededor de un patio, como manda la tradición del riad, este del siglo XVIII, en el que es una fuente la que lleva, cosas de aquí, la voz cantante. Por supuesto, hay hammam en su Petit Spa con ritual ancestral y también un salón de estilo inglés, una piscina en la azotea con vistas sobre la medina y el océano, y un restaurante donde la cocina francesa se vuelve marroquí (y viceversa). Y aún más: este palacio está a la entrada de la medina.

El Heure Bleu está en la bella ciudad de Essaouira, junto al mar. (Cortesía)
El Heure Bleu está en la bella ciudad de Essaouira, junto al mar. (Cortesía)

Precio: desde 153 euros.

No te pierdas: una excursión en camello, una jornada de windsurf o kitesurf, una visita a algún viñedo y, repetimos, a algún centro de producción del aceite de argán, que este es su reino, y el paseo desde la medina por el borde del mar. Marrakech queda a 172 kilómetros hacia el interior.

Fès Riad, en Fez

Todo es de cuento en la ciudad imperial de Fez, centro cultural y religioso del país, y con razón. Y también lo es este majestuoso palacio que da ejemplo de lo que es la arquitectura hispanomusulmana. No tiene un patio, no, sino que a uno sucede otro y así hasta cuatro (tradicional, andaluz, barroco y contemporáneo), con puertas talladas, arcadas con yeserías, paredes revestidas de mosaico y estanques de mármol. Exactamente lo que queríamos cuando soñábamos con venir aquí. Y aún hay más: este riad también goza del privilegio de la panorámica de la medina y de la cordillera del Atlas, y no digamos si se ve a la hora del amanecer o el atardecer. Por lo demás, fuentes, hammam, piscina con bar de vinos, otra vez el legendario fumadero, un lounge bar que es pura modernidad y cocina sofisticada. Este palacio dispone de treinta habitaciones y suites para sus huéspedes, a solo dos minutos de la plaza Sidi El-Khayat.

Este riad va a juego con la ciudad imperial de Fez. (Cortesía)
Este riad va a juego con la ciudad imperial de Fez. (Cortesía)

Precio: desde 197 euros.

No te pierdas: un curso de cocina, una degustación de vinos, la alfarería y el bordado que se practica por aquí y todo lo que se puede hacer con la henna. Y, claro, callejear y callejear por las laberínticas calles del que está considerado como uno de los mejores emplazamientos medievales del mundo.

Riad de Tarabel, en Marrakech

Volvemos a la Ciudad Roja, igualmente imperial, a la que tanto amó Yves Saint Laurent, la de los Jardines Majorelle, la plaza Jema-el-Fnaa y la Koutoubia, para alojarnos como sultanes en un riad que es una vieja mansión de estilo colonial cuya decoración nos hace enmudecer. El de Tarabel presume además de tres patios, terrazas bañadas en luz, salones abiertos y rincones encantadores. ¿El estilo? Una mezcla sosegada de lo árabe con lo del Segundo Imperio francés que es una invitación al viaje a la antigua. Ahí están las viejas fotos, los muebles familiares, los pajaros del paraíso y las antigüedades de todo el mundo. Dormir en una de sus diez habitaciones o suites y lo demás, todo un privilegio.

Una habitación del riad del Tarabel. (Cortesía)
Una habitación del riad del Tarabel. (Cortesía)

Precio: desde 210 euros.

No te pierdas: ya lo hemos dicho pero insistimos. La bonita e interesantísima decoración de este hotel, que hasta tiene riad privado a tres mil euros la noche. No dejes de deambular por él ni de coger ideas y apostarte por sus rincones.

Villa des Orangers, en Marrakech

Esta villa que fue un riad al uso y hoy es un hotel de cinco estrellas colmado de lujo y de atmósfera exquisitamente refinada se alza nada menos que a los pies de la Koutoubia, entre el Palais Royal y la plaza Jemaa-el-Fna, donde cualquier cosa en clave literaria puede pasar. Un encantador de serpientes, un adiestrador de monos, curanderos, músicos vendedores, bailarines gnawis, dentistas, predicadores, tatuadores de alheña, vendedores de todo. Tan especial es, como representación de la tradición de un país, que está catalogada como patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco. Qué decir de los verdes patios con naranjos, las terrazas, piscinas, el hammam, el salón de belleza, los perfumes de Oriente, las vistas de las montañas del Atlas y tantos sabores. Todo eso y más, oasis donde los haya, es esta Villa de Orangers. Fue construida en 1930 por un notable de Marrakech, que la habitó hasta 1998, y rehabilitada después dejando gran parte en manos de los artesanos locales. También cuenta con riad privado para 4 o 5 personas. Y sirven la comida (o la cena) junto a la piscina, en las terrazas o en el patio a la sombra. Ahora toca suspirar. Ay.

Un patio del riad Villa des Orangers. (Cortesía)
Un patio del riad Villa des Orangers. (Cortesía)

Precio: desde 427 euros.

No te pierdas: el zoco de Marrakech, donde podrás hacer acopio de esa artesanía local de la que hablábamos, desde babuchas de todo tipo y condición hasta telas, cerámica, bolsos y joyería. Hay cosas para aburrir, aunque no te aburrirás, sino al revés, sobre todo una vez entres en el juego de regatear (o negociar, al más puro estilo bereber).

Villa de L'Ô, en Essaouira

Terminamos este repaso en la antigua Mogador, cuando fue portuguesa, confirmándonos en la fe en su azul y todo lo que la rodea, empezando por sus mismísimas murallas, casi bañadas por el Atlántico, que es distinto aquí. Allí mismo, junto a los muros de esta ciudad formidable, donde uno se siente un viajero de los de antes, hallamos este riad del siglo XVIII, cuyas habitaciones, de madera tallada, piedra y tejidos suntuosos, brindan lujo, confort y ese exotismo oriental tan de agradecer y que está incluso en sus nombres: Safari, Bereber, Colonial... Hasta el patio se llama Oasis, cuajado de luz, agua y vegetación.. Y luego están el spa y una terraza solárium, L'Oxygène, perfecta para ver el atardecer sobre el océano.

El Villa de L'Ô invita a viajar. (Cortesía)
El Villa de L'Ô invita a viajar. (Cortesía)

Precio: desde 90 euros.

No te pierdas: un buen hammam con una exfoliación seguida de una envoltura corporal con arcilla mezclada con agua de rosas y un masaje con aceite de argán en el spa Ôsmose.

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