24 horas muy cool en Núremberg: viaja a la ciudad alemana en la que nació Durero
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24 horas muy cool en Núremberg: viaja a la ciudad alemana en la que nació Durero

En la que se celebraron los famosos juicios y donde tiene lugar el mercadillo de Navidad más encantador del mundo. Hay que perderse por sus calles medievales dentro de sus murallas

placeholder Foto: Si vas a Alemania, no dejes de visitar Núremberg. (Foto: © Uwe Niklas)
Si vas a Alemania, no dejes de visitar Núremberg. (Foto: © Uwe Niklas)

A la capital de la Franconia Central le rebosa la Historia -así, con mayúscula- por los cuatro costados: y vamos a descubrirlo en una intensa escapada de 24 horas. Este es un viaje a la ciudad donde se celebraron los famosos juicios, donde nació ese gran pintor del Renacimiento alemán que fue Alberto Durero y que alberga el mercadillo de Navidad más encantador del mundo.

Por la mañana: paseando por la ciudad vieja

placeholder Una vista panorámica de Núremberg. (Foto: ©Uwe_Niklas)
Una vista panorámica de Núremberg. (Foto: ©Uwe_Niklas)

Es una delicia haber llegado al moderno aeropuerto de Núremberg desde cualquiera de las once ciudades españolas que tienen conexión directa con la ciudad y en un trayecto de metro de apenas doce minutos más tarde plantarse en el centro. Casi medio millón de personas viven en la ciudad, pero no lo parece cuando uno pasea por las calles del Aldstadt, el amurallado centro histórico que parte en dos el río Pegnitz, dejando al sur el barrio de Lorenzer y al norte el de Sebalder, y que tiene como puerta de entrada principal la de Hanwerkerhorf, con su imponente torreón de siete metros de diámetro y casi veinte de altura, y a cuya sombra, desde hace varios siglos, hay un puñado de tiendas de antigüedades y juguetes y uno de los restaurantes más famosos de la ciudad, el Das Bratwurstglöckein, abierto desde el siglo XIII.

Desde aquí, el paseo continúa por la Königstrasse, la calle principal del centro, hasta llegar a la Lorenzer Platz, donde se alza la bellísima Lorenzkirche, una iglesia gótica del siglo XIII que rivaliza en monumentalidad con la Frauenkirche, que preside la Hauptmarkt, la plaza del mercado, y que hace honor a su nombre: cada día hay decenas de bancas de alimentos de productores locales y, entre finales de noviembre y diciembre, alberga el que probablemente sea el mercadillo de Navidad más famoso del mundo. En esta misma Hauptmarkt está el icono de la ciudad, la pequeña fuente dorada Schöner Brunnen, siempre rodeada de gente a la espera de su turno para realizar el ritual de darle tres vueltas al anillo dorado que cierra la puerta y que asegura cumplir el deseo de quien lo haga (hay otro anillo en la parte opuesta al que la tradición le otorga el asegurar el embarazo de la mujer que siga el ritual).

placeholder Por las calles (medievales) de Núremberg. (Foto: ©Birgit Fuder)
Por las calles (medievales) de Núremberg. (Foto: ©Birgit Fuder)

El dédalo de callecitas de aires medievales con sus casas entramadas –que fueron fidedignamente reconstruidas tras los bombardeos aliados que arrasaron el 90% del centro de la ciudad en la II Guerra Mundial– se concentra en el Burgviertel, el barrio del Castillo, el mismo en el que se alojaba el emperador Carlos I cuando visitaba la ciudad –lo que hacía muy a menudo– y donde se pueden visitar sus dependencias o la capilla en la que escuchaba misa.

placeholder La casa natal de Albert Durero en primer plano. (Foto: ©Birgit Fuder)
La casa natal de Albert Durero en primer plano. (Foto: ©Birgit Fuder)

En este barrio de aires medievales destaca la casa natal del pintor Albert Durero, una de las pocas construcciones que sobrevivió a los bombardeos y donde hoy se recrean sus métodos de trabajo (sus grabados le hicieron célebre en vida) y se exponen copias de sus más conocidas obras, expuestas en museos de todo el mundo. Es hora de hacer una parada para retomar fuerzas, y en el Goldenes Posthorn (Glöckleinsgasse, 2), frente a la iglesia de San Sebaldo, nos esperan con la gastronomía típica de la ciudad, servida en raciones generosas y a precios ajustados (como siempre en Alemania).

Por la tarde: historia del siglo XX

A un paso de la casa de Durero está la Historische Felsengänge (Bergastrasse, 19), en las cuevas subterráneas de la ciudad que, desde finales del siglo XIV, se usaban para fermentar y almacenar cerveza y que en los años de la II Guerra Mundial se emplearon como refugio antiaéreo, pero, sobre todo, para atesorar las principales obras de arte del patrimonio alemán. Y es que, durante la contienda, Núremberg fue la capital espiritual del régimen nazi, la ciudad preferida por Hitler para glorificar y amplificar su locura y sus efectos. “La ciudad de los desfiles del Tercer Reich”, la bautizó él mismo, que mandó levantar al sureste de la ciudad un complejo de once kilómetros cuadrados que comprendió un campo de pruebas de zepelines, un estadio, una sala de congresos –sin terminar– y la GrosseStrasse, la “calle de los desfiles”, que era donde se celebraban y que congregaban hasta a medio millón de fieles.

placeholder La sala 600 del Palacio de Justicia donde fueron juzgados los nazis. (Foto: Steffen Oliver Riese)
La sala 600 del Palacio de Justicia donde fueron juzgados los nazis. (Foto: Steffen Oliver Riese)

Las dimensiones del complejo y de sus ruinas –construcciones inacabadas, más bien– impresionan a cualquiera: y el Centro de Documentación, en el ala norte del inacabado palacio de congresos nazi, es el lugar para repasar la historia traumática del régimen nazi, muchos de cuyos máximos jerarcas fueron juzgados no muy lejos, en la sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg (Fürther Strasse 110) en los famosos juicios de Núremberg. Los nazis fueron juzgados en esta sala entre 1945 y 1946 por dos razones: la primera, por ser Núremberg la capital simbólica del nazismo y, la segunda, por el túnel subterráneo entre la sala de juicios y la prisión adyacente, donde estaban confinados los juzgados. La sala, que sigue utilizándose para juicios, puede visitarse.

placeholder Núremberg es toda una lección de historia.
Núremberg es toda una lección de historia.

Para cerrar la jornada

Tras esta lección de historia del siglo XX ​–que no debemos olvidar–, vamos a disfrutar del mejor arte alemán, el que se expone en el Museo Nacional Germánico (Kartäusergasse 1), el mayor museo de arte y cultura de Alemania y uno de los más importantes del mundo, donde destacan obras de Alberto Durero, Veit Stoß y Adam Kraft, el globo terráqueo de Martin Behaim (el más antiguo del mundo) y un autorretrato de Rembrandt.

Y, desde luego, de una cena excelente: en el Das Steichele (Knorrstrasse, 8), un restaurante de cocina tradicional abierto a finales del siglo XIX donde, además de las contundentes y sabrosas muestras de la gastronomía de la región esperadas, nos sorprende con una cava de vinos –usada como búnker y refugio durante la guerra– donde se catan los vinos que embotellan los propios dueños del restaurante.

placeholder Das Steichele, una cava de vino que fue refugio durante la guerra. (Foto: Clemente Corona)
Das Steichele, una cava de vino que fue refugio durante la guerra. (Foto: Clemente Corona)

Llega la hora del descanso y en la Bahnhofstrasse abundan los hoteles de cadenas internacionales: Novotel, Motel One, Hilton, NH Collection... Cualquiera de ellos es recomendable para descansar de nuestra intensa escapada de un día a Núremberg.

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