La piel de 'la Criatura' inspirada en el Kintsugi japonés y otros detalles beauty de 'Frankenstein'
El monstruo más famoso como nunca antes lo habíamos observado. El Frankenstein de Guillermo del Toro no solo va de prótesis, es un compendio de influencias japonesas, estética victoriana y colorimetría
Cuando te sientas frente a una película del director de cine mexicano, sabes por adelantado que te vas a encontrar con una estética oscura salpicada de brochazos de color muy intencionados.
Su versión de ‘Frankenstein’, con la que llevaba obsesionado desde hacía 30 años, por supuesto que iba a contar con todos los elementos característicos del sello ‘del Toro’; sin embargo, en el plano estético, una de las especialidades en las que más dedicación deposita el director, este Prometeo se ha llenado de matices que merecen una beauty review.
El propio Guillermo del Toro confesaba que con esta adaptación quería dar un paso más allá, “quería que se viera como una película antigua hecha en la época dorada de Hollywood”, para lo que se utilizaron decorados enormes, localizaciones grandiosas, atrezo gigante y un vestuario complejo.
El color como personaje extra
La diseñadora de vestuario, Kate Hawley, se apoya en el uso del color para identificar los personajes femeninos (rojo para la madre de Victor Frankenstein y verde para Elizabeth, ambas interpretadas por Mia Goth), pero a la vez, para elaborar el vestuario masculino, toma como referencia al bailarín ruso Rudolf Nureyev, “me encantaba la grandeza que lo rodeaba y la irreverencia con la que vestía”, señala la diseñadora de vestuario.
Ese cuidado minucioso en el uso del color, que pasa de madre a hijo tras la muerte esta y se instala en el vestuario del doctor Frankenstein, “ese rojo brota en Victor, a través de este pañuelo y, posteriormente, los guantes que lleva mientras diseña la criatura”, como señala Irene Rodríguez (La Guía Vintage en Instagram); no se queda en el vestuario, también se refleja en el maquillaje.
Los tonos azules grisáceos y ámbares profundos que actúan de filtro cromático durante toda la película que, como explica Dan Laustsen, su director de fotografía, se crearon al colocar filtros sobre los focos que se encontraban fuera de los decorados de la película, se ven también en las pieles de los protagonistas.
El color frío, entre matices blanquecinos, azules y grises de la piel de la criatura (interpretada por un Jacob Elordi), frente los tonos cálidos y aterciopelados de la tez de Elizabeth.
Influencia japonesa
La criatura, interpretada por Jacob Elordi, en el Frankenstein de Guillermo del Toro está muy lejos de ser cualquier otro monstruo previo. Ni es frío, ni es insensible, ni es verde, ni lleva electrodos (nunca fueron tornillos) y la explicación la da Mike Hill, responsable del diseño de maquillaje y experto en prótesis: “Victor Frankenstein no es un carnicero, él intenta hacer al hombre perfecto”.
Para lograrlo, recorta y ensambla las mejores partes del cuerpo de diferentes hombres congelados en el campo de batalla de la Guerra de Crimea. Construye una anatomía perfecta, “la criatura es un 'monstruo hermoso' cosido con los cadáveres mutilados”, reitera Hill.
Para señalar todas esas partes que encajaban como un puzzle en la criatura, Jacob Elordi se sometía a 6 horas de maquillaje para tan solo recrear el rostro de la criatura con sus correspondientes 14 prótesis y hasta 11 horas cuando se trataba del maquillaje de todo el cuerpo, cuando el número de prótesis ascendía a 42.
Estas piezas de cadáveres mutilados se resaltan en la criatura a través del Kintsugi, una técnica de reparación de cerámica japonesa en la que, en vez de ocultar las grietas (cicatrices) de la fractura, esas se realzan con pintura de dorada. En el caso de la criatura de Frankenstein, cada prótesis está resaltada no con costurones sino con surcos, cicatrices que no resultan grotescas.
Incide Guillermo del Toro que no quería que la criatura fuera un monstruo, “quería que fuera una estatua de mármol”. Como si el David de Miguel Ángel se tratara, precisamente ese es el tono de la piel de la criatura, marmóreo, color del frío cadáver.
Además de en el maquillaje, la presencia de la cultura japonesa la encontramos también en los movimientos de la criatura. Jacob Elordi se inspiró en la danza Butoh para recrear los desplazamientos animales, repetitivos, primitivos, de los primeros pasos de la criatura, a los que sumó los movimientos inocentes de su Golden Retriever.
Melenas victorianas
La época vitoriana en la que se ambienta la película se plasma en los escenarios o el vestuario, pero para construir la narrativa desde el plano de la belleza, al igual que el maquillaje de pieles desnudas y mejillas sonrosadas y labios carnosos y enrojecidos característico del momento histórico que apreciamos, por ejemplo en el personaje de Elizabeth, el cabello también juega un papel determinante.
Comenzando por el personaje femenino, aunque en casi todas las escenas aparece con el pelo recogido y la cabeza cubierta por velos o impresionantes tocados cascada de plumas, también hay momentos en los que Elizabeth se muestra con el cabello suelto -algo que solo se podía hacer en la intimidad del dormitorio ya que se consideraba algo demasiado sensual. Es entonces es cuando “podemos ver un reflejo victoriano en la longitud del pelo de Elizabeth”, como precisa Irene Rodríguez.
En la era victoriana, llevar el cabello tan largo era no solo símbolo de feminidad, sino también indicaba cierto estatus social, pues su mantenimiento suponía un coste elevado tan por los productos utilizados para cuidarlo como por la asistencia para tareas tan sencillas como cepillarlo.
La emperatriz Sissi, que vivió en el mismo periodo, tenía a sueldo a Fanny Feifalik, la única persona que podía lavar y peinar su cabello.
Y, mientras el cabello de Elizabeth es un reflejo de su época y un elemento más de la belleza, el pelo de ‘la criatura’ es otra metáfora de la evolución del personaje. Al ser creada a golpe de bisturí y electricidad, la criatura parte de una cabeza sin pelo, pero poco a poco, su cabello va creciendo.
Al principio vemos pelusilla infantil que pasa a un cabello corto… Pero según se va enfrentando a la vida, sobreviviendo y descubriendo los pesares de esta, su cabello continúa creciendo hasta terminar en una melena larga, siguiendo la descripción de la propia Mary Shelley en la novela. Un pelo, el de la criatura de un negro lustroso y muy abundante.
Las referencias al arte se dispersan a lo largo de toda la película. La gargantilla de escarabajos azules de Elizabeth (una pieza de 1914 de los archivos de Tiffany’s), el guiño a ‘La Creación de Adán’ del techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, la cabeza de Medusa de Caravaggio, las costuras de la espalda del vestido de Elizabeth como paralelismo con la columna pronunciada de ‘la criatura’... La advertencia de Netflix de que “la inspiración del director provenía del arte, no de la ciencia” se convierte en la apisonadora sinfonía estética durante la película.
Guillermo del Toro quería que comprendiéramos que ‘la criatura’ no era el monstruo y, cincelando a base de prótesis el cuerpo de Jacob Elordi, ha convertido a Prometeo en David.
Cuando te sientas frente a una película del director de cine mexicano, sabes por adelantado que te vas a encontrar con una estética oscura salpicada de brochazos de color muy intencionados.