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Día Mundial Sin Tabaco

Lo que el tabaco te puede hacer: de las arrugas y la piel apagada al cáncer de labios

Además de ser letal para la salud, nos hace parecer más viejos ya que acelera el envejecimiento de la piel, pero la cosa no queda ahí. El pelo, los dientes y las uñas también lo notan

Foto: Día Mundial Sin Tabaco. (Unsplash)
Día Mundial Sin Tabaco. (Unsplash)

A diario luchamos contra la falta de hidratación, los agresiones externas como los rayos solares o la polución y tenemos muy identificados a los radicales libres como los malos del cuento. Sin embargo, el tabaco es otro personaje que puede estar acelerando el proceso de envejecimiento de nuestra piel, tanto si fumamos como si somos fumadores pasivos.

La sequedad de la piel y del cabello es tan solo uno de los daños colaterales más fáciles de identificar, y para observar estos cambios, basta con estar expuesto de forma habitual al humo del tabaco. Además, la deshidratación de la piel y del cabello es desencadenante de la temprana aparición de arrugas de una y de la fragilidad de las puntas del otro.

El tabaco, un enemigo. (Unsplash)
El tabaco, un enemigo. (Unsplash)


Al fumar introducimos en nuestro organismo cosas tan bonitas como alquitrán (relacionado con el desarrollo de cáncer), monóxido de carbono (aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares), nicotina (culpable de la adicción) y sustancias irritantes (responsables de enfermedades respiratorias).

Su presencia en nuestro cuerpo no solo daña gravemente nuestra salud, sino que también afecta al aspecto de nuestra piel favoreciendo la aparición de arrugas o la falta de luminosidad, entre otras lindezas; a nuestro cabello, pudiendo contribuir a su caída, y también a las uñas, con el amarillamiento consecuencia del alquitrán.

Tu piel tampoco quiere que fumes. (Unsplash)
Tu piel tampoco quiere que fumes. (Unsplash)

¿Cómo afecta a piel?

Sí, no es un rumor: fumar no solo adelanta la aparición de arrugas, sino que contribuye a que sean más profundas, estrechas y estén mucho más concentradas. Con un simple vistazo a las arrugas del contorno de ojos de un fumador se puede apreciar a las popularmente conocidas como ‘patas de gallo’, mucho más concentradas que las de una persona no fumadora.

Kate Hudson. (Cordon Press)
Kate Hudson. (Cordon Press)

El mayor número de radicales libres altera el equilibrio entre la elastasa, regulador de la membrana celular, lo que, según apunta el Dr. José Vicente Lajo-Plaza, “provoca la ruptura de las fibras elásticas de la piel y disminuye la producción de colágeno”. Como consecuencia directa de esta falta de colágeno, la piel pierde hidratación, volumen y tersura, lo que contribuye a la formación de arrugas.

Camino Olmedo, experta en cosmética y piel de Laboratorios Phergal, también nos asegura que, además de causar arrugas más marcadas, una de las zonas que más afectadas se ve es precisamente el contorno de los labios, donde se concentran más arrugas y de mayor profundidad.

Además, Lajo-Plaza también señala al monóxido de carbono del humo como otro culpable de que las células no cumplan con sus funciones, ya que la presencia de este gas en nuestro organismo restringe la capacidad de transporte de oxígeno por la sangre dificultando que llegue a la piel.

Otro obstáculo que se encuentran las células de los fumadores es la vasoconstricción y la consiguiente disminución de la circulación periférica, esta vez por otro ingrediente del tabaco, la nicotina.

Vale, fumar hace que tengamos más arrugas, pero ese no es el único rasgo de la edad que contribuye a envejecer nuestra piel. La proliferación de las manchas también es una consecuencia directa de la exposición al dióxido de nitrógeno y a altos niveles de ozono. Por tanto, perdemos el tono homogéneo de nuestro cutis y también su luminosidad. Desde Laboratorios Phergal apuntan a que este envejecimiento prematuro de la piel se traduce en deshidratación y tono apagado, siendo este el causante de esa pérdida de luminosidad. Pero ahí no queda la cosa porque el tabaco también puede hacer que aparezcan manchas alrededor de los dedos.

Tanto si fumas como si no lo haces

Aunque la incidencia del tabaco en nuestra piel está directa y proporcionalmente relacionada con el grado de consumo, según publicó Just-Saboré en la revista de la Academia Española de Dermatología (AEDV), el humo del tabaco también incide en los fumadores pasivos, las personas que se encuentran en un ámbito de fumadores y están expuestos al humo del tabaco.

La piel, muy sensible al tabaco. (Unsplash)
La piel, muy sensible al tabaco. (Unsplash)

La Fundación Piel Sana de la AEDV ponía como ejemplo: “En una fiesta con gran cantidad de fumadores, la piel es atacada por 10.001.014 radicales libres y el sistema de autodefensa queda totalmente superado”. Los radicales libres entorpecen el correcto funcionamiento de las células, el llamado estrés oxidativo, que acelera el envejecimiento de la piel. Evidentemente no nos pasamos todos los días en fiestas cargadas de tabaco, pero ayuda a imaginarse de forma gráfica el impacto de estas toxinas.

La farmacéutica Meritxell Martí apunta además a la suciedad del humo del tabaco sobre la piel: “Puede aumentar la probabilidad de padecer psoriasis y eczemas, del mismo modo a fumadores pasivos que a los fumadores”. Esta incidencia del humo del tabaco varía en función del tiempo que se esté expuesto.

¡Sorpresa! El cabello también se resiente

Del mismo modo que en la piel afecta, fumar puede repercutir directamente en la salud del cabello, favoreciendo, entre otras cosas, su caída. Meritxell Martí asegura que, como consecuencia de la vasoconstricción que genera la nicotina, ni el oxígeno ni los nutrientes llegan a los folículos capilares, lo que puede destruirlos.

A tu pelo tampoco le sienta bien fumar. (Unsplash)
A tu pelo tampoco le sienta bien fumar. (Unsplash)

Además de la caída, el cabello también pierde luminosidad y se reseca como consecuencia del consumo del tabaco y del contacto con su humo. Las puntas se vuelven más quebradizas y el cabello se ve apagado.

Hablemos del cáncer de labios

Tanto el calor que desprende el cigarrillo como los compuestos químicos del papel, entre los que destacan los cancerígenos benzopirenos, aumentan las posibilidades de desarrollar un cáncer de labios. Desde la AEDV también señalan a la exposición al sol como el otro gran factor condicionante.

Tus labios también se resienten. (Unsplash)
Tus labios también se resienten. (Unsplash)

Cómo combatir los daños del tabaco

Por supuesto, lo primero, más importante y efectivo es dejar de fumar de inmediato. Otro aspecto altamente útil es llevar una dieta equilibrada rica en antioxidantes, concretamente en vitamina C, según nos explica Meritxell Martí. La clorofila, presente en los vegetales de hoja verde, así como alimentos que contengan flavonoides.

La farmacéutica también señala la importancia de limpiar adecuadamente la piel y recomienda el uso de espumas de limpieza: “Un fumador solo con agua micelar no se limpia bien la piel”, señala la farmacéutica, que también aconseja las emulsiones al ser ricas en aceites esenciales.

Tampoco hay que olvidarse de exfoliar la piel dos veces por semana para eliminar las células muertas y estimular la renovación cutánea. Otro truco de Martí es recurrir a mascarillas elaboradas con ingredientes como por ejemplo el yogur, probiótico capaz de mejorar las defensas de la piel.

Desde Laboratorios Phergal, además de seguir una adecuada limpieza, recomiendan hidratación, aparte de complementar estas prácticas con tratamientos específicos antioxidantes y antiedad para los labios, y un cuidado específico para manos.

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