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Óbidos, despide el verano en este pueblo precioso de Portugal a seis horas de Madrid

Te gustarán sus rincones con encanto, sus pórticos manuelinos, sus fachadas blancas que a veces se adornan de amarillo y casi siempre de azul, sus flores y su soberbio castillo. Y tiene salida al mar

Foto: Así es Óbidos, de colores. (Foto: Visit Portugal)
Así es Óbidos, de colores. (Foto: Visit Portugal)

A Óbidos le pasa lo que a Sidi Bou Said, a Mont Saint-Michel, Carcassonne, Oia, Portofino, Menton o nuestras Altea o Frigiliana, cada uno a su manera. Que son tan bonitos que al final y sobre todo en verano están llenos de gente, ríos de gente que van a desembocar al mismo mar. Por eso, lo hemos dejado para el final (de agosto). Ahora que todo se vuelve más solitario y desértico. Además, este pueblo de Portugal presume de hotel literario, que no es cualquier cosa, y está a solo seis horas de Madrid (en coche). No hay que pensarlo más, nos vamos.

Te vas a hinchar a hacer fotografías (y a disfrutar). (Foto: Óbidos Turismo)
Te vas a hinchar a hacer fotografías (y a disfrutar). (Foto: Óbidos Turismo)

1. A 70 kilómetros al norte de Lisboa. Por si luego entran ganas de fado y de capital. Aunque Óbidos bien vale una fiesta y un viaje. A la región del centro portugués, a su oeste, saliendo por Plasencia desde Madrid hasta cruzar la frontera para luego poner dirección al mar pasando por Castelo Branco primero y luego por Santarem. El océano, con toda su atlanticidad, llegará con Peniche, dejado atrás ya Óbidos, la ciudad fortificada, o desde su propia laguna. Como municipio está subdividido en nueve freguesías. Portugal es así.

El castillo de la villa, un regalo. (Foto: Óbidos Turismo)
El castillo de la villa, un regalo. (Foto: Óbidos Turismo)

2. Un pueblo muy pintoresco. Pero mucho, ¡eh! Son los colores de sus casas, a veces en amarillo, casi siempre en azul, los detalles de sus fachadas, todas las flores, las calles alambicadas, los recovecos, los pórticos manuelinos, las plazas coquetas y así, paso a paso, hasta llegar al imponente castillo, con todas las letras. Hay que subir a las murallas. No nos olvidamos: también tiene acueducto

3. Pero ¿por qué hay tantas iglesias? Que si la de Santa María, que si la de la Misericordia, que si la de San Pedro o que si el santuario del Señor Jesús da Pedra. La cuestión es que la villa fue el regalo que el rey Dionisio I le hizo a su esposa Isabel, allá por el siglo XIII, pasando a formar parte de la Casa das Rainhas, el conjunto de bienes que los monarcas portugueses otorgaban a sus consortes. Desde entonces fue mimada y requetemimada por su majestad.

4. La pintora que dejó de ser monja. Y que tenía que estar precisamente aquí, en este lugar. Se trata de Josefa de Óbidos, una pintora del siglo XVII que destacó por una actitud artística irreverente: una monja que colgó los hábitos, una rareza en la época, y ¡para dedicarse a la pintura! En su obra están las huellas de Zurbarán y Francisco de Herrera. Lo verás si cruzas el umbral del Museo Municipal.

La parte de Óbidos que da al mar. (Foto: Turismo do Centro)
La parte de Óbidos que da al mar. (Foto: Turismo do Centro)

5. La salida al mar. Óbidos es un pueblo de interior con todas las de la ley, pero, cosas de la naturaleza, tiene salida al proceloso océano por la Lagoa de Óbidos. Ahí es donde se halla la playa de Foz do Arelho. Un rincón que hay que apuntar para cuando uno busca un mirador desde el que asistir al espectáculo de la puesta del sol, además en pleno occidente. Un paisaje puramente atlántico.

6. Una pousada muy real. La Pousada do Castelo de Óbidos, que es una de las siete maravillas de Portugal. Nada menos que el regalo de boda que el ya mencionado rey Dionisio I de Portugal le hizo a la reina Isabel. ¡Y se puede pernoctar en él! En el castillo propiamente dicho o en la Casa do Castelo, a su vera. Todo muy medieval.

La Pousada de Óbidos y sus ventanas manuelinas.
La Pousada de Óbidos y sus ventanas manuelinas.

7. ¿Un hotel literario? Exacto. Y cómo no si Óbidos fue nombrada Ciudad Literaria por la Unesco en 2015. Y no solo está el The Literary Man, con 30 habitaciones que hacen gala de materiales reciclados y artesanos, sino un iglesia, la de Sâo Tiago, y hasta una bodega, Livraria da Adega, convertidas ambas en librerías.

8. Para comer. Lo mejor es entregarse a las delicias locales. O sea, una caldereta de pescado de la Lagoa de Óbidos, por donde la villa se asoma al mar, regada con los vinos de la región Oeste y coronada con una ginjinha, que es licor de guindas y se suele acompañar con chocolate (aquí se celebra el festival internacional del ídem a principios de año, muy a tener en cuenta). Los restaurantes te saldrán al paso: A Nova Casa de Ramiro, Vintage, la propia Pousada... Amén.

Verás decenas de rincones con encanto. (Foto: Óbidos Turismo)
Verás decenas de rincones con encanto. (Foto: Óbidos Turismo)

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