La cosmética water-free es la nueva apuesta sostenible
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HIDRATACIÓN PARA EL PLANETA

La cosmética water-free es la nueva apuesta sostenible

Cambiar el agua por aceite, polvo o bálsamos en la fórmula se ha puesto de moda, ya que el líquido elemental se ha convertido en un recurso escaso

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Foto: Unsplash.

Ya sabemos que el agua es un bien escaso: menos del 1% en todo el planeta es potable y 748 millones de personas no tienen acceso a ella, así que sobran los motivos para que nos concienciemos y apostemos por una gestión responsable. Si hablamos de cosmética, la industria está adoptando medidas, pero todavía muchas marcas emplean miles de litros para fabricar sus productos.

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Además, para que nos hagamos una idea, una crema puede contener un 80% del líquido elemento, y un champú o gel, un 90%. Pero el agua no es la única base posible: hay otras opciones como el aceite, el polvo sólido o los bálsamos. Así que, más allá de los gestos diarios para reducir el consumo de H20 como apagar el grifo cuando no hace falta, elegir cremas con una base anhidra se convierte en una alternativa más sostenible. Si leemos la etiqueta de cualquier cosmético, el código INCI o listado de ingredientes de mayor a menor nos da la pista de la cantidad de agua, porque aparece en primer lugar. Ante tal derroche hídrico era lógico que la cosmética water-free se convirtiera en tendencia.

Más eco, pero no siempre más saludable

¿Pero en qué consiste? ¿Es igual de efectiva? Mar Sieira, farmacéutica y CEO de la firma Sarah Becquer, así lo cree. “A la ventaja medioambiental también hay que sumarle beneficios para la salud de la piel, ya que estos productos, al ser muy concentrados, reducen al mínimo los conservantes en sus fórmulas. El agua es un ingrediente base que se contamina muy fácilmente y se convierte en caldo de cultivo de bacterias y otros microorganismos. Esto hace que la presencia de conservantes sea esencial en este tipo de fórmulas pero estos, que destruyen las bacterias y hongos, además de afectar a la microbiota de la piel, pueden, en algunos casos, provocar efectos adversos como irritaciones o alergias”, advierte.

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Foto: Linus Nylund para Unsplash.

Para el doctor en nanomedicina y formulador Arturo Álvarez-Bautista, el decantarse o no por el agua no es tanto una elección como una necesidad. “Va a depender de la estabilidad y solubilidad de los principios activos en las diferentes fases; el agua vehiculiza mejor muchos principios activos, pero a su vez los aceites y muchos cuerpos grasos favorecen la entrada a través del estrato córneo por afinidad lipídica, así que hay que tener en cuenta el todo. Como ejemplo, el retinol es una molécula liposoluble, o sea, le gusta el aceite, pero es más efectivo un retinol en base cremigel, crema o emulsión que en aceite, porque penetra mejor”. Respecto a si la cosmética water-free es más natural y segura, el formulador no está de acuerdo. “El agua es el medio de crecimiento del 95% de los microorganismos, y a priori, cuanto más contenido acuoso tenga un producto, más conservantes necesitará. Los bálsamos estrictos por lo general no necesitan ningún tipo de conservante y con añadirles una vitamina E que hace función antioxidante y principio activo al mismo tiempo es suficiente. Pero natural no es ni más seguro, ni más sano, incluso puede resultar menos exacto. Si existe un sistema conservante y un challenge test al producto (el cual permite conocer la eficacia de los conservantes incluidos en una fórmula), tienes la certeza de que no va a crecer nada inoportuno; si no lo hay, no la tienes”, concluye.

Alta densidad

La alternativa al agua puede ser el aceite, que en el caso de las fórmulas de Sarah Becquer son aceites vegetales de tacto seco, y en el de la firma Lush, muy concienciada con el planeta, son mantecas, pastillas o barritas de masaje. ¿Y no estaremos hablando de texturas demasiado densas y no aptas para pieles grasas? Mar Sieira lo tacha de mito. Para la farmacéutica, si el aceite es de calidad y ligero, no comedogénico, ayuda incluso a regular la producción de sebo y reduce el ácné. “Creo que no hay que centrarse tanto en las texturas como en los activos”, aconseja. Otra cuestión importante es partir del hecho de que cada producto pide o no la base de agua, dice Arturo Álvarez-Bautista, y no es la tendencia o moda la que marca la elección.

Foto: Ficha una crema hidratante no grasa para mimar tu rostro. (Instagram @biotherm)

“Cuando formulamos en condiciones anhidras es porque no hay más remedio. Si todos los principios activos son solubles en aceite se hará un bálsamo o un aceite cosmético, si son solubles en agua saldrá un gel o cremigel, si hay mezcla nacerá una emulsión. Es cuando no hay más tutía que meter sustancias que odian el agua en un aceite cuando se formula en condiciones anhidras, porque se trata de fórmulas más complejas”, termina.

Champú al mango para cabello seco en versión sólida, de Klorane. El hueso del mango es rico en ácidos grasos con propiedades nutritivas y protectoras. Este producto ahorra un 98% de agua (a la venta por 8,95 euros).

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Klorane.
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Firming Oil de Sarah Becquer, el primer retinol corporal reafirmante en aceite seco, reforzado con un complejo emoliente y antioxidante (a la venta por 90 euros).

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Sarah Becquer.

Seanik Champú Sólido, de Lush. Contiene sal marina y limón para conseguir un extra de volumen y brillo (A la venta por 9,95 euros).

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Lush.


Bálsamo Limpiador Aromático de Darphin. Su base de aceite al palo de rosa limpia las impurezas sin irritar ni engrasar la piel. En contacto con el agua el bálsamo adquiere una textura de leche (a la venta por 37,49 euros).

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Darphin.
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