La reina Victoria inventó el maquillaje de cara lavada y las rutinas de skincare hace más de un siglo y aún seguimos sus normas
Su impronta en la cultura británica le valió el nombre a un periodo histórico, pero su influencia también caló en el mundo de la belleza, tanto que aun a día de hoy, seguimos sus mandatos
Pasará a la historia como la reina de la austeridad y puede que sean sus retratos de rostro severo los que estén guardados en tu retina. Sin embargo, a la reina Victoria de Inglaterra le debemos mucho más, concretamente un regreso al minimalismo estético y a la naturalidad que frenó los excesos de épocas pasadas.
“Ella era una mujer de agua y jabón, un marcado contraste con la generación pintada y empolvada de sus tíos de Hannover”, apunta el escritor Andrew Norman Wilson en el libro 'Victoria: A Life', sin olvidar los excesos de la corte francesa con Maria Antonieta, su rostro blanquecino, sus mejillas rosadas y sus decenas de pelucas...
La reina Victoria murió hace 125 años (el 22 de enero de 1901), pero fue la primera mujer en pedirle al maquillaje que fuera invisible porque, aunque renegaba de los rostros maquillados de las actrices, no verás ningún retrato suyo sin rubor en las mejillas e incluso sobre sus primeras fotografías planea la duda de un primitivo Photoshop .
La época victoriana se convirtió en el perfecto escenario para las argucias beauty. Si maquillarse era amoral, el skincare debía ser el gran aliado, de modo que la piel reluciera de salud. La reina Victoria se lavaba el rostro con agua infusionada con camomila, quizá un precedente de los tónicos que utilizamos a día de hoy y le daba lustre a su tez con una cold cream (con cera extraída del cráneo de una ballena).
Status 'cara lavada'
En sus diarios originales, conservados en los archivos reales, la monarca sentenciaba su doctrina beauty con frases como "amo ser bastante sencilla... me disgusta todo lo que sea llamativo y ostentoso". Defendía la piel al natural, sin artificios, sin labios pintados.
“La brújula moral de Victoria se reflejaba en su rostro; consideraba los cosméticos como una forma de engaño, una vanidad que no tenía lugar en un hogar cristiano”, precisa Andrew Norman Wilson. Esa es precisamente la imagen que tenemos de su reinado, aunque no se debe única y exclusivamente al ideario de la Reina, también respondía al momento histórico.
En el poema ‘Angel in the house’ (un ángel en casa) de Coventry Patmore, se describía así a la mujer ideal: “los ángeles, como sabemos, no suelen usar maquillaje. Así que es ese tipo tan concreto, tal como Dios te creó”. A la Reina se le atribuye la calificación del maquillaje como algo descortés y propio de actores y prostitutas.
Las actrices se maquillaban para subir al escenario y que sus rostros resultaran más expresivos, pero esta no era una profesión respetable en el siglo XIX y se asemejaba o entraba en la misma clasificación que la prostitución. Pero el prejuicio del maquillaje no quedaba ahí.
Maquillaje, sinónimo de prostitución y sífilis
El maquillaje también era un recurso para maquillar los rostros enfermos, las llagas o los sarpullidos y en ese periodo, la sífilis era una de las enfermedades más extendida. Apunta la historiadora especializada en sexo Kate Lister que la sífilis era en la época una gran preocupación para el gobierno británico, ya que estaba desatada en el ejército y, para frenar su expansión, introdujeron la Ley de Enfermedades Contagiosas de 1864 que se aplicó en algunas ciudades con guarniciones militares del Reino Unido.
“Esta legislación significaba que cualquier mujer sospechosa de ser trabajadora sexual podía ser detenida por la fuerza y obligada a someterse a un examen genital para averiguar si padecía o no una enfermedad venérea. Si se negaba a dicho examen, podía ser encarcelada hasta por un año”, puntualiza la historiadora en la serie documental 'La oscura verdad detrás de la mentira de la "belleza natural" en la era victoriana', la maquilladora británica Lisa Eldridge entrevistó a farmacéuticas e historiadoras especializadas en el periodo para desenmarañar la formulación de los cosméticos de la época.
Usar maquillaje se convertía, por tanto, en un verdadero riesgo, ya que se identificaba con la prostitución. La mala fama del maquillaje se desató entonces, pero apunta Kate Lister, que señalar el maquillaje iba más allá de la identificación con el sexo, usarlo significaba “ser vista y ser visible”, en una época en la que las mujeres debían ser invisibles y quedarse en su casa, "un look con mucho maquillaje te hace destacar. No es recatado y no es discreto", señala la historiadora, a lo que la maquilladora apuntilla “las mujeres fuertes siempre han entendido el poder del maquillaje".
Volviendo a la estética impuesta por la reina Victoria, la mala fama del maquillaje y los riesgos que acarreaba chocaba de frente con esa idea de rostros impolutos, sin imperfecciones, luminosos y sonrosados que se esperaba de las mujeres. La belleza no era baladí, para las mujeres de la época era el pasaporte para lograr una vida acomodada (al encontrar un buen marido).
"Lo que estaba en juego era muchísimo, porque había una especie de trasfondo que decía: 'mira, si no eres lo suficientemente guapa, no conseguirás marido'. Así que, en cierto sentido, sacar lo mejor de ti misma -lo que significaba poner una gran cantidad de artificio para parecer lo más natural posible- era, en realidad, una tarea económica muy importante que tenías que llevar a cabo", matiza Lisa Eldridge.
Había que usar maquillaje, pero había que hacerlo de tal modo que no se notara, una práctica que incluso la propia reina Victoria llevaba a cabo. Basta con ver sus retratos con un ojo profesional para apreciar algunos elementos.
Analizando publicaciones de la época como el libro 'The Art of Beauty' de Mary Eliza Haweis (1878), 'The Ugly-Girl Papers; or, Hints for the Toilet' de S.D. Powers (1874) -una serie de artículos de belleza y consejos para mujeres publicados originalmente en la revista Harper's Bazar a finales del siglo XIX- o las revistas mensuales, plagadas de anuncios, columnas y artículos sobre maquillaje, se encuentran los trucos de maquillaje más efectivos e imperceptibles.
"Pero lo extraordinario era que todavía había muchísima información disponible al respecto. Lo que encuentras a partir de 1850 en adelante es una verdadera avalancha de revistas dirigidas a mujeres de clase media y clase baja. Estas revistas mensuales tenían muchísimos anuncios y, curiosamente, todos tratan sobre maquillaje", señala la profesora Katherine Hughes en el mismo documental.
El tutorial del no-makeup makeup victoriano
Con las fórmulas compartidas en publicaciones como ‘The Ugly-Girl Papers or Hints for the Toilet’, ‘The Englishwoman's Domestic Magazine’ y recetarios de boticarios y farmacéuticos del siglo XIX, podemos aproximarnos mucho a los mejunjes que entonces se utilizaban.
Toda buena rutina comienza por la limpieza. La reina Victoria, ferviente defensora de la higiene personal, lavaba su rostro con agua de manzanilla, creada a partir de flores de manzanilla infusionadas en agua hirviendo y agua de flor de saúco. No es casualidad que los ingredientes tuvieran una doble acción calmante y blanqueante.
Para lograr la tez hidratada, uniforme y luminosa que permitiera prescindir de maquillaje, en las publicaciones de la época se habla de la Cold Cream, una emulsión de agua y grasas que funcionaba como un bálsamo multiusos. Se elaboraba con aceites, agua de rosas y espermaceti procedente de la grasa de la ballena. Sobre la piel, dejaba la hidratación, mucho brillo y luminosidad.
Para aplicar el color de los labios había varias opciones, desde bálsamos labiales elaboradas con cera de abejas, uvas negras y alcaneta, logrando un tinte de color sangre con el que se replicaba la forma de sonrojarse de la piel; hasta papel crepé rojo, humedecido con una esponja y aplicado a toquecitos.
La enfermedad como ideal de belleza
Y, si a la reina de Inglaterra le debemos el primer ‘back to basics’ (regreso a lo simple) del mundo beauty, en la época victoriana también surge la admiración por los rostros enfermos. Son muchos los expertos que mencionan a Consumtive Chic que da nombre al libro de la profesora de historia en la Universidad de Furman (Carolina del Sur, EE. UU.) o el chic tísico. De repente, los síntomas de la tuberculosis, como la tez clara, los ojos vidriosos y las mejillas encendidas por la temperatura, abordaban todos los elementos asociados al ideal de la mujer hermosa.
Resaltar la belleza de una mujer en su lecho de muerte a través de retratos en los que, efectivamente la moribunda parecía maquillada o recurrir a los baños de arsénico para palidecer el tono de la piel eran prácticas habituales en la era victoriana. No sería hasta los 1990 y 2000 que no se volvería encumbrar como estéticamente bello algo peligroso, con el surgimiento del 'heroin chic', la delgadez decadente asociada al consumo de drogas.
125 años después de su muerte, resulta curioso que su defensa de la belleza natural, aderezada con cosmética, sea exactamente el patrón que rige las tendencias de maquillaje actuales. Maquillaje efecto cara lavada, no-makeup makeup, clean look. Parecer natural sin serlo, seguir rutinas de skincare infinitas para que la piel luzca bonita con menos maquillaje... ¿Nos siguen gobernando los valores victorianos?
Pasará a la historia como la reina de la austeridad y puede que sean sus retratos de rostro severo los que estén guardados en tu retina. Sin embargo, a la reina Victoria de Inglaterra le debemos mucho más, concretamente un regreso al minimalismo estético y a la naturalidad que frenó los excesos de épocas pasadas.