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enCUESTA 'el pueblo más bonito de españa'

Puebla de Sanabria: ocho razones para viajar a este pueblo de Zamora (una es el lago)

Tal vez ibas de cabeza a bañarte en uno de los lagos glaciares mejor conservados de Europa, pero no olvides que a su vera se alza este pueblo imponente de castillo y casas solariegas

Foto: Así son las calles de Puebla de Sanabria. (Foto: Nacho Gay)
Así son las calles de Puebla de Sanabria. (Foto: Nacho Gay)

Porque sea verano no hay que poner necesariamente rumbo al mar, ni solo soñar con hacerse un hueco en primera línea de playa por libre o en beach club. También se puede viajar hacia el interior y fantasear con pedalear en un mítico patín hasta dar con un rincón idílico en el mayor lago glaciar de España, o sea, en el lago de Sanabria, para recrearse luego en Puebla de Sanabria, nuestro destino, que es un pueblo precioso, conservado (y cuidado) a la perfección, lleno de rincones de los que fardar en Instagram y con muchas muchas flores. Por todo ello (y más) pasa directamente a engrosar nuestra lista de los pueblos más bonitos de España, junto a Frigiliana, Combarro, Altea, Ribadesella, Trujillo o Tarifa. ¿Le votarás? No olvides que publicaremos nuestra encuesta en diciembre. Nos vemos en Zamora, que, como Teruel, también existe. Estas son ocho razones para ir.

1. En un cruce de caminos. En tiempos hizo las delicias del estratega militar de turno y ahora hace las nuestras. Roza Portugal, que siempre es una tentación, coquetea con la sinigual Galicia y está en la tan románica (y romántica) Zamora, del lado de León. Para colmo lo escoltan imponentes montañas: ahí está la sierra de la Culebra.

Puebla de Sanabria es bonito lo mires por donde lo mires. (Foto: N.G.)
Puebla de Sanabria es bonito lo mires por donde lo mires. (Foto: N.G.)

2. Se rueda. Es como La Alberca (Salamanca), Albarracín (Teruel) o Pals (Gerona), un escenario de película. Un villa amurallada con su arrabal, modelada por los ríos Tera y Castro, con forma de espigón, cuyo casco viejo está protegidísimo y con razón: es conjunto histórico-artístico. ¿Echas de menos el mar? Emociónate, porque estarás a casi 1.000 metros sobre su nivel.

3. Turismo callejero. Puebla, como la llaman los de allí, hay que patearla: sus calles lo merecen. Esto es arquitectura tradicional con mayúsculas: casas blasonadas, con balcones, galerías de madera y tejados de pizarra, una iglesia con dos fachadas (la de Nuestra Señora del Azogue, la flamante patrona) y un ayuntamiento de doble arcada con torreones, como ningún otro. Por no hablar del castillo de los condes de Benavente (siglo XV), con unas vistas de la comarca que son como él, majestuosas; un puente levadizo y una torre del homenaje, interior y exenta, a la que llaman la torre del Macho. Tuvo que ser una fortaleza inexpugnable. La conquistarás.

4. Un río para disfrutar. El Tera es de esos ríos vividos. Tiene paseo fluvial de cinco kilómetros de longitud, en el barrio de San Francisco; tiene zona deportiva, de baño y recreo, La Chopera; tiene licencia para la pesca, en tiempos de veda, y tiene un islote. De todo un poco. Nos recuerda a 'El Jarama', no al río, que también, sino a la novela de Sánchez Ferlosio: un día de campo en un caluroso domingo de verano. ¿Te suena?

El río Tera hace aún más bello Puebla de Sanabria. (Foto: N.G.)
El río Tera hace aún más bello Puebla de Sanabria. (Foto: N.G.)

5. Y ¡un lago! No hay nada como ver un lago nada más despertar. Este, ya lo decíamos, es el mayor de los lagos glaciares de la Península Ibérica, con sus 9 kilómetros de perímetro y 51 metros de profundidad. Y no solo eso, sino que es uno de los mejor conservados de Europa, abrazado por tejos, acebos y robles, habitado por lobos y con aguas cristalinas. Para saberlo todo de él, lo mejor es pasarse por la Casa del Parque del Lago de Sanabria y Alrededores. Quien dice lago dice lagunas, pozas, cañones y cascadas. Un paraíso.

A la arquitectura tradicional intacta hay que sumarle las flores. (N.G.)
A la arquitectura tradicional intacta hay que sumarle las flores. (N.G.)

6. Por los alrededores. Hay que recorrerse las orillas del lago hasta llegar a Ribadelago el Viejo, que aún conserva construcciones típicas sanabresas, las que por fortuna se salvaron de la gran riada de los años cincuenta, o hasta San Martín de Castañeda, que es muy Instagram; y aventurarse por alguna de las rutas del parque, la del cañón del río Cárdena y el pico del Fraile, la de los Monjes o la que te llevará a la cueva de San Martín.

7. Una estación de tren románica. La estación de Puebla, que se comenzó a construir en los felices años veinte, no está dentro del casco viejo, sino fuera y le sobra misterio, hecha como está de grandes sillares de piedra y amplios tejados de pizarra de varias vertientes, para el más literario de los viajes, en la línea Madrid-Galicia o en la de Puebla-Orense, por ejemplo.

8. Dormir en un edificio con solera. El Treixas (C/San Bernardo, 11) no es un hotel rural al uso, sino que tiene mucho de boutique y con un trato de lo más personalizado. Se aloja en un antiguo convento cisterciense del siglo XIV y ofrece, además de sus seis habitaciones, un spa privado con tratamientos antiedad y antiestrés, y un restaurante, El Tejo, con jardines colgantes para que el ambiente te resulte envolvente (y hasta babilónico). ¿La comida? Mucho plato (bendito) de la tierra. Habones de Sanabria con almejas o estofado de ternera con arroz perfumado de hongos y trufa. En ese plan...

Así es el spa del hotel Treixas.
Así es el spa del hotel Treixas.

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