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ENCUESTA EL PUEBLO MÁS BONITO DE ESPAÑA

Ochagavía: escápate a este pueblo del Pirineo navarro y triunfa con tus fotos en Instagram

Lo tiene todo: un casco urbano de quitar el hipo, precedido por un pintoresco puente medieval, un paisaje bucólico de montañas y bosques, y un encanto norteño y pirenaico muy particular

Foto: Ochagavía está en el valle de Salazar, un paisaje idílico. (Foto: Instagram Turismo de Navarra/@moralex7)
Ochagavía está en el valle de Salazar, un paisaje idílico. (Foto: Instagram Turismo de Navarra/@moralex7)

Navarra está llena de pueblos preciosos de los que presumir en redes sociales, vaya por delante. Ujué, Olite, Elizondo, Puente la Reina... y Ochagavía, que es a donde nos hemos venido hoy. Un refugio en el valle pirenaico de Salazar junto a ese bosque mágico y tan animado como el de Fernández Florez que se llama Irati, al que tienes que ir sí o sí. Otsagabia (en euskera) es un pueblo de postal. Por sus casas, su puente, sus calles, su paisaje y todo su encanto. Y por ello, con todo estos méritos, queda incluido entre nuestros candidatos a ser el pueblo más bonito de España en la encuesta de Vanitatis, como Frigiliana, Mojácar, Trujillo, Combarro o Ribadesella. ¿Le votarás? Echa un vistazo y verás.

1. Un pueblo de montaña y mucho más

Es noble y señorial como el que más, de casas blasonadas y edificios con mucho brío a la orillita del río Anduña, que le da aún más sex appeal –permítasenos el exceso–, con un soberbio puente medieval de los que hay que cruzar y entre montañas. Ochagavía es un pueblo monumental en los Pirineos, concretamente el navarro, de esos que te abren las alas para después invitarte a tumbarte a la bartola, asomarte al ancho horizonte, ponerte un vinito y leer (por ejemplo).

Así es Ochagavía (Foto: Archivo de Turismo 'Reyno de Navarra')
Así es Ochagavía (Foto: Archivo de Turismo 'Reyno de Navarra')

2. Un escenario muy Instagram (o Pinterest)

Como cuando se va camino del Mulhacén y se ve Capileira a lo lejos blanqueando como hace la cal con las paredes el paisaje, Ochagavía da cuerpo al Pirineo navarro, tan bien puesta y tan bellamente ataviada: calles empedradas, su caserío a los dos lados de la ribera, tejados empinados de teja plana a dos o cuatro aguas, portalones, crucero del XVI, iglesia de piedra con robusta y enhiesta torre… Y además se baila (antiquísimas danzas), en especial cuando llegan las fiestas del 8 de septiembre. Desenfundarás la cámara fotográfica (o el móvil) casi sin darte cuenta.

3. Entre cumbres y frondosos bosques

Ochagavía está a 764 metros de altitud en el extremo más septentrional del valle pirenaico de Salazar, al noroeste de Navarra. Esto significa que está rodeado de altas cumbres y de frondosos bosques, sobre todo de hayas. Como ya hemos dicho, con río. O ríos: el Zatoya y el Anduña, que forman aquí el Salazar. Y casi ya en Francia.

4. Palaciego y aristocrático

Más allá del patrimonio natural, está el arquitectónico, encabezado por la iglesia de San Juan Evangelista (con retablo renacentista y otras riquezas) y por el santuario de Nuestra Señora de Muskilda, ermita románica del XII situada a cuatro kilómetros del pueblo en el monte del mismo nombre y a más de 1.000 metros. Porque Ochagavía es una villa histórica, que fue la capital del valle; hoy lo es Ezcároz. Ahí están los palacios medievales de Iriarte, Urrutia y Donamaría y las casas blasonadas de los siglos XVIII y XIX.

Ochagavía, su crucero, su verde, sus casas. (Foto: Archivo Turismo 'Reyno de Navarra')
Ochagavía, su crucero, su verde, sus casas. (Foto: Archivo Turismo 'Reyno de Navarra')

5. La magia de Irati

Un bosque animado al que se llega siguiendo el cauce del río Zatoya y tras recorrer 24 kilómetros desde Ochagavía. Nada más internarte en esta espesura te darás cuenta de que esto es otro mundo. Es uno de los hayedos mejor conservados de Europa. Y junto a las hayas, los abetos. De esos bosques en los que a uno le gusta perderse, poblados de hadas y de trasgos, y verdes a rabiar.

Es enorme (17.000 hectáreas), pero solo una parte está protegida (238), las correspondientes a las reservas de Lizardoia, Mendilatz y Tristuibartea. Te parecerá un paraíso de fábula, salpicado de arroyos y cascadas; embellecido aún más por el embalse de Irabia, donde se miran al espejo las hayas, y cruzado por tentadores senderos, uno de los cuales se llama 'de los sentidos'. Sin duda, la selva mágica: aquí te encontrarás con Basajaun, el señor del bosque, el Yeti vasco; este es su reino. Lo mejor es verla en otoño.

Monte Ori. (Ayuntamiento de Ochagavía)
Monte Ori. (Ayuntamiento de Ochagavía)

6. Para conquistar un dos mil

El más occidental del Pirineo. Desde este valle salacenco se puede alcanzar la cima del pico de Ori, de 2.021 metros, la montaña que es santo y seña del lugar, sin que para ello haya que ser un Oiarzabal: en tan solo una hora desde el aparcamiento situado en lo alto de Larrau. Ni que decir tiene que las vistas de la selva de Irati y alrededores desde estas alturas son de quitar el hipo. En días claros se puede ver el Moncayo, el mar Cantábrico, el Midi d’Ossau (casi ya un tres mil, 2.885 metros) y hasta Pau, la capital del departamento de los Pirineos Atlánticos, en la región de Aquitania. Y con imaginación a Ori, la diosa de los genios de la Naturaleza, o al ya citado Basajaun.

7. Y puestos a andar…

También se pueden hacer otras rutas de senderismo, como son la del barranco de Otsate, Ogachavía-Udi-Jaurrieta-Ezcároz o la que lleva a Isaba. Patear los otros pueblos del valle de Salazar, Esparza y Ezcároz, o los vecinos valles de Roncal, el del queso, y Aezkoa. O acercarse, para rizar el rizo, a las gargantas profundas de Kakueta (un desfiladero de 4,5 kilómetros) y el cañón de Holtzarte, en la vecina Francia. En temporada, se puede esquiar. En el corazón de Irati, en las pistas de esquí de fondo de Abodi-Salazar. Hay cuatro recorridos con una longitud total de casi 30 kilómetros, a los que se accede desde la antigua aduana de Pikatua, en la carretera de Larrau, a 13,5 kilómetros de Ochagavía.

9. Las cosas del comer

Hablamos de migas (de pan seco), de ciervo, jabalí y hasta paloma, de cordero lechal y de trucha a la navarra, de los perretxicos (setas) en primavera y hongos en otoño, y de cuajada, queso de Roncal o pacharán para terminar. Kixkia es una asador con todas las de la ley, donde se sirve chuletón a la brasa y donde el sumiller Mikel Ciberio te pone a mano los mejores caldos.

El hotel rural Besaro, tan navarro.
El hotel rural Besaro, tan navarro.

10. Un paraíso... también del turismo rural

En Ochagavía y alrededores hay casas y hoteles rurales para aburrir, aunque sean justamente para lo contrario, alzadas según la arquitectura tradicional. Está el hotel rural Besaro, que es una casa pirenaica recién remodelada (desde 80 euros); la casa rural Mantxoalorra (un fin de semana para cuatro, 120 euros) o Txalastaso, una vivienda típica de estilo pireinaico, pero con home cinema y otros lujos de hoy (desde 30 euros por persona y noche, para ocho).

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