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Jennifer Aniston: ¿por qué las relaciones de los famosos caducan cuando se casan?

Pero ¿qué ha pasado para que las cosas con Justin Theroux no hayan funcionado? ¿Por qué a veces los noviazgos se nos dan mejor que los matrimonios? Esto es lo que dice la experta

Foto: Jennifer Aniston y Justin Theroux, ¿con la boda empezaron los problemas?
Jennifer Aniston y Justin Theroux, ¿con la boda empezaron los problemas?

La de Jennifer Aniston, por lo visto, sí ha caducado con la boda. En el fracaso de la relación con Brad Pitt, todos sabemos de quién fue la culpa. ¿Pero qué ha pasado para que las cosas con Justin Theroux no hayan funcionado? ¿Por qué a veces los noviazgos se nos dan mejor que los matrimonios?

No es la primera ni va a ser la última pareja tras un largo noviazgo (cuatro años) que no cumple el mismo tiempo de casados. Jennifer Aniston y Justin Theroux empezaron a salir en 2011, se casaron en 2015 y a finales de 2017 ya no estaban juntos, aunque lo hayan anunciado ahora y tras una avalancha de rumores que les rodeaban desde hace meses. Mientras las redes sociales se relamen emparejándola de nuevo con el también soltero Brad Pitt, nosotros preferimos analizar, con la ayuda de Pilar Cebrián, psicóloga de parejas y autora de 'Te quiero, luego insisto' (Planeta), qué motivos llevan a muchas parejas a separarse en cuanto cambian de estado civil.

A Aniston le gusta vestirse de blanco

Vivimos en un fast food emocional en el que los noviazgos largos o convivir juntos antes de la boda no es garantía de que las cosas vayan a salir bien. ¿Por qué? Porque, sentimentalmente, no estamos para tonterías, tenemos menos aguante y nos dejamos llevar por una cierta cultura social que nos hace pensar que ante la rapidez del mundo que nos rodea lo mejor es ir cumpliendo ciclos, quemando etapas, que todo lo que empieza, acaba y se pasa tranquilamente a otra cosa. Si a esa percepción de la vida se la combina con unas buenas ganas de boda, el desastre está casi servido.

“Un noviazgo largo lo que hace es cristalizar los hábitos de una relación y entramos en un piloto automático en el cual no somos muy conscientes de las carencias de la misma y de algunas de sus demandas. Si además tenemos como objetivo en nuestra mente el casarnos, pues ese objetivo nos hace estar muy atentos al camino que debemos seguir hasta lograrlo y no prestar atención a otros detalles”, explica Pilar Cebrián. El problema es que, una vez se ha logrado desfilar con la marcha nupcial de fondo, también se ha completado el ciclo que tanto anhelábamos, lo que significa que se puede sentir que ya se le ha sacado todo el jugo a la relación y que ya no merece la pena seguir. “A veces es más potente la ilusión de alcanzar algo que la felicidad de disfrutarlo cuando ya lo tenemos”, apunta la experta.

Uno de los dos, obseso de Instagram

El éxito de las parejas es construir juntos lo que les dé la real gana. Por eso hay parejas que necesitan estar muchísimo tiempo juntos y les va divinamente, y otras que no se ven el pelo y son tan felices. Pero, desgraciadamente, las redes sociales ponen a nuestro alcance a golpe de clic un poco demasiado de la vida de los demás. Y tendemos a pensar que tenemos que hacer lo que hacen los de las fotos en la playa. Y, claro, cuando no se consigue vivir como (aparentemente) viven los demás, llega la frustración.

“Si veo en Instagram o Facebook fotos de relaciones ideales donde parece que todas las parejas pasan el tiempo juntas haciendo tortitas y yo lo que tengo es un marido que se pasa más tiempo fuera de casa por trabajo que dentro o viceversa, al final me planteo por qué yo no hago ni tengo eso, lo que me frustra y me lleva a ver errores que no son reales, son subjetivos, porque a la relación no le pasa realmente nada, salvo que la has comparado con esas historias que tampoco son reales”, explica Pilar Cebrián. La frustración lleva a la queja, la queja al reproche y el reproche al lado oscuro de la fuerza, el cabreo conyugal y el divorcio.

Fue una boda bomba

Todos conocemos a un pareja que se lleva como el perro y el gato y que un buen día quieren quedar contigo para contarte 'algo'. Cuando acudes a la reunión con tu mejor cara de 'esto de tu divorcio se veía venir, aquí me tenéis para lo que queráis', te reciben con un '¡sorpresa!, estamos embarazados!', y un escalofrío recorre tu espalda. Pues bien, hay gente que en vez de embarazarse (gracias a dios) prefiere firmar una hipoteca o celebrar una boda en idénticas circunstancias y con idéntico propósito: ver si su relación se cura o revienta. ¿Fue la boda de Jennifer una boda bomba? “En mi consulta me suelen preguntar cuántas veces hay que insistir para que una relación toque a su fin y yo siempre respondo que hay que dar tantas oportunidades como elementos nuevos y prácticos introduzcamos en esa oportunidad. Pero, claro, casarse no es un elemento nuevo. Un elemento nuevo es un cambio introspectivo de cada persona, una meta real de algo que deseamos cambiar para acercarnos más al otro. Una boda, a nivel emocional, no te cambia. Esperar que por casarte vas a ver a tu pareja de otra manera o a vivir tu relación de otro modo es un error como una catedral”, asegura la experta.

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