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mamá a bordo

Hablamos con la autora del libro que rinde homenaje a las madres rebeldes

Entrevistamos a Marga Durá, autora del libro 'Madres rebeldes' que quiere terminar con el concepto de 'malas madres'

Foto: Chrissy Teigen recibe todo tipo de críticas por cómo actúa durante sus embarazos. (Gtresonline)
Chrissy Teigen recibe todo tipo de críticas por cómo actúa durante sus embarazos. (Gtresonline)

La presentadora Adriana Abenia comenta cada semana a través de sus redes sociales la cantidad de recomendaciones y prohibiciones que sus seguidoras le indican diariamente desde que anunció su embarazo. La modelo Chrissy Teigen es criticada constantemente en Instagram por lo que come o hace durante sus embarazos. Recientemente ha sido criticada por coger un avión durante el tercer trimestre de su embarazo, y por mucho que la top responda con firmeza y desparpajo a sus haters, las constantes críticas y recomendaciones terminan por dejar mella. La cultura de 'por si acaso, mejor no hacerlo' se está convirtiendo en una dictadura para muchas madres. “No soy la primera embarazada que se ha enfrentado a la siguiente situación: mi ginecólogo me daba una recomendación que era justamente la contraria que había recibido una amiga mía del suyo. Madres, suegras, tías, hermanas y padres, suegros, tíos y hermanos arrojan consejos categóricos que se parecen entre sí como un huevo a una castaña. Por no hablar de lo que supone consultar cualquier tema por internet, porque la contraposición de opiniones que encuentras no son coto del embarazo, acontecen en casi cualquier tema —sobre todo médico— que se pretenda esclarecer a golpe de tecla”, explica la periodista Marga Durá, autora del libro ‘Madres rebeldes’.

“Este libro, como su título indica, trata de madres, pero también pretende hablar de personas que van por la vida negándose a aceptar tópicos y plantándose ante ellos con una buena dosis de rebeldía", asegura la autora. Le preguntamos qué es lo más chocante que leyó o escuchó durante su embarazo. “Leí en un libro que podías tener un 'bebé desdichado' y me pareció que ya era el colmo que se etiquetara a un recién nacido. Sin embargo, se me quedó en la cabeza y cada vez que mi hijo lloraba, lo escrutaba preguntándome si el pobre estaba predestinado a ser un infeliz de por vida. Bromeo, pero es que ese tipo de afirmaciones tremendistas me sacaban de mis casillas. Y lo que me ponía más nerviosa es que hablaban a las lectoras como si fueran niñas: 'va a llegar tu tesoro' y cosas por el estilo. Llegué a pensar que el target eran adolescentes embarazadas. No sabía si era más inquietante que supuestamente hubiese embarazos adolescentes o que yo no me sintiera a gusto con un lenguaje cursi, que parecía complacer al resto de lectoras, pues se repetía en todos los libros”, explica.

Por el contrario, ¿qué le habría gustado haber sabido o leído antes de ser madre? “Lo que nadie me contó es que no te conviertes en madre en ese supuestamente mágico instante en que depositan a tu bebé en brazos, ni que es más difícil adaptarse al hecho de ser madre y modificar tu vida que encontrar un taxi libre un día de lluvia”, afirma. Una cosa que te preguntan mucho es: “¿Te costó mucho quedarte embarazada?”. Y me parece una libertad que nadie se tomaría si no estuvieras en estado. La gente a la que no le has dado confianza no te pregunta: “Oye, ¿tú cuántas veces al mes o a la semana fornicas?”. Y después hay un montón de preguntas sobre qué comes, cómo te cuidas... Y te las hacen para ver si pasas un examen. Es muy cansino".

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Su libro no es una guía para ser una madre perfecta ni un compendio de consejos mágicos a seguir durante el embarazo, sino un cóctel que pretende demostrar que muchos de los sacrificios que se imponen durante el embarazo no revierten en el bien de la criatura. “Yo básicamente aconsejo no hacer caso de los consejos, ni de los míos. Y copiar sin remordimientos lo que te funcione de las diferentes 'escuelas de maternidad' sin militar en ninguna. Definirse como un tipo de madre me parece muy limitante. Pero creo que esto ocurre en todo, hay una tendencia a polarizar cualquier cuestión: o estás conmigo o están en mi contra. La maternidad, donde esta tendencia se acentúa, me daba la excusa perfecta para hablar de la intolerancia”, comenta Marga.

Es habitual que cuando una mujer se casa, a los pocos meses reciba la misma pregunta: cuándo va a ser madre. La presión cultural para ser madre es indudable y asfixiante. “En realidad es normal, pues procrear es lo que durante siglos ha garantizado la continuidad de la especie. Pero vivimos un momento en el que podemos decidir ser padres o no, si hacerlo con alguien o no, y lo nunca visto en siglos: se puede escoger hasta el momento. Nunca la elección de ser padres fue más libre. Pero el modelo cultural que heredamos no está acostumbrado a esta libertad. Es muy difícil saber si escoges la maternidad porque quieres o porque crees que debes. Tan difícil que igual no merece la pena comerse mucho el tarro pensándolo, porque al final lo que tendrá que hacer una es apechugar con la decisión que haya tomado”, explica Durá.

La mencionada presión impuesta a las mujeres para ser madres va más allá. Existe el miedo a expresar en alto la duda de querer o no ser madre y la realidad indica que en muchas ocasiones se tilda de egoísta a la mujer que afirma no querer serlo. ¿Por qué se asume que una mujer que no es madre es peor que la que sí lo es o lo desea? “Te diría que porque la gente es imbécil y tiene demasiado tiempo libre que invertir juzgando a los demás. Ser madre, absurdamente, te recubre de una pátina de buenismo, te hace parecer un ser angelical, cuando simplemente eres una mujer que copuló sin preservativo y, como miles de otras, dio a luz. Pero sí es cierto que yo he visto, con pena, que algunas mujeres con hijos esgrimen una superioridad moral sobre las que no los tienen y eso es ridículo. También he visto a no madres sentirse inferiores por ello. Y a otras a las que les importa un comino lo que digan. Pero incluso en estos casos, tienen que tomar otra elección obligadas: si pasar o no, porque alguien ajeno ha opinado sobre sus vidas y ellas han tenido que reaccionar, que es muy diferente a actuar. Pero es normal que ocurra, porque llevamos poco tiempo teniendo libertad para escoger.

La esperanza, como en tantas cosas, está en las generaciones futuras, pero las bases se han de sentar ahora. Hace poco hice una nueva amiga y se interesó por las mías de toda la vida. Me preguntó si estaban casadas o tenían hijos. La pregunta me dejó fuera de juego, le respondí que algunas sí y otras no, pero que no era una cuestión relevante para nosotras. Hubiera entendido que me preguntara por su trabajo, los viajes que habían hecho o sus aficiones, pero para mí el hecho de ser madre o no no puede definir a ninguna mujer”, asegura Marga Durá. La periodista afirma en su libro que su llamada a la maternidad fue afónica. ¿Cómo se recibe la maternidad cuando esta no formaba parte de tus sueños? “Yo hice una especie de acto de fe, el cuerpo no me pedía ser madre y la mente se quedó atrapada intentando responder a la cuestión como el relojito de Windows.

El problema de no llevar toda la vida soñando con ello es que no tienes ni idea de cómo será y de cómo te sentirás. Y, al principio, eso resultó duro, no me veía en el papel y no entendía por qué el resto de mujeres sí (o eso me parecía a mí). En cambio, creo que con el tiempo ha sido positivo. Al no tener expectativas, me he podido dejar sorprender. El problema de la mitificación de la maternidad es que violenta la intimidad: no solo se crea un ideal de cómo debes comportarte, sino de cómo debes sentirte. Y parece que nadie se atreva a cuestionarlo, por lo que si no encajas en el retrato robot que se ha trazado, te sientes rara. Por suerte, cada vez hay más mujeres que lo están cuestionando”.

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Samantha Villar habló de difícil que es ser madre y de cómo la sociedad se empeña en pintar el embarazo y la maternidad como un camino por las nubes. ¿Qué opina ella? “Hay como una iconografía llena de embarazadas sonrientes, que no dicen palabras malsonantes, que acarician dulcemente su barriga y sueñan con los angelitos, y dudo que esté basada en hechos reales o, al menos, en la mayoría de las embarazadas. Y luego vienen todas esas tonterías de si una mujer está más guapa o no cuando está embarazada. ¡Siempre la belleza como moneda de cambio para situar a las mujeres en los espacios sociales! Cuando una mujer no sufre ese advenimiento de dulzura edulcorada maternal, se siente mal por ello. Y si encima se pasa nueve meses siendo un detritus, porque se encuentra fatal, es como para ver el embarazo como una película de terror japonés. Está muy bien que algunas mujeres reivindiquen que están embarazadas pero no enfermas. La fragilidad femenina permite actitudes paternalistas. Pero eso no debería ir en detrimento de las que viven el embarazo como una tortura de nueve meses”, explica Marga.

Precisamente la sinceridad con la que Samantha Villar habló de la maternidad fue la causante de que muchos la tildaran de mala madre… “Durante siglos era lo peor que se le podía decir a una mujer. Y es que no te librabas de ser madre, porque no era mala a secas, así como una mujer fatal, no, eras mala madre, que tenía mucho menos glamour y mucha más inquina. Varias voces, entre ellas el club de las malas madres, han conseguido apropiarse el término para hablar de las madres que no son perfectas, que no hornean galletas para sus churumbeles y que no tienen como ideal de vida sacrificarse innecesariamente por sus hijos”, comenta Marga. Khloé Kardashian está siendo muy criticada por no dar el pecho a su hija. “Existe el estigma de la lactancia... Ese es un tema muy complejo. Una especialista me dijo que después de la política y del fútbol era el tema sobre el que la gente opinaba más. Y es así. Además, como se habla tanto, crea muchas expectativas y la madre se monta un plan en su cabecita de cómo será, cuánto tiempo le dará o no le dará pecho, qué sentirá... Y no tiene ni idea de lo que puede ocurrir, pero seguro que alguien encuentra alguna forma de decirle que lo está haciendo mal”, explica Marga.

También existe el estigma de salir de casa sin tu hijo al poco tiempo de dar a luz. Kylie Jenner y Soraya Arnelas son algunas de las que han sido criticadas por ir a un festival o salir a cenar tras ser madres, algo que no les ocurre a los hombres. “Los padres modernos 'eligen' estar al lado de sus hijos, cambiarles los pañales o acompañarles al médico. Y reciben palmaditas en la espalda, porque, desgraciadamente, no todos lo hacen. Yo aún no he visto a nadie que diga: “¡Qué buena madre que es, va a buscar a su hijo al colegio todos los días!”. Y sin embargo, he oído esa frase dedicada a algunos padres. La diferencia con las madres es esa: ellos eligen. ¿Qué pasaría si una madre con un padre que ha 'elegido' ocuparse a ratos del niño 'eligiera' no cambiarle los pañales? El resultado sería bastante pestilente, pero eso, en la mayoría de los casos, no ocurre. Por suerte, cada vez son más los hombres que comparten la crianza de los hijos, pero yo no creo que haya que lanzar cohetes por ello. Esto es como cuando un hombre barre la casa y se dice “ayuda mucho a su mujer”. No: lo que hace es cumplir con su obligación. Cuando el hecho de que un padre ejerza como tal no resulte digno de alabanza ni excepcional nos acercaremos a una sociedad más justa. También se ha de reconocer que algunas madres crean dinámicas con su hijo excluyentes para con el padre. Pero aún así, pondría la mano en el fuego que no son tantas como padres que 'eligen' cuándo les va bien ejercer de tal”, concluye Marga.

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