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Leonor Greyl, la asturiana que conquistó París hace 50 años

Una visionaria, una adelantada a su tiempo, una española que revolucionó el mundo de la cosmética capilar natural. Nos citamos con ella en París. Aquí, su historia de éxito

Foto: Leonor Greyl y su marido Jean-Marie en una imagen del álbum familiar. (Cortesía)
Leonor Greyl y su marido Jean-Marie en una imagen del álbum familiar. (Cortesía)

Mayo del 68 fue algo más que una oleada de protestas sociales que tuvieron lugar en París. Para Leonor Greyl (87 años) la fecha cobra un sentido especial: “Fue el mes y el año en que mi marido y yo abrimos nuestro centro de tratamientos capilares en la Place de la Trinité”. Esta entrañable abuela de origen asturiano, menuda y pizpireta, todavía se emociona al recordar el esfuerzo que hubieron de poner su marido y ella para sacar adelante su firma de cuidados para el cabello. Una marca que hoy, 50 años después, está considerada como todo un referente de la cosmética natural para el pelo.

La ‘revolución’ particular del matrimonio Greyl en aquel mayo del 68 nació fruto de las inquietudes que esta española tenía en torno a los productos de belleza y de cuidado del cabello y de la afición de su esposo Jean-Marie, ingeniero de formación, por el mundo de la botánica. “La idea de crear una línea de cosméticos elaborados con ingredientes naturales resultó innovadora; apenas teníamos competencia y el éxito fue inmediato”, explica Leonor quien ha convocado a periodistas de medio mundo para festejar el 50 aniversario de su firma homónima.

Leonor se mueve con destreza por la suite del parisino Hôtel de Pourtalès, situado en las inmediaciones de la iglesia de la Madeleine, atendiendo a todos y cada uno de sus invitados. Ni siquiera su edad le resulta un impedimento para dar el do de pecho en una jornada de entrevistas maratoniana. Por el rabillo del ojo la sigue de cerca su hija Caroline, actual presidenta de la marca y responsable de la expansión internacional de la misma. “Mi marido y yo siempre fuimos reacios a comercializar los productos que utilizábamos en nuestro centro de tratamientos capilares, pero fue ella quien se encargó de dar a conocer nuestra marca fuera de París”, sostiene Leonor.

La fachada del instituto de tratamientos capilares de Leonor Greyl en Paris. (Cortesía)
La fachada del instituto de tratamientos capilares de Leonor Greyl en Paris. (Cortesía)

Un posicionamiento de la marca que la ha convertido en la favorita de Meghan Markle, Madonna, Kim Kardashian o la modelo internacional Natalia Vodianova, entre otras. Esta última, por ejemplo, suele dejarse caer con frecuencia por el único salón que la firma posee en la parisina rue Tronchet. Un centro al que suele acudir para someterse al tratamiento estrella de la casa: el ritual de cuidado personalizado del cabello. Un protocolo que se mantiene desde los inicios de Leonor Greyl y que devuelve a cualquier cabello a la vida aportándole volumen y exuberancia. Un spa capilar para el que no hace falta ir a París. En Madrid, Maison Eduardo Sánchez dispone de una cabina dotada con toda la tecnología 'made in' Leonor Greyl.

Este ritual nació fruto de una inquietud (casi) autodidacta de Leonor quien, durante algunos años, trabajó como asistente de un médico en la clínica de su cuñado Jacques Courtin-Clarins, entonces germen de la actual Clarins. “Por aquella consulta pasaba mucha gente afectada por la caída del cabello. Muchos salían de aquel despacho desolados porque aquellos doctores y enfermeras les decían que estaban condenados a quedarse calvos. Yo procuraba animarles y decirles que con algunos cuidados específicos era posible poner freno a la alopecia”, explica.

Tras descubrir que sus tratamientos y improvisadas sesiones de ‘coaching’ surtían efecto entre algunos de los clientes de la clínica de su cuñado, Leonor decidió emprender su aventura empresarial en solitario. “A pesar de que abandoné Clarins para lanzar mi propia marca, siempre conté con el apoyo de mi cuñado y mi hermana Mari Luz”, recuerda emocionada. “Ambos fueron muy generosos conmigo puesto que me dieron trabajo cuando llegué exiliada a París con 20 años”, explica.

Autodidacta

Fue entonces cuando Leonor, la bajita y simpática española encargada de asistir a algunos de los médicos capilares de Clarins, emprende de la mano de su marido. “Jean-Marie es un hombre excepcional del cual sigo muy enamorada”, dice entre risas. “Él me ayudó a crear las fórmulas magistrales de aquellos productos que yo tenía en mi cabeza”.

Cuenta que en los albores de su firma, Jean-Marie convirtió su casa en un laboratorio. La revolución llegó de la mano de su Huile de Germe de Blé, un aceite pensado para equilibrar el cuero cabelludo graso elaborado a base de extracto de trigo y aguacate que, aún hoy, se utiliza como base en algunos de los tratamientos de su instituto. Este fue el primero de una larga nómina de productos ‘bio’ formulados hace más de 40 años. Un tándem empresarial y matrimonial que se antaño sentó las bases de la cosmética ecológica tan valorada en nuestros días.

Imagen de una campaña publicitaria del Huile de Germe de Blé de 1968. (Cortesía)
Imagen de una campaña publicitaria del Huile de Germe de Blé de 1968. (Cortesía)

“Descubrí que mis clientes utilizaban productos muy agresivos para lavar y cuidar su pelo; de ahí los altos índices de cabellos grasos de la época”, argumenta. Aunque no todo acaba ahí. En 1971, llegaría otro de los grandes hits de la casa. Su Huile de Palme, un aceite pensado para proteger el cuero cabelludo, y que rompió moldes entre la prensa especializada en el sector de la época. “Una editora de belleza vino al salón, se sometió a uno de mis tratamientos y su crítica fue tan favorable que nuestro trabajo se fue extendiendo por el boca a boca en toda la ciudad”, recuerda.

Imagen de la edición limitada del Huile Secret de Beauté con motivo del 50 aniversario de la firma Leonor Greyl. (Cortesía)
Imagen de la edición limitada del Huile Secret de Beauté con motivo del 50 aniversario de la firma Leonor Greyl. (Cortesía)

Tras estos llegarían el aceite Régénérescence Naturelle, elaborado a base de borraja, mimosa, geranio, limón y lavanda, capaz de fortalecer el cabello y favorecer su crecimiento; su Huile de Magnolia, pensado para la piel y capaz de sublimar el bronceado; o su Huile Secret de Beauté, una creación original para cuerpo y cabello elaborado a base de jazmín y tiaré. Probablemente, uno de los más aclamados por los expertos.

Aceites esenciales, extractos de flores, complejos vitamínicos… La mezcla de todos estos compuestos nació fruto de una idea. “Lancé esta marca porque descubrí que no había champús elaborados con productos naturales. Yo no tenía estudios, pero mi marido siempre supo plasmar lo que quería desde la honestidad y el respeto por los compuestos ecológicos”, dice.

Una honestidad y una pasión que aún hoy conserva la heredera de este emporio de productos capilares unisex. De hecho, Caroline insiste mucho en estos dos conceptos que, asegura, le han transmitido sus padres desde que empezó a interesarse en el negocio familiar. Formada en comercio y marketing internacional, repite una historia de vida, trabajo y amor similar a la de sus progenitores. Su marido Tom es ingeniero químico y, al igual que su suegro, ejercer con tal en Leonor Greyl. Una empresa con un capital humano de 50 empleados cuya dueña empezó poco a poco.

Algunos de los superventas de la marca Leonor Greyl en una imagen de los años 80. (Cortesía)
Algunos de los superventas de la marca Leonor Greyl en una imagen de los años 80. (Cortesía)

“Nunca creí llegar donde he llegado. Cuando salí de España después de la guerra, le pedía a Dios que me diera un poco de pan para tener algo que comer. Hoy le pido que no me lo dé, porque engorda”, sentencia. Una lección de vida traducida en el esfuerzo y en la dedicación de esta española que hace 50 se lanzó a la conquista de París. En su personalísimo y exitoso mayo del 68.

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