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EL MITO DE LA BELLEZA

Ariana Grande posa sin extensiones: por qué están dañando nuestra autoestima

La cantante ha subido a sus redes sociales una imagen que revela lo que ya sabíamos: que su interminable coleta es fruto de las extensiones. Analizamos el daño que esto hace a la autoestima

Foto: Ariana Grande. (Getty)
Ariana Grande. (Getty)

Si tuviéramos que definir físicamente a Ariana Grande, posiblemente hablaríamos de una mujer bajita que suele llevar botas mosqueteras, sudaderas oversize a modo de vestido, eyeliner marcado y una majestuosa e interminable coleta alta. Sin embargo, la cantante ha posado en sus redes sociales mostrando su cabello rizado natural, mucho más corto que el que muestra diariamente en actuaciones y eventos, y ha asegurado que todos los que de verdad la conocen están más que acostumbrados a verla sin extensiones. Aunque muchos seguidores animan a Ariana a deshacerse de artificios, es más que probable que la cantante se aferre a su imagen de Lolita pop imposible y deje su cabello real para la intimidad de su casa. ¿Cuál es el problema de que cada día seamos bombardeados con decenas de imágenes de famosas con melenas extralargas? Que tanto artificio acaba por mermar nuestra autoestima.

Michelle Obama ya se reveló en contra de los dictámenes de belleza capilares al dejar atrás sus interminables sesiones para alisarse el cabello y presumir por fin de su pelo real. Con este gesto quiso hacer saber al mundo que son muchas las mujeres afroamericanas que se alisan el cabello para poder desenvolverse con normalidad en el mundo laboral, un suplicio que la ex primera dama quiere derrocar. Aunque Jennifer Lopez se acaba de cortar el pelo, todos sabemos que en tres días volverá a lucir un melenón kilométrico que hará que pensemos que nuestro corte bob, aunque esté de moda, nos sabe de repente a poco.

Blanca Suárez. (Instagram)
Blanca Suárez. (Instagram)

Blanca Suárez ha bromeado en sus redes sociales con el volumen de melena que tenía en su último rodaje. “Y ahora, me siento sola.... Echo de menos la magia de mi melena… Sí, llevaba colgado todo eso”, señala la actriz en un storie en el que posa agarrando sus extensiones. Del mismo modo que las famosas han perdido el miedo a enseñar al mundo que utilizan ropa moldeadora, ahora las celebrities e influencers confiesan usar extensiones, y por supuesto esta noticia es digna de ser celebrada. Por fin comprendemos cómo es posible que las famosas siempre tengan melenones dignos de editorial de moda y que muchas de nosotras no seamos tan afortunadas.


Ya sabemos que las extensiones han de ser utilizadas con precaución y con mesura para evitar males mayores. Naomi Campbell es tan solo una de las famosas que han sufrido los estragos de abusar de su uso, mas no es de extrañar que enganchen: cuando te acostumbras a verte de cierta forma, prescindir de esa ayuda extra resulta complicado. Las redes sociales han hecho que nos hayamos acostumbrado a pestañas imposibles, pieles sin poros y melenas de cine. Cada vez es más habitual ir por la calle y toparte con decenas de mujeres que llevan pestañas postizas XL (algunas con restos de pegamento de por medio, porque al fin y al cabo no todos tenemos a un maquillador profesional encargándose diariamente de acicalarnos) y melenas hiperlargas cuyas extensiones son dolorosamente visibles. Aunque todos sabemos que hay trampa, la aceptamos, la asimilamos y cambiamos de esta forma los parámetros de belleza.

El problema viene ahora: por más que sepamos que sus melenas no son reales, por más que Kylie Jenner haya mostrado al mundo su armario de pelucas y aunque las Kardashian en su reality pasen de tener un melenón hasta las rodillas a un corte bob de la comida a la cena, al mirarnos en el espejo podemos sentir que nos falta algo. Al ser sometidas a tal aluvión de imágenes prefabricadas, perdemos la noción de lo que es real. Aunque sabemos que sus melenas tienen truco, acabamos normalizando el artificio y sintiéndonos por ello mal cuando nos enfrentamos a nuestra realidad. Lo verdaderamente empoderador sería ver a las celebrities llevar sus vestidos sin fajas y posar sin extensiones y poder así por fin sentirnos más cercanos a unas mujeres a las que la sociedad obliga a parecer perfectas para poder formar parte de la industria. Si alguien quiere vender la imagen de realidad, sin duda alguna la mejor forma de hacerlo es no recurrir a trampas.

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