Psicocosmética: ¿pueden las cremas regular nuestro estado de ánimo?
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DUDAS Y PREGUNTAS

Psicocosmética: ¿pueden las cremas regular nuestro estado de ánimo?

No es lo mismo sentir placer que impactar en las emociones, pero existen marcas cosméticas que aseguran hacernos felices. Varios expertos nos cuentan hasta dónde son capaces de llegar

Foto: Tu mundo beauty. (Jess Harper para Unsplash)
Tu mundo beauty. (Jess Harper para Unsplash)

Todo aquello que nos hace sentir mejor y que conecta con un término de moda, el 'autocuidado', cobra más sentido que nunca a raíz de la pandemia, que nos ha dejado el ánimo por los suelos. De ahí que hoy se hable tanto de psicocosmética para referirse a las cremas que, más allá de alcanzar la piel, la conectan con el cerebro con la intención de aportarnos emociones positivas: alegría, relax, energía y buen rollo. Y como consecuencia, al sentirnos felices, la piel tendría un beneficio añadido al de su fórmula, porque ya se sabe que la dicha nos hace estar más guapos y tener mejor piel.

Foto: Nataliya Melnychut para Unsplash.


Esto se consigue a través de aromas, texturas y colores sensoriales capaces de frenar el cortisol, la hormona del estrés, o impulsar las endorfinas, las de la felicidad. ¿Ilusión o realidad? Una investigación realizada por la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (STANPA) confirma que los consumidores de cosméticos aseguran tener mayor salud emocional, además de dermatológica, y sufren menos estrés y depresión cuanto más cuidan su aspecto: el 67% de los heavy users o usuarios recurrentes están más satisfechos con su vida. Cuenta Pilar Guerra, psicóloga clínica, que “el cerebro está interconectado con el resto del cuerpo, no se puede disociar. El olfato, el tacto o la vista son sentidos que se estimulan cuando olemos, tocamos o miramos algún cosmético, segregamos hormonas que envían al cerebro emociones positivas. La psicocosmética se convierte así en un mundo de sensaciones que van más allá de tan solo hidratarnos o mejorar algún aspecto de la piel. Una crema dentro de un envase cuidado nos hace adentrarnos en la estética y el detalle, generando una respuesta similar a la que podemos tener ante una obra de arte. Las llamadas hormonas de la felicidad, las endorfinas, se estimulan cuando el envase, la textura y el olor de un cosmético han sido cuidadosamente diseñados.

placeholder Por la cosmética hacia la felicidad. (Imaxtree)
Por la cosmética hacia la felicidad. (Imaxtree)

Más allá de la propuesta de consumo, la también llamada neurocosmética está comprometida con la creación de diseños que encierran fórmulas magistrales con ingredientes psicoactivos, encargados de activar nuestros sentidos, a través del cerebro. Pero, cuidado, porque placer y emoción no es lo mismo. La psicóloga recalca que es importante diferenciar entre emociones profundas y perdurables y aquellas superficiales y pasajeras. “No debemos hiperpsicologizar las emociones de la misma manera. El autocuidado está dentro de las decenas de tareas que ejecutamos durante el día y la emoción de utilizar un producto de belleza conlleva algo placentero, pero no nos proporciona una emoción profunda”. Coincide la psiquiatra Rosa Molina, que cree que la cosmética emocional sí mejora el estado de bienestar, pero de una manera indirecta y no tanto a nivel neuronal.

Cremas para quererse más

¿Es una crema capaz de subirnos la autoestima? Al parecer, la puede reforzar, pero tiene que haber una buena base. “Existe el efecto de primacía al aplicarla relacionado con el alto valor reforzante que producen las cosas cuando se usan por primera vez. Esto lleva a una emoción muy intensa no perdurable en el tiempo, ya que pasado este el factor novedad desaparece, el producto pierde valor y con ello la emoción se normaliza”, añade Pilar Guerra. El clásico subidón al comprar un bolso nuevo que decae con la misma rapidez cuando deja de ser eso, nuevo. Es como el pensar que un arreglo estético puede aumentar dicha autoestima, refuerza Rosa Molina. “Esta es algo más nuclear, se construye desde los primeros años de vida y es lógico que no pueda modificarse de una manera radical en base solo a un retoque”, apunta.

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En realidad, dicen los psicólogos, todo es parte del autocuidado: una crema o perfume sensorial, un rato de deporte, meditación, etc. Pero, mantenidos en el tiempo, la suma de estos gestos podría crear verdaderos cambios a nivel profundo. “El autocuidado tiene numerosos efectos positivos, desde prevenir enfermedades a reforzar la autoestima y relaciones sociales, nos aporta mejor estado de ánimo y más energía. En definitiva, aumenta nuestra calidad de vida”, señala la psicóloga. Sin embargo, más allá del placer de mimarnos, hay compañías que aseguran reproducir el efecto de la oxitocina en el cerebro, a corto y largo plazo. Es el caso de Vytrus, creadora de Kannabia Sense, activo que se distribuye entre marcas y laboratorios. Cuenta con ensayos in vitro (con cultivos celulares) y clínicos con voluntarios. Desde la casa explican que un cosmético no entra en sangre, porque sería un fármaco, pero el efecto estimulante de las áreas de placer del cerebro funciona a través de una vía indirecta piel-cerebro mediante aplicación tópica. “Nuestro ingrediente es un prebiótico derivado de células madre del cannabis, pero sin moléculas psicotrópicas; al aplicarlo sobre la piel, su microbiota sintetiza el ingrediente, se alimenta con él y secreta una sustancia, un posbiótico que activa la oxitocina a través de los queratinocitos y neuronas sensoriales. Es decir, se activa el placer”. Para demostrar las áreas de activación cerebral, la compañía utiliza imágenes de resonancia magnética funcional.

Aromas y colores que nos dan 'subidón'

Según algunos manuales de extractos vegetales, la lavanda es un antídoto contra la tristeza, ayuda a disminuir las tensiones y favorece el sueño; el romero potencia la calma y disminuye la confusión mental; la naranja, el limón, la mandarina y el eucalipto fomentan la energía y la creatividad; la menta disminuye el pesimismo y la citronela disminuye la nostalgia. También los colores nos hacen reaccionar: los oscuros están relacionados con la tristeza, el amarillo estimula el sistema nervioso y agiliza las funciones ejecutivas del cerebro, el naranja proporciona energía, el azul tiene que ver con la calma (por eso se utiliza en hospitales); el verde equilibra, el rosa induce a la positividad y el blanco tranquiliza.

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