Puente viajero cerca de casa: tres destinos ideales a menos de dos horas de Madrid

Cuenca con sus casas colgadas y las de colores, sus puentes y todos sus abismos. Toledo, igualmente encantada, de río y sinagogas. Y luego están los quijotescos molinos de La Mancha

Foto: Haz la ruta de los molinos, cual Quijote, por La Mancha. (Foto: Turismo Consuegra)
Haz la ruta de los molinos, cual Quijote, por La Mancha. (Foto: Turismo Consuegra)

Si esta vez no has podido poner rumbo a la República Checa y tampoco hacer lo propio hacia los paisajes de Gales que vieron crecer a Catherine Zeta-Jones, mira a tu alrededor porque el paraíso a veces, aunque suene a novelón (de Vargas Llosa), está a la vuelta de la esquina. No, no hace falta irse a Tahití, la Polinesia francesa, como Gauguin. Mira bien a Cuenca porque te resultará espectacular., lo mismo que la multicultural Toledo. Y no digamos los molinos de viento de La Mancha. Te parecerán gigantes como al sin par Don Quijote. Estos destinos maravillosos, castellanomanchegos todos, están a menos de dos horas de Madrid. Para ir y volver en el día.

Cuenca, la ciudad encantada

El Museo Abstracto de Cuenca es una de las casas colgadas.
El Museo Abstracto de Cuenca es una de las casas colgadas.

Esta ciudad es un cuadro, tal cual, enclavada como está en las hoces del río Júcar y del Huécar, como una pequeña península, que hay que verlo para creerlo. Y luego conservada tan bien, quién sabe si por estar tan cerca del cielo (a casi mil metros sobre el nivel del mar) o por haber hecho un pacto con el Diablo. Se mire como se mire, Cuenca es una ciudad encantada como ninguna. Llenita de monumentos (la catedral, el palacio episcopal, las múltiples iglesias, no de ayer sino de anteayer, todas antiguas; los conventos por todas partes, los monasterios...) y con sus casas colgadas, que es lo que la hace así como es. Asomadas sin vértigo sobre la hoz del Huécar, para colmo datan de al menos el siglo XV; algunas son rascacielos por la parte de atrás (barrio de San Martín). Te acordarás de la malagueña Ronda. Pero no te vayas todavía que aún hay más: los puentes y el castillo. Lo importante es callejear. No te extrañará que sea la capital del arte abstracto (no te pierdas su museo). Hay mucho arte, mucho pub y conciertos. No todo iba a ser tradición.

Dónde comer: en El Secreto, con vistas a la hoz del Huécar, muy artístico y especializado en carnes de caza (estofado de ciervo o lomo de jabalí con pera y salsa de PX), o en Raff, una antigua casa palacio, que es cocina manchega-mediterránea pero de autor (capuccino de sopa de ajo, morteruelo o paletilla).

No todo son casas colgadas, también las hay de colores.
No todo son casas colgadas, también las hay de colores.

La Mancha, molinos que son gigantes

Siempre es acertado aventurarse por los campos de Castilla (La Mancha) en plan machadiano pero acordándose siempre del ingenioso hidalgo y su escudero, sobre todo cuando aparecen rompiendo el horizonte esos blanquísimos molinos con toda la facha de gigantes. No hay que estar loco para verlo. En Consuegra (Toledo), que también presume de castillo, te puedes apuntar a una visita de dos horas de duración todos los fines de semana, a las 12 h y a las 16 h (info@aytoconsuegra.es). En total son doce los molinos, que por cierto tienen nombre propio: Clavileño, Espartero, Cardeño, Sancho, Mambrino o Bolero, que es donde está la oficina de turismo (podrás ver cómo funcionaban; eran harineros).

Harás unas fotografías maravillosas. (Foto: Turismo Consuegra)
Harás unas fotografías maravillosas. (Foto: Turismo Consuegra)

Y tres cuartos de lo mismo pasa en Campo de Criptana: los que ya vio Don Quijote en el capítulo octavo de sus andanzas de caballero. Aquí están Burleta, Infanto, Sardinero, desde el siglo XVI: con su planta circular, los ventanucos y sus tres pisos. Pero los hay más modernos, pero igualmente literarios: el Vicente Huidobro, museo del poeta chileno ("Molino, que mueves las horas..."); el Lagarto, Museo de la Poesía, o el Culebro, Museo de Sara Montiel, machega de pro. ¿La oficina de turismo? Esta vez en el llamado Poyatos (turismo@campodecriptana.es). Abierta de lunes a domingo, de 10 a 14 y de 18:15 a 21 h. No hay que perderse tampoco la casa-cueva, una vivienda de molineros excavada en la roca del siglo XVI y que se conserva tal cual.

Dónde comer: en el restaurante que es también tapería Gaudy (Plus Ultra, 7), donde dar cuenta de muchos platos de cuchara o unas chuletillas de lechazo, o en El Retorno (Colón, 2), dentro del hotel La Vida de Antes, el momento de probar los duelos, quebrantos y trompetas de la muerte, las migas de pan candeal o la caldereta de cordero.

Toledo, la multiculturalidad era esto

Toledo está tan cerca y es tan apetitosa que hay que ir y volver, y así siempre. Hay tanto para ver... y siempre se puede hacer con distintos ojos. Esta ciudad, que se halla en la margen derecha del Tajo, sobre una colina que lo mira desde cien metros de altura, es Patrimonio de la Humanidad y no lo puede negar. Desde las puertas de entrada al casco histórico, que no es una sino muchas (las de la Bisagra, la del Cambrón, la del Sol, la del Vado), hasta los puentes que cruzan el río que llega a Lisboa, pasando por el soberbio monasterio de San Juan de los Reyes, un sinfín de iglesias y conventos, las impresionantes sinagogas de Santa María la Blanca y del Tránsito, la Mezquita del Cristo de la Luz, el Hospital de Tavera, el Museo del Greco y la plaza de Zocodover. Esto es un rosario de monumentos que habrás de rezar.

Toledo, abrazada por el Tajo. (Foto: Oasis Hostel)
Toledo, abrazada por el Tajo. (Foto: Oasis Hostel)

Amarás sobre todas las cosas el antiguo barrío judío de Santo Tomé (momento de ver 'El entierro del Conde de Orgaz', del Greco, en la iglesia del mismo nombre), sus callejuelas (Alfileritos, con leyenda y todo, y demás) y sus cuestas, aunque cuesten (la de los Capuchinos te regalará unas vistas magníficas), fitness del bueno -eso sí-, y la senda ecológica que sigue el curso del Tajo. Y no nos podemos olvidar del Alcázar.

Dónde comer: en El Carmen de Montesión, en manos del chef Iván Cerdeño (escabeche de chicharro, ajoblanco...); en Adolfo, que ocupa dos casas, una mudéjar y otra del XII, junto a la catedral (perdiz roja de Toledo, seis aromas, seis texturas), o en Hierbabuena, alta cocina tradicional con vistas (arroz meloso con mollejitas de lechal).

Un rinconcito del restaurante Adolfo.
Un rinconcito del restaurante Adolfo.

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