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Probamos los beneficios del 'running' sin gravedad

De pequeña nunca quise ser astronauta, pero la gravedad cero siempre ha despertado en mí cierta curiosidad. Voy a Reebok Club a probar la Alter G.

Foto: Probamos los beneficios del 'running' sin gravedad

De pequeña nunca quise ser astronauta, pero la gravedad cero siempre ha despertado en mí cierta curiosidad. Tras probar la experiencia de correr sobre una cinta con gravedad extrema, me acerco a Reebok Sports Club para probar Alter G. Se trata de la adaptación de la máquina que utilizan los astronautas de la NASA para preparar sus viajes espaciales. ¿Una experiencia digna del Apolo XIII pero con final feliz y con leggings en lugar de trajes espaciales? ¡Me apunto!

Deportistas como Rafa Nadal o Pau Gasol han utilizado esta máquina para recuperarse de sus lesiones, pero no solo es útil para los deportistas lesionados. Este tapiz rodante antigravedad es perfecto para prepararnos para una carrera especial (que no espacial), para personas con sobrepeso o para aquellos a los que el running no les gusta en exceso (y este es mi caso). La razón es que podemos correr sin impacto, pues nuestro peso se reduce entre un 20 y un 80%. En una carrera normal, el impacto del pie con el suelo es el doble del peso corporal, por lo que el estado de ingravidez minimiza con creces este impacto. Yo probé todos los niveles, así que a continuación os contaré cómo es correr en el espacio.

Antes de meterme dentro de la Alter G, me pongo unos pantalones especiales de neopreno. Ya en la cinta, me cubro hasta la cintura con una estructura que se llena de aire y se encierra al vacío. Me siento como Maria Antonieta con un miriñaque vanguardista. Es curioso sentir diferentes niveles de gravedad entre la parte superior, carente de estructura alguna, y la inferior del cuerpo. Empiezo con un 20% menos de mi peso, modulable a través de la máquina, mientras ando.

Comienzo a correr y subo la velocidad hasta llegar a 8, la que habitualmente uso en la cinta de correr normal. Sigo bajando el peso, y me doy cuenta de que el nivel 8, ese que para mí es un tope claro, es muy fácil de mantener gracias a la falta de gravedad. Como una niña, comienzo a subir la velocidad mientras bajo el peso hasta el tope, el 20% de mi peso, y consigo correr con tranquilidad hasta el nivel 12. ¡Me siento un Usain Bolt con tinte rubio! El monitor me explica que antes de una carrera, si se entrena durante unos meses con la Alter G, acostumbras al sistema a adaptarse a este nivel, por lo que a la hora de correr en el día señalado, podemos correr mucho más rápido de lo que podríamos sin haber pasado por este tapiz rodante antigravedad. Otro beneficio es la mejora de la técnica. Al "pesar menos", el talón no tiene contacto con el suelo. Poco a poco, nos acostumbraremos a correr con esta técnica, y tras un tiempo, lograremos entrenar en terreno normal como si nos encontráramos dentro de la Alter G.

Imagen: Alter G
Imagen: Alter G
Estuve exactamente 26 minutos sobre la cinta a gran velocidad, y os aseguro que nunca había corrido tan rápido cansándome tan poco. El efecto de la supravelocidad permite trabajar a una velocidad superior a la habitual con menor fatiga del sistema neuromuscular. Por supuesto, pregunto al monitor si quemaría más calorías en la Alter G que en una cinta normal. "En realidad, si corremos a una misma velocidad durante el mismo tiempo en ambas máquinas, quemaríamos más en la cinta habitual. La magia de Alter G es que puedes correr mucho más rápido de lo que estás acostumbrado, por lo que terminarás quemando más calorías". Gracias a la presión del aire contenido, el impacto es menor, por lo que las articulaciones no sufren y podemos mejorar la capacidad aeróbica. Puesto que hay una carga menor, estilizamos el cuerpo.

Pregunté con miedo el precio de las sesiones (esta máquina tiene un precio elevado y temía tener que pedir un crédito para experimentar el universo ajeno a la gravedad), pero la respuesta fue una sorpresa. En Reebok Sports Club, cada sesión cuesta 11 euros, mientras que el bono de 10 sesiones es de 85 euros. Desde luego, es mucho más asequible que un viaje al espacio, ¿no?

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