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El lugar en el que te sientas en el restaurante puede hacerte ganar peso

Brian Wansink ama el McDonald´s, pero lleva toda la vida estudiando las razones por las que comemos de más. ¿Acaso no importa lo que comemos, sino cuánto comemos? ¿Puede ser el entorno en el que lo hacemos el culpable de que nuestra dieta no funcione?

Foto: El lugar en el que te sientas en el restaurante puede hacerte ganar peso

Entra en un restaurante de luz tenue y comprueba con ternura que su marido ha reservado mesa en un rincón apartado, junto al piano. Se sienta con una amplia sonrisa en la cara, aparta la servilleta de un inmaculado plato blanco y observa con cariño a su amado. Aunque la estampa es realmente romántica, cuidado con la sonata de los violines: en esta cita hay numerosos ingredientes dispuestos a hacerle ganar unos kilos.

Brian Wansink lleva toda su vida analizando las razones por las que comemos más de lo que debemos. En la Universidad de Cornell, Wansink distingue dos agentes que entran en juego cuando comemos. El entorno en el que lo hacemos (en el que participan la iluminación o la distancia a la que están los alimentos de los comensales) y las circunstancias de la comida (el tamaño y la forma de los platos o cómo se presenta la comida). “El siglo XIX se llamó 'el siglo de la higiene'. El siglo XX, el de la medicina. El actual se llamará el de la conducta. La medicina no para de hacer descubrimientos que luchan contra las enfermedades, pero cambiar nuestro comportamiento a largo plazo es esencial para mejorar nuestra salud y nuestra calidad de vida”, afirma. "Tenemos que poner atención plena en lo que hacemos, por lo que cuando comemos no tenemos que estar pendientes del teléfono, de la televisión, de un libro... Hay que tener cuidado con el entorno y lo que nos rodea, porque nos impide conectar con nuestra sensación de hambre. Incluso comer rápido es un problema que puede hacer que ganemos peso, porque despistamos a nuestro sensor de saciedad", nos explica Enrique Escauriaza, coach en alimentación consciente y profesor de yoga y meditación Sivananda. 

Este profesor de Cornell University afirma que no comemos en exceso por tener hambre, sino por culpa de los olores, del tamaño de los platos y de la distancia respecto a la comida. De hecho, este profesor cree que la comida orgánica es una pérdida de dinero. “En realidad, sería genial que supiéramos controlarnos al comer, pero la mayoría de nosotros no podemos cortar un guisante por la mitad, probarlo y preguntarnos a nosotros mismos si nos hemos llenado”, afirma Wansink. “Trabajamos durante toda la jornada y cuando llegamos a casa, los niños están corriendo a nuestro alrededor. Al final, es más fácil cambiar el entorno que la comida”. De hecho, él toma seis sodas al día y lleva a sus hijos a McDonald´s los domingos. No cree que existan calorías buenas ni calorías malas. No importa lo que comemos, sino cuánto comemos.

El lugar en el que nos sentamos en un restaurante, según sus estudios, importa. Estar en una mesa situada en el centro del restaurante elegido puede hacer que cojas algún kilo indeseado.

• La gente que se sienta cerca de las ventanas pide ensalada un 80% de veces más que el resto.

• Los lugares situados cerca de la barra son aquellos de los que proceden los mayores pedidos de postres. En concreto, hay un 73% más de posibilidades de sucumbir.

• Los restaurantes con luz potente y música suave son en los que se consumen menos calorías.

• Los platos blancos pueden boicotear tu dieta. Al servir por ejemplo arroz en estos platos, tendemos a poner mucha más cantidad que si estos son de colores.

• Como era de esperar, comer con palillos nos empuja a comer menos.

• El tamaño importa… cuando hablamos de platos. La gente se sirve un 22% más de comida cuando el plato es grande.

• Las mesas altas y las sillas elevadas hacen a los clientes estar más rectos, por lo que tienden a pedir pollo o marisco en lugar de alimentos como costillas, según Wansink.

• Pedir ensalada puede ir en nuestra contra si realmente lo hacemos para frenar un deseo. “Muchas personas tienden a pensar que se pueden pedir un postre porque han pedido una ensalada”, aclara Wansink.

• "La monocromía nos hace comer menos", cuenta Enrique Escauriaza a Vanitatis. "Los bufés de los hoteles, por ejemplo, tienen alimentos de decenas de colores, lo que nos impulsa a comer más. De hecho, si pusiéramos un plato con Lacasitos de un único color, comeríamos muchos menos que si tuviéramos dulces de diferentes colores", puntualiza.

• Si cenamos en un bufé, es conveniente examinar las opciones antes de elegir. Según sus estudios, las tres primeras opciones con las que nos topamos son las que terminan por ocupar el 70% de nuestro plato, y estas no son necesariamente las más saludables. Si nos sentamos de espaldas al bufé evitaremos comer en exceso. Tras un minucioso estudio llevado a cabo en el 2008, Wansink contó sus hallazgos al dueño de una cadena de 63 bufés chinos a lo largo de Pensilvania. Tras cambiar los cubiertos por palillos, poner platos más pequeños y ponerlos en un lugar en el que los clientes tuvieran que recorrer todo el restaurante para alcanzarlos y poner biombos para que la gente no viera el bufé mientras comía, cada restaurante ahorró unos 30.000 euros anuales.

Imagen: Jason Wu
Imagen: Jason Wu

Brian Wansink da algunos consejos extra para no ganar peso:

Planea tus snacks. Prepara aperitivos sanos y ricos en fibra para tomarlos a lo largo del día. 

Escribe un diario con lo que comes. Detalla todo lo que comes y apunta qué ocurrió cuando sentiste el impulso de comer. No te obsesiones con las calorías.

Come despacio. Saborea cada bocado y para de comer para beber agua. De esta forma, daremos más tiempo al cerebro para darnos cuenta de si está satisfecho o si necesita comer más.

• Come con atención. Nada de hacerlo delante de la televisión o del ordenador. No serás consciente de cuánto comes.   

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