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Tres hoteles rurales con encanto en Guadalajara para recargar las pilas
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Tres hoteles rurales con encanto en Guadalajara para recargar las pilas

Un antiguo molino, una casona que fue posada real y un refugio rural de lujo. Los tres en uno: el paisaje de la serranía de esta provincia que está a un tiro de piedra de Madrid

Foto: El Relais & Châteaux Molino de Alcuneza, lujo serrano.
El Relais & Châteaux Molino de Alcuneza, lujo serrano.

Vamos a hacer caso a Camilo José Cela y a adentrarnos en ese "hermoso país al que la gente no le da la gana de ir" (a nosotros sí), aunque no se trate exactamente de la Alcarria, que cae más al centro, sino de la Serranía, al noroeste. Estamos en Guadalajara, o sea, a un pasito de Madrid, y tenemos tres hoteles con encanto para elegir. Para dormir como un rey (o reina) o, mejor, como un marqués (o marquesa), el de Santillana, que para eso estamos en tierra de los Mendoza, y sin oír lo más mínimo el ruido mundanal. Nada mejor para recargar la batería, esta vez la propia. Y cómo.

1. Hotel & Spa Molino de Alcuneza

Aquí se te quitarán todos los males, las grisuras y demás. Empezando por su restaurante, que es una oda a los panes artesanos -al fin y al cabo estamos en un molino harinero- y a la cocina de Samuel Moreno (ahí están sus patés caseros, de trucha con piparras, conejo con ajo negro y morteruelo con trufa), atención porque el chef es también el director del hotel, y siguiendo por sus espacios verdes, el spa, que de pronto se nos vuelve necesario, la piscina y el trato familiar, para terminar en el jardín donde canta y no es cuento (o sí) el ruiseñor. El Relaix & Châteaux Molino de Alcuneza es un quitapenas como no hay otro, allá en el valle de Sigüenza, en la pedanía de Alcuneza, en lo que fue el molino que antaño proveía de harina a la ciudad episcopal y que funcionó hasta 1975. 500 años tiene detrás. Delante, la aventura de la familia Moreno-Gordo, que lo compró en 1992: actualmente está en manos de la segunda generación.

placeholder Un refugio natural a un paso de Madrid, el hotel Molino de Alcuneza.
Un refugio natural a un paso de Madrid, el hotel Molino de Alcuneza.

Qué te encontrarás: siete habitaciones en un edificio histórico del siglo XV, cada una a su manera, además de las superiores, las suites y la suite Deluxe, que es única. No falta el maravilloso jardín.

No te pierdas: la villa medieval de Sigüenza, su Doncel y el castillo-parador del siglo XII, instalado en la alcazaba árabe y edificado sobre un asentamiento romano. Casi nada. Todo aquí es señorial.

Precio: desde 134 euros.

2. Hotel Salinas de Imón

Todo un caserón del siglo XVII que fue posada real nada menos que para el insigne Carlos III, el de la Puerta de Alcalá, en su visita a las entonces importantísimas salinas de Imón -llegaron a ser las más productivas de toda España-, además de oficina y residencia del administrador de estas, y que es un hotel realmente encantador. Desde luego, dormir aquí será mucho más que dormir. Y además, en el pequeño y tranquilo pueblo de Imón, de solo 40 habitantes, una pedanía de la noble Sigüenza. Los pueblos de Guadalajara son así.

placeholder El hotel Salinas de Imón fue posada real.
El hotel Salinas de Imón fue posada real.

Qué te encontrarás: un edificio restaurado con mimo, con 12 habitaciones con leyenda, muebles antiguos y mucho arte, un jardín que peca de romántico, un spa que también es la joya de esta corona y un restaurante de comida casera (desde 27,50 euros el menú).

No te pierdas: Atienza, siguiendo las huellas del Cid Campeador y también las de don Quijote y, por supuesto, las del románico rural.

placeholder Así es la habitación china del hotel Salinas de Imón.
Así es la habitación china del hotel Salinas de Imón.

Precio: la habitación del administrador, desde 88 euros; la habitación china, desde 99 euros, y la suite de Carlos III, la mismita que alojó al monarca, desde 119 euros. Por poner tres ejemplos. Además, ofertas de fin de semana (de viernes a domingo) desde 220 euros. Esta incluye alojamiento en habitación doble, desayuno para dos y 45 minutos de spa.

3. Hotel Rural Los Ánades

Los hoteles de lujo no solo están en las grandes capitales, los encumbrados destinos de moda o el borde del ancho mar. También nos los encontramos perdidos en la naturaleza como queriendo reclamar los viejos placeres del balneario. Es lo que hace Los Ánades, un cuatro estrellas que se alza en la localidad guadalajareña de Abánades, a solo 135 kilómetros de Madrid, que cuenta con spa, biblioteca, dos salas de juegos (una para niños y otra para adultos de estilo inglés), un pequeño gimnasio y un putting green de golf, por si las moscas (y el gusanillo).

placeholder En Los Ánades hay spa, gimnasio, biblioteca y este paisaje.
En Los Ánades hay spa, gimnasio, biblioteca y este paisaje.

Qué te encontrarás: no solo las clásicas habitaciones y suites (en total siete), abuhardilladas o dúplex con terraza; también lofts, otros siete, de 70 metros cuadrados, y casas rurales, que son tres. Hay que añadir un restaurante que sirve comida tradicional protagonizada por los productos locales.

No te pierdas: los parques naturales del Alto Tajo, palabras mayores, y del Barranco del Río Dulce, en especial la Hoz de Pelegrina, donde está la caseta en la que Félix Rodriguez de la Fuente guardaba el material de filmación. Cerca está el mirador que lleva su nombre (rodó mucho por aquí, en todos los sentidos). Y si ya has estado en Sigüenza y Atienza, no dejes de pasarte por la ciudad soriana de Medinaceli. Allí solo podrás suspirar.

placeholder Una habitación en Los Ánades.
Una habitación en Los Ánades.

Precio: desde 135 euros la habitación. Suele tener ofertas.

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Vamos a hacer caso a Camilo José Cela y a adentrarnos en ese "hermoso país al que la gente no le da la gana de ir" (a nosotros sí), aunque no se trate exactamente de la Alcarria, que cae más al centro, sino de la Serranía, al noroeste. Estamos en Guadalajara, o sea, a un pasito de Madrid, y tenemos tres hoteles con encanto para elegir. Para dormir como un rey (o reina) o, mejor, como un marqués (o marquesa), el de Santillana, que para eso estamos en tierra de los Mendoza, y sin oír lo más mínimo el ruido mundanal. Nada mejor para recargar la batería, esta vez la propia. Y cómo.

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