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Tenerife para sibaritas: lujo y sol todo el año (no solo en verano)

Nada como aventurarse por la mayor de las Canarias en los alrededores del invierno para saber lo que es bueno: hoteles exclusivos, viajes de altos vuelos, paisajes de ensueño, ballenas y un beach club

Foto: El hotel Ritz Carlton Abama de Tenerife es como la isla, pura exuberancia y lujo. (Foto: Matthew Shaw)
El hotel Ritz Carlton Abama de Tenerife es como la isla, pura exuberancia y lujo. (Foto: Matthew Shaw)

Las Canarias no solo son cosa del verano, sino que también hacen su agosto en otoño y hasta en invierno, cuando ponerse al sol es como un honor y todo un privilegio. Y de ponernos a la sombra, que sea a la del Teide, porque a donde nos vamos es a Tenerife, a creernos islas en medio del océano. A ser felices en San Cristóbal de la Laguna y en Santa Cruz, a maravillarnos con la exuberancia casi habanera de La Orotova, a tener a La Gomera a tiro de piedra y a soñar con conquistar La Palma y guiñar un ojo a Gran Canaria. La aventura que nos espera en la isla más carnavalera es de lujo. Aquí la primavera por fortuna se eterniza, se está más cerca del cielo, se siguen los pasos de las ballenas y se ven más y mejor que en cualquier otro sitio las estrellas. No es poesía, es simplemente un plan bueno.

1. Un resort con funicular y playa. La naturaleza, los pueblecitos con encanto, la cosa folclórica y tradicional haciendo de aderezo, el termómetro que no baja y un sol que siempre es el del membrillo lo ponen todo muy fácil. Más todavía si para pasar la noche (y el día) uno elige el que es, probablemente, el hotel más lujoso de la isla, el Ritz Carlton Abama, en Guía de Isora, descolgándose por las suaves laderas de las montañas del Teide. Un resort marcadamente familiar que luego tiene una calle de villas cual ciudad paradisiaca solo para adultos con piscina particular que es el no va más. A esto se suma el funicular que te lleva hasta su playa y con arena traída del Sahara para ponerle más emoción aún. Por haber hay hasta un buggy para moverse por su territorio, que es enorme, clases de tenis y campo de golf.

Un rincón con vistas (al infinito y más allá) del Ritz Carlton Abama. (Foto: Matthew Shaw)
Un rincón con vistas (al infinito y más allá) del Ritz Carlton Abama. (Foto: Matthew Shaw)

2. En el cielo gastronómico. Otra cosa de la que presume Tenerife y con razón es de sus altos vuelos gastronómicos, que lo mismo te llevan a sentarte a la mesa a esperar las delicias de 20/20 Steakhouse, que son carnes a la brasa, que te hacen partícipe del cielo Michelin, con la pericia en los fogones de Martín Berasategui en su M.B. (cocina vasca de autor) y Ricardo Sanz en Kabuki (japonesa). Los tres están dentro del complejo del Ritz Carlton Abama, que aloja a otros 10 restaurantes más. Sí, suman 13 en total. Aquí, sin embargo, es número de la suerte, ya lo verás.

3. Del Caserío de Masca a Garachico. Es la vegetación, las vertiginosas alturas, las otra islas que salpican el Atlántico o las Cañadas del Teide, la gran caldera sobre la que se asienta el volcán, con toda su espectacularidad. Hay que subir al Caserío de Masca (Buenavista del Norte), bajar a Garachico, pisar Las Palmas de Anaga, donde la isla llega a su final norteño inclinándose hacia el oriente, para terminar, si se prefiere, en el Royal Garden, un fabuloso hotel en Costa Adeje, al sur, con vistas al campo de golf, 28 villas individuales decoradas con muebles de artesanos y anticuarios de diferentes lugares del mundo, con un bello spa y un restaurante que presume de ser el más romántico de la isla, El Jardín. Tenerife da mucho de sí. Tanto que aquí hasta sirven un brunch muy especial dentro del agua, en la piscina de la villa (climatizada).

El hotel Royal Garden es otro de los muchos placeres que ofrece la isla.
El hotel Royal Garden es otro de los muchos placeres que ofrece la isla.

4. A vista de pájaro (por fin). Nada como ver la isla desde las alturas, como si hubiéramos coronado el Teide y más allá. En el propio Royal Garden te ofrecerán los servicios de Helidream, con quienes podrás vivir un tour en helicóptero alucinante. A elegir: el llamado Gran Teide Luxury, toda una experiencia fotográfica alrededor del pico más alto del país que desde luego será inolvidable; el que te llevará por las costas del sur, sobrevolando el Puertito, lugar famoso por el avistamiento de tortugas, el pueblo de pescadores de La Caleta, y las zonas turísticas de Playa de las Américas y Los Cristianos; o el que te situará por encima de Los Gigantes, esos colosales acantilados de hasta 600 metros de altura, que ya es decir. No te lo puedes perder.

En helicóptero y sobrevolando Tenerife, un sueño. (Foto: Helidream)
En helicóptero y sobrevolando Tenerife, un sueño. (Foto: Helidream)

5. Al Teide con Volcano. El plan parece mitológico pero es realidad, maravillosa pero real. La cuestión es que la gente de Volcano te va a buscar al hotel (Royal Garden) para guiarte hasta la mismísima cima del volcán, o sea, a 3.718 metros sobre el nivel del mar. Pero no te creas que se trata de subir como si fueras el invitado estrella de Jesús Calleja, a la aventura y al filo de lo imposible, sino que irás en plan marqués: con guía conductor que te parará en los lugares más interesantes y con una copa de champán en el apoteósico momento final; digno desde luego de ese chinchín.

¿Te imaginas subir al Teide al atardecer a ver las estrellas? (Foto: Volcano)
¿Te imaginas subir al Teide al atardecer a ver las estrellas? (Foto: Volcano)

6. Un desayuno con ballenas. Definitivamente no hay que ir a Sudáfrica para ver ballenas porque aquí en la mayor de la islas del archipiélago también se ven. Solo tienes que oír los cantos de sirena de Mola Mola, que te recogerán en el propio hotel (seguimos en el Royal Garden), te llevarán a buen puerto al amanecer y te conducirán hasta el velero que, viento en popa, seguirá a estos cetáceos por alta mar. Te acordarás de Maqroll el Gaviero o de Corto Martés.

No te pierdas una salida en barco al amanecer en busca de ballenas.
No te pierdas una salida en barco al amanecer en busca de ballenas.

7. De beach club en diciembre. Es lo que tiene la isla, que te puedes plantar en un club de playa sin temor a que te den las uvas o, mejor, deseando que te den, porque aquí sonarán las Campanadas, allá en la lejana Puerta el Sol (aquí puesta del sol; maravilla de maravillas), y seguirá siendo primavera un minuto de oro después. No te quedes con las ganas y sé un dominguero sibarita en las fiestas de Monkey Beach. Muebles de bambú, abundante vegetación, buena música, espectáculos de todo tipo, cócteles exquisitos, gastronomía sobresaliente y lleno total. En la playa de Troya (Adeje) y con vistas a La Gomera. No se puede pedir más.

Así es el Monkey Beach.
Así es el Monkey Beach.

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