Bután: así es el país que mide (por ley) su riqueza en términos de felicidad
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VIAJE AL GRAN DESCONOCIDO

Bután: así es el país que mide (por ley) su riqueza en términos de felicidad

En Bután no encontrarás pizzerías ni hamburgueserías en las calles, pero la gastronomía tradicional está repleta de productos del campo como los pimientos o el arroz rojo.

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Este territorio fronterizo con China e India es, en todos los sentidos, un país diferente. A esta nación no se puede acudir después de haberse preguntado qué incluye el turismo en Bután, pues a Bután se acude para disfrutar de una experiencia personal que trasciende del viaje tradicional. En sus diversos paisajes, los visitantes tienen la oportunidad de llegar más allá de los sentidos y protagonizar una experiencia cultural que nunca olvidarán.

La agencia de viajes PANGEA asegura que las peculiaridades de Bután comienzan incluso antes de poner un pie en el país: en cuanto se recuerda que sus fronteras no se abrieron al turismo internacional hasta 1975 es posible hacerse una idea de la fuerte permanencia que han tenido a lo largo de los años sus costumbres y tradiciones. Sin influencia externa que pudiera 'contaminar' la forma de ser de sus gentes, en los terrenos butaneses se mantiene esa esencia budista que se deja palpar en los múltiples monasterios que se distribuyen entre sus pueblos.

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Viajar a Butan (Pangea)

El más famoso de ellos es el conocido como Monasterio del Nido del Tigre –Taktshang–, un templo al que se accede después de un 'trekking' no demasiado complicado de unas dos horas de duración. Considerado como la 'joya' arquitectónica del país, este templo que ya no acoge monjes en su interior convive con la leyenda que aún resuena en sus paredes. Según las narraciones populares un santo budista llegó a este mágico lugar volando 'a lomos' de un tigre y se instaló en el monasterio. Al contemplar la sobrecogedora belleza del acantilado donde se ubica –en las proximidades de la localidad de Paro– resulta perfectamente entendible que ese santo decidiera hacer del entorno su nueva morada.

Los monasterios, siempre alzados muy próximos a las fortalezas –las famosas 'dzong' de altos muros blancos y bandas rojas en su parte superior– por la estrecha vinculación del budismo con la vida cotidiana de Bután, son el motivo que impulsa al otoño como mejor época del año para conocer el país. En esta estación es cuando tienen lugar los conocidos como 'tsechu', unos festivales religiosos donde los colores vibrantes, las máscaras y las danzas ancestrales se dan cita para ahuyentar el mal y vencer al demonio.

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El país que mide su riqueza en felicidad

Viajar a Bután es un cúmulo de singularidades. Los contrastes continúan al descubrir que este país no mide su riqueza a través del Producto Interior Bruto (PIB), sino que utiliza el FIB (Felicidad Interna Bruta) desde que el monarca Jigme Singye Wangchuck así lo estableció en 1972. Con ese indicador se tienen en cuenta desde conceptos como la calidad de vida hasta las presiones psicológicas a las que pueden estar sometidos los ciudadanos.

La felicidad es una prioridad absoluta para los reyes de Bután e, incluso, su Constitución la posiciona en el primer artículo de su texto: “Solemnemente juramos fortalecer la soberanía de Bután, asegurar la bendición de la libertad, garantizar la tranquilidad y realzar la unidad, felicidad y bienestar del pueblo eternamente”.

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El proteccionismo que se ha desarrollado en Bután ha sido una manera de preservar su cultura, su naturaleza y su forma de vida. En un país donde la industria es nula y la práctica totalidad de los habitantes se dedica a las actividades rurales, cualquier nuevo negocio que se quiera implementar en sus fronteras debe pasar por un comité que valora si se permite o no en función de si el proyecto cumple una serie de requisitos. Entre ellos, por ejemplo, aparece la necesidad de que se respete la economía local, que se procure un beneficio para la sociedad o que se fomente la unidad del pueblo.

Por eso, los turistas que acudan a Bután no encontrarán pizzerías, hamburgueserías ni restaurantes italianos en las calles. Sin embargo, la gastronomía tradicional está repleta de productos del campo como los pimientos o el arroz rojo, dos ingredientes que suelen formar parte del menú junto al queso de yak. Este animal está muy presente en Bután, así como otra especie endémica que no se deja ver en ningún otro lugar del mundo –el takin– resultado híbrido de ganado bovino con un pelaje de lo más llamativo. Los takin viven en libertad, pero es posible verlos en Thimpu al visitar un centro de recuperación que se dedica a cuidar de ellos.

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India, el país 'hermano' de Bután

Aunque es un país soberano, podría decirse que Bután es casi un protectorado de la India. Su Gobierno mantiene una fuerte vinculación con su vecino en el mapa, en gran medida para 'protegerse' de los intentos de China por incluir su territorio bajo su bandera. De hecho, el gigante asiático no reconoce a Bután como nación y la única frontera que les separa es la natural –no hay ningún puesto fronterizo que limite las competencias entre ambos–.

La buena relación de Bután con la India se deja ver al pasear por sus calles: los ciudadanos indios son los únicos que pueden circular libremente por el país. Sin embargo, a pesar de estas 'licencias', ni siquiera los indios están autorizados a comprar o vender tabaco. El contrabando de este producto está penado duramente e incluso es necesario declararlo a la entrada del país.

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Nada más bajar del avión, los turistas se encuentran con un cartel luminoso diseñado para no pasar desapercibido en el que se advierte de la necesidad de informar a las autoridades sobre la cantidad del tabaco que se lleva a Bután. Tras pasar por el control correspondiente, la policía expide al viajero un salvoconducto que debe portar siempre encima y que le concede permiso para poder fumar los cigarrillos declarados –solo en el hotel, puesto que fumar en la calle está prohibido–.

En el resto del mundo, el consumo de tabaco se restringe en espacios cerrados permitiéndose al aire libre. Pero en Bután es diferente. Bután es peculiar, en todos los sentidos.

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